Versión original, de Lilianna Lunguiná (Automática)  Traducción de Yulia Dobrovolskaia y José María Muñoz Rovira | por Francisca Pageo

Lilianna Lunguiná | Versión original

Desconocía la existencia de Lilianna Lunguiná hasta que este libro publicado por Automática vino a mis manos. Y qué alegría y regocijo. Qué belleza y sentimientos. Lunguiná fue una traductora al ruso de muchos autores conocidos como Astrid Lindgren, Strindberg, Friedrich Schiller o Boris Vian, por decir algunos. Su labor sería tan reconocida que el director Oleg Dorman haría un documental televisivo en el que su vida y obra serían mostradas, narradas por ella misma, y es de ahí de donde nace este libro, que no es ni más ni menos que la transcripción del documental a esta bella edición. Bella también como Lilianna Lunguiná. Estamos, así, ante un libro que es el fiel retrato de los lugares en los que Lunguiná viviría, sobre todo el de Rusia.

Lunguiná nacería en Rusia en 1920 y moriría en 1998, por lo que viviría todo lo acontecido en Rusia y la Unión Soviética durante casi todos esos años. Casi todos esos años porque desde pequeña hasta su adolescencia no volvería a Rusia, sino que viviría en Palestina, en Francia y en Alemania. Una infancia nómada en la que también cambiaría de colegio como quien se cambia de silla en silla hasta estar en una en la que hallarse cómodo. Así es un poco, también, la vida de Lunguiná durante toda su vida. Leerla hace que nos preguntemos cuál es nuestro lugar, a dónde vamos y de dónde venimos para poder conocernos a nosotros mismos. Lunguiná se conoció a sí misma poco a poco. Nos narra sus vivencias como quien le escribe una carta a un amigo o como quien nos cuenta sus más bellas y trágicas experiencias sin caer en dramatismos ni desesperación. Conocería a algunos de los autores rusos más grandes, como Ajmátova o Alexandr Gálich, y se casaría con el dramaturgo y profesor Sima Lunguín, su querido Sima… A quien no dejaría nunca y a quien amaría por encima de todas las cosas. Tendría dos hijos, que pese a encontrar tarde sus caminos se entrelazarían con el mundo literario y teatral que, como padres, ella y Sima les darían.

Lilianna Lunguiná sería una mujer muy valiente y fuerte. ¿Por qué? Sabría vivir el estalinismo de la mejor manera posible. Pese a sus ideales, pese a la detención y persecución de sus amigos, pese a todo. Más tarde hasta sería investigada por la KGB. Y también interrogada. Pero ella lo sabía llevar muy bien y no se metió en problemas de ninguna índole. Lunguiná tendría muchísima suerte en su vida adulta, de pequeña se sentiría más marginada, más en busca de los demás que de sí misma; pero no desesperó ni tardó mucho tiempo en encontrar gente con la que ser afín, con la que compartir sus habilidades. El antisemitismo iría con ella allá donde fuera, porque Lunguiná provenía de familia judia y Sima y muchos de sus amigos también lo serían. Qué barbaridad tener que estar cambiando siempre de un lugar a otro, pensamos leyéndola. Pienso en esta traductora, en sus palabras. Pienso en cómo vivió todo lo que vivió y no se me ocurre pensar en otra cosa que en la fidelidad, en el amor por las palabras y en la belleza que ella misma profesaba y sentía. Me habría gustado conocerla antes, me digo. Me habría gustado entrevistarla, también me digo. Me habría gustado compartir con ella al menos una sonrisa, vuelvo a decirme. Lunguiná era un ser profundamente humano en el sentido más bueno de esta palabra.

Leamos Versión Original. Leamos esta vida narrada por una de las traductoras más grandes que ha tenido Rusia. Leámoslo porque, ante todo, este libro es un libro sobre la amistad, sobre el amor que Lilianna Lunguiná tendría por sus seres queridos y por cómo ellos, también, lo tendrían con ella.

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