Cuaderno de faros, de Jazmina Barrera (Pepitas de Calabaza) | por Francisca Pageo

Jazmina Barrera | Cuaderno de faros

Cuaderno de faros es un libro de ensayos, pequeños pero grandes, cuyas anotaciones no son más que un collage de palabras, un cuaderno de cuadernos que nos llevan a esas libretas en las que anotamos todo lo que nos atrae y lo que nos obsesiona, como lo son los faros para Jazmina Barrera.

Si algo tenemos claro al leer este libro es que Jazmina Barrera es una contadora de historias. De historias de otros que hace suyas, de historias de faros y de cómo llega a algunos. De hecho, Jazmina posee diversos mapas de faros. Otra cosa clara al leer este libro es el enorme ingenio que Barrera trae consigo. Y, de algún modo, es tan cercano todo lo que cuenta que pareciera que somos sus amigos al leerla. Y no estamos muy lejos, ya que este libro está dedicado a numerosos amigos suyos que la ayudaron en todo este tema “farístico”; la han ayudado a encontrarlos así como a aportarle bibliografía o contarle pequeñas historias.

Jazmina Barrera utiliza el faro como ese vaso comunicante que une a Virginia Woolf consigo misma, así como también a Homero y a Julio Verne y algunos autores más de los que habla en este mundo sobre faros. Los faros y la literatura siempre han estado ligados. Hay toda una narrativa de faros que Jazmina ha sabido ver y estos han sido faros simbólicos para la propia Jazmina, focos de luz que también la han iluminado a ella, a su escritura, a lo que busca en los libros y a lo que representan sus obsesiones. Las obsesiones son las que nos tienen que llevar a la escritura. Son ellas las que dan poder a las palabras, las que unen unas cosas con otras, las que nos hacen estar en sintonía con aquello que de otra manera sería imposible que encontrásemos.

La autora es una viajera que busca faros y los encuentra, allá donde se encuentre y donde sea. Es el propio diario que al final Jazmina escribe en este libro donde percibimos que los faros no son más que una excusa para que Jazmina pueda escribir. La escritura es aquí una consecuencia de la luminosidad propia de la lectura. Escribimos porque leemos, y leemos porque a veces no podemos hacer otra cosa. En la lectura buscamos luces que nos iluminen, que nos hagan ver las luces que nuestras obsesiones nos aportan, lo que nos lleva a querer buscar más y más, como un navegante incansable en el mar, en el rumbo de las mareas y en el de nuestras vidas. Los faros están ahí para que no nos perdamos. Inamovibles. Siempre en un punto exacto. Y somos nosotros los que hemos de llegar hasta él, pues los faros pocas veces vienen a nosotros.

Cuaderno de faros es un ensayo a modo de diario y, también, a modo de confesión. Un ensayo de pequeños apuntes que nos vuelven conscientes de la propia vida, que nos trae a autores que conocemos pero cuyas pequeñas importancias lumínicas quizá no hemos podido ver. Hagamos de Jazmina Barrera nuestra amiga de lecturas. Creo que la importancia de este libro es vital para hacernos ver que nuestras pequeñas obsesiones pueden anclar pequeños ejes de luz en los demás. Al menos, al leer Cuaderno de faros es lo que me ha sucedido. Leerlo me ha dado ganas de escribir. Leerlo me ha dado ganas de ahondar más en esas pequeñas obsesiones que me mantienen viva y a flote. Y, lo mejor de todo, me ha dado ganas de compartirlas. ¿No es eso maravilloso al leer un libro?

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