Canek Sánchez Guevara. El viaje del día hacia la noche, por Juan Jiménez García

Diario sin motocicleta. Volumen uno: Europa (Francia, Italia, España y Portugal), de Canek Sánchez Guevara (Pepitas de calabaza) | por Juan Jiménez García

Canek Sánchez Guevara | Diario sin motocicleta. Volumen uno: Europa (Francia, Italia, España y Portugal)

Canek Sánchez Guevara pasó por este mundo fugazmente. Como su madre. Como su abuelo. Un abuelo demasiado conocido, presente en demasiadas camisetas, convertido en una marca más, tras la que se esconde el misterio. Nieto del Ché Guevara, a él no parecía importarle mucho. Era incapaz de recordar las fechas, las efemérides, cumpleaños, muertes y celebraciones. Una manera como otra de mirar hacia adelante. Y es que Canek siempre fue hacia adelante, en una especie de huída. Confundir el viaje con la huida, la fuga con el desplazamiento. Irse con ir. Pepitas de calabaza ha empezado la edición de sus diarios. País tras país, ciudad tras ciudad, lugar tras lugar. El viaje del día hacia la noche. O de la noche hacia el día.

No hay dinero. Quedan los amigos. Vivir de la escritura es una utopía más en un mundo que las enterró hace tiempo. Entregados a lo posible, a las soluciones únicas, ir de aquí para allá ligero de equipaje, con todo en la cabeza, es una vida de aventuras. Tal vez Canek no quería eso. Problemas de pareja le llevan a tomar distancia. Cuba, aquel lugar que le vio nacer y que no añora, queda muy lejos. Ahora está en Europa. Francia, Italia, Portugal y España. Sobretodo España. En especial Barcelona.

En Diario sin motocicleta no hay motocicleta, cierto, pero tampoco hay un diario. Ni un libro de viajes. Sí, está todo, pero en realidad son formas de pensar el mundo que nos rodea. Ensayos sobre lo cotidiano. Y no hay nada más cotidiano que uno mismo. A partir de una vida propia, eso que está un poco por todos lados sin que sea fácil capturarla, el escritor piensa en tantas cosas. Se necesita poco. Elogio de la computadora. Pasan los días. Los encuentros.

En estos ensayos sobre el instante vivido hay espacio para todo. Cosas presentes, como los nacionalismos, el extranjero, el otro, o físicamente abstractas, como el grito. El socialismo, cómo no, o el comunismo, pero sin ningún discurso, ni encantado ni desencantado. Y luego la música, por todos lados, o los amigos. Reencuentros y encuentros. En cualquier sitio espera alguien que tiene algo que decir o merece ser escuchado. Y Canek está ahí. Escribiendo. Podría dedicarse otras cosas que le gustan igualmente y que dan dinero. Pero el escribe. Y no es ni tan siquiera una postura romántica o de perdedor. Es.

Diarios sin motocicleta es un bello libro sobre el coraje cotidiano que representa, simplemente, vivir. Y además vivir creyendo en lo que uno hace, frente a todas las dificultades, con los sentidos bien despiertos, abiertos a un mundo palpitante que existe más allá de las mismas noticias de cada día. Esas noticias que nos sumergen en la pobreza intelectual de pensar que eso es todo. Una búsqueda de un silencio que nos permita entender alguna cosa. Un silencio que está lleno de sonidos y de sensaciones. Tras el ruido está la libertad de ser.

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Détour

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