Daphne du Maurier. Las lentes literales, por Almudena Muñoz

No mires ahora y otros relatos, de Daphne du Maurier (La biblioteca de Carfax) Traducción de Miguel Sanz | por Almudena Muñoz

Daphne du Maurier | No mires ahora y otros relatos

El nombre de Daphne du Maurier parece estar atravesando una segunda juventud, reivindicada por nuevas generaciones que han descubierto los talentos de la autora para el desasosiego más bien a través del papel que de las adaptaciones cinematográficas. Quizá porque, al contrario que otros ejemplos similares de ambientación gótica, como Susan Hill, en la pluma de du Maurier siempre se atisba un trasfondo de farsa que tal vez no se esté tomando en serio ninguno de los tropos de época o misterio que se exponen con tanto descaro. Aspecto en el que, curiosamente, distan las películas basadas en sus historias, siempre mucho más comprometidas con interpretar literalmente su género, tono y figuras sobrenaturales.

Ya un título como No mires ahora luce sin rodeos la intención de la escritora al abordar tantas premisas inquietantes que, bien leídas, nos dejan sin una resolución definitiva o con la expectativa truncada, sin la barandilla reconocible del cuentecillo de terror a medida que vamos descendiéndolo. Porque los viajes de du Maurier siempre son hacia abajo y no hacia arriba, al contrario que su más notorio adaptador, Alfred Hitchcock, a quien le encantaba escalar las psiques y los acontecimientos antes de arrojarlos campanario abajo —o al menos asomar el cogote al precipicio.

No mires, nos dice, o no leas, que para la mayoría también es un acto visual: no leas tal y como el escritor escribe. Tanto las novelas como los cuentos de du Maurier pueden convertirse en una experiencia frustrante si el lector es un fiel ortodoxo del género o si se toma al pie de la letra todo lo que el relato parece ser. Rebeca o Mi prima Rachel son novelas que parecen estrictos tratados victorianos, pero que es mucho más divertido tomarse como despieces de estereotipos literarios femeninos que ya no soportan vivir atrapados dentro de esquemas rancios; mientras que los relatos, como los cinco contenidos en este volumen, parecen metáforas psíquicas que resultan más satisfactorias como imágenes directas.

Desde luego, El manzano sería la figuración del asco que un hombre siente hacia su aburrida mujer; El estanque es un coming of age revestido de fantasía eduardiana, y Las lentes azules, un proto-episodio de Black Mirror que proyecta la sumisión de una ciega sobre una sociedad zoomórfica (y estos son los tres cuentos que me parecen remarcables de la antología). Pero, dejando todo lo obvio y lo que muestra la página, ¿y si fuesen literalmente la historia de un árbol poseído, un torno hacia otra dimensión y un futuro distópico? Las historias de du Maurier son como el cine de Aronofsky o, incluso, de Hitchcock: ante metáforas tan evidentes y cómodas para la conciencia, ¿por qué no sobrevivir a sus lecciones asistiendo a ellas como espectáculos donde todo es real y no hay más vuelta de hoja, sólo el horror?

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Détour

2 thoughts on “Daphne du Maurier. Las lentes literales, por Almudena Muñoz”

  1. Creo que el nombre está mal en el título del artículo. Pone “Dahpne”. Por lo demás está muy bien. Escritora a revindicar”

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