Final de partida. Diario a los setenta y nueve, de May Sarton (Gallo Nero) Traducción de Blanca Gago | por Francisca Pageo

May Sarton | Final de partida

Si bien ya he hablado antes de May Sarton (tres veces ni más ni menos) no iba a ser menos y también tenía que hablar una cuarta con el último diario, Final de partida, que ha publicado Gallo Nero.

May sigue la estela de sus anteriores diarios, poniendo el sol y el foco en su jardín, sus flores, pero esta vez la llamada de la vejez y la enfermedad le acusa fuertemente, y es que sufriría sindrome del instestino irritable y padecería fuertes dolores que la incapacitarían para llevar una vida corriente. Sin embargo, May tenía unas ganas locas de vivir y eso se ve reflejado en su diario de los setenta y nueve (años). Me gusta su capacidad y su resiliciencia, su vitalidad pese a las continuas amenazas de descanso que tendría. Pero también descansaría, disfrutaría asimismo de la comida, de las flores, de la compañía que le haría la gente que quiere y que la quiere. Hay cierto deje tembloroso en este diario, como si de alguna manera ya intuiria que le quedase poco de vida, pues este diario se escribiría a tan solo un año de su muerte.

Cabe decir que leer a May Sarton es leer sobre la vida dada. No cabe duda que aquí también tienen cabida sus lecturas, las películas que vería (ah, ¡cómo le influiría Victor o Victoria de Julie Andrews! Que se sentiría andrógina ella también); sus visitas al hospital, su día a día que tan bien se ve reflejado a través de sus palabras. Me entusiasma su vitalidad pese a sus continuos dolores de tripa, pese a sus cosas quejumbrosas que le harían menguar su capacidad para valerse por sí misma. Es, esto, un diario de vejez y también un diario de lo que la vida en esa edad nos puede ofrecer. Pero ella seguiría escribiendo, seguiría dándose a las palabras porque es en las palabras donde encuentra el aliento profundo de la vida.

Conocer a May era conocer la sensación de sentirse humano. Como mujer y como anciana se puede notar cierto aire de búsqueda por sentirse más querida de lo habitual, sentirse cuidada, anestesiada un poco de la vida y los dolores. Hay algo a través de sus libros que nos lleva a preguntarnos por el sentido efímero de la vida y sin embargo un aire denso los recorre. Es el aire de la melancolía (hay que recordar que May Sarton sufrió depresión), de lo que parece faltarnos en la vida. Pero me gusta ese aprendizaje final que contiene este libro, y es que en la vejez hay que disfrutar de las cosas livianas, disfrutar de lo que la vida nos ofrece lejos de todo puritanismo. Y ella no tenía nada de puritana. Quizá por eso, creo que May logró superar su depresión, porque encontró leves retazos en su vida por los que valía la pena vivir y querer seguir viviendo.

Encontrar un resquicio de luz en este libro es fundamental, pues a fin de cuentas es lo que es. La escritura transforma en luz aquello sobre lo que ponemos el foco y saber de sus dolores, saber de sus pensamientos más oscuros e incluso su incapacidad para llevar una vida corriente nos hace pensar en lo afortunados que somos de poder llevar una vida alejada del dolor. Sentimos compasión por ella, sentimos una ansiedad inmanente cada vez que sufre. Creo que este diario, este libro, refleja muy bien la vida de una mujer que ya lo tenía todo hecho y que solo esperaba dejar de sufrir algún día. Pero hay esperanza en sus palabras, hay vida.


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