Las palabras nunca están ahí cuando las necesitas, de Ingmar Bergman (Fulgencio Pimentel) Traducción de Marina Torres y Francisco Uriz | por Francisca Pageo

No es de menester que tras un año en el que me he leído varios libros de Ingmar Bergman tuviese un principio de año en el que también lo leyera. Y es que Fulgencio Pimentel nos ha traído sus primeros pinitos en la escritura bajo esta colección de textos en Las palabras nunca están ahí (cuando las necesitas). Y es que realmente lo que está ahí son las imágenes, las verdaderas, las que yacen bajo los fondos de la creación. Esas imágenes arquetípicas son las que dan forma a todo triunfo de la creación, como en el caso de Bergman, del cine y del teatro.
En este libro podemos ver principalmente sus intenciones, claras y bien promulgadas, sobre el cine y el teatro, sobre todo del teatro. Echaba en falta un libro de Bergman en el que ahondase en él. Es, este libro, un cúmulo de acepciones, opiniones, pensamientos, ideas y emociones de lo que el director sueco llevaba consigo. En estos ensayos vemos sus ideas sobre algunas de sus películas, algunas de sus obras de teatro, diferentes entrevistas y hasta su opinión sincera y vasta sobre el arte y el artista. Para él el arte ha de explicarse a sí mismo, un artista no debe decir nada de sus obras, sino que estas deben hablar por él. Como dijo Goethe: se trata de comprometerse a tiempo. El director toma esta cita como manifesto y se compromete con cada película que hace como si fuera la última. Esto es, de manera exacerbada y con un interés en apostar por los actores que dan vida a sus personajes interiores.
Me encandila que Bergman sea tan fiel con esto en su obra. Que nos muestre su psique, que nos muestre su mente y su alma. Un alma algo vanidosa, pero también desinteresada para el arte. Para él: sin el arte no es nadie. Sin crear no puede concebirse como un ser. Necesita del arte para hacer de sí mismo el dasein al que estaba destinado. Ya sea teatro o cine, él no se consideraba escritor. Sino un artista que hacia un poco de cada cosa en sus obras. Es, así, el cine como el arte total al que iba de cabeza y se le iba un poco la cabeza, también.
Este libro nos sirve para recordar sus películas pues asimismo nos explica un poco algunas de ellas para que las podamos entender mejor. Siempre ha habido más de cripticismo que de existencialismo en su obra, diría yo. Quiero pensar que sus opiniones, tan profundas y duraderas, pues él hacía de su estilo de hacer cine un tipo de vida, no son sin embargo tan diferentes a lo que quería decir con lo que el artista no debe decir nada más que el hacer su obra. Solo con estos ensayos ya está diciendo más de sí mismo y de su obra.
El triunfo de la imagen es lo que vemos en este libro. Pues sus películas y sus obras responden más a lo que no dice y lo que calla que a lo que comenta aquí. Digamos que se quiere mostrar tímido en un aspecto sensitivo de la palabra. No quiere decir, pues en el fondo tiene miedo de mostrarse, pero él no sabe que se muestra por completo, con sus miedos y sus deseos, en todas sus películas y en sus obras de teatro. Y eso no lo digo yo, lo dice él en este libro que se agarra a nuestras manos de manera plena. Con los personajes de sus películas llegamos y podemos acceder a aspectos de él que le carcomen, que le hacen ser quien es, que le buscan las cosquillas a aquello que nace solo de él y para él para mostrarlo a los demás.
Creo que estamos ante un libro principalmente ideal para conocer las ideas de Ingmar Bergman, y si alguien me preguntase cuál sería el libro por el que empezase a leerlo para conocerlo, sería este, pues nos adentra de una manera introductoria en su pensamiento, su hacer y su modo de mirar las cosas, tan importante en su cine.