El año que nevó en Valencia, de Rafael Chirbes y Paula Bonet (Anagrama) | por Francisca Pageo

“Rafael

Blanco sobre blanco, un blanco roto que se va colando en forma de bisagra sobre los lienzos de Paula Bonet, se entretejen con este relato corto de Rafael Chirbes. Como un diálogo, la pintura y el texto dialogan, dan paso a interrogantes, a confirmaciones y a señales que indagan en los aspectos más costumbristas y formales de una sociedad de mediados del S.XX en España, concretamente en Valencia.

Bonet trabajará desde un formato medio a obras de gran tamaño estas pinturas que vemos aquí reflejadas, y éstas, nos harán un diálogo simbólico con el texto cotidiano y prolijo de Chirbes. Sin nada que le sobre y nada que le falte, estamos ante una edición limitada de un libro que se convertirá en una obra de culto. Pues podemos apreciar en él su gran valor testimonial, su gran valor en base a lo que los sentimientos de la artista y el autor dan de sí aquí.

Me gusta pensar en este libro como una hibridación de lo que la pintura y la narrativa pueden darnos. Es gozo, es el paisaje y pasajes de una juventud que se ve truncada por el nacimiento del mundo moderno, del mundo contemporáneo. Quien quiere vivir aquí sabe que no hallará modo alguno de salir, pues tanto la pintura de Bonet como el texto de Chirbes nos trasladan a otro espacio atemporal, uno donde la nieve no escasea, pero es algo extraordinario. Me fascinan los blancos y los azules que utiliza la pintora que, como en un cúmulo de nubes hojaldradas, va desarrollando para así hacernos ver que el texto es la base sobre la que dibuja estos lienzos.

Quisiera saber qué habría pensado Chirbes de estas pinturas, y sinceramente creo que, como a mí, le habrían encantado. El texto es asimismo una base fundamental para entender la cadencia que luego crearía Chirbes en sus novelas y diarios. Hay algo que le mueve, que le impulsa a relatar esta historia en la que es aún un niño. Una historia que no se tergiversa aun por la nieve, sino que es contada en su pureza y pulcritud. Hay mucha pulcritud aquí, mucho olor a limpio, casi se puede oler el aguarrás de las pinturas. Se pueden oler las violetas del ojal de su tío. Se puede, a fin de cuentas, experimentar este libro que nace precisamente para eso. Para que lo experimentemos. Y es que resulta que Chirbes quería ver este libro pintado, retratado, imbuido por un flujo visual que nos envuelve parsimoniosamente, como si fuera un adagio musical.

Sin duda, El año que nevó en Valencia destaca sobre las obras del autor valenciano ya que sin mucho esfuerzo es capaz de darnos un relato excesivamente costumbrista y cotidiano. Digno, también y para que nos vamos a engañar, de un cuadro de Ramón Gaya. Creo que estas pinturas que vemos aquí de Paula Bonet ensalzan el relato, lo nutren de otras vivencias también de juventud que la artista tendría a la hora de escribir su La anguila, también publicada por Anagrama.

Hay algo que nace en Valencia, ¿es una luz propia? Diría yo que sí. Que la luz de Valencia le es afín al arte, a las artes, a la literatura y la pintura, a los dibujos y las formas y las palabras. Que esta luz de 8 de la mañana es casi blanca como blanca es la portada de este libro, un blanco azulgrisaceo roto, como su interior. Y todo está bien. Los pasajes y los paisajes de este libro están muy bien. Pues con ellos crecemos. Crecemos como crece un lirio blanco, que se va abriendo y abriendo hasta ser todo blancura en su esplendor.


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