La brama del cérvol (Una experiència única en un marc incomparable), de Joan Yago, La Calòrica (Comanegra) | por Juan Jiménez García

Vivir experiencias transformadoras, ya sea el bramido de los ciervos, allá, en la naturaleza, o el teatro, acá. Estamos tan aburridos de nosotros mismos (como sociedad) que buscamos esos momentos reveladores, que ya se puede encontrar en cajas bien presentadas en los grandes almacenes. Al menos no pretendemos cambiar el mundo. Ahora, en consonancia con el egoísmo de los tiempos (se disfrace como se disfrace), ya nos va bien salvarnos a nosotros mismos, por unas horas o por unos días. Como dice el subtítulo de La brama del cérvol, experiencias únicas, marco incomparable. Habitamos lugares comunes. La nueva aventura teatral de La Calòrica, estrenada en el Teatre Lliure, se articula en torno a varios de ellos: empresarios sin escrúpulos, una fiesta secreta en el bosque, una pareja de turismo y un congreso sobre el teatro político y transformador. En fin, distintas derrotas del presente. La primera pregunta (diría la esencial, que cruza de algún modo la obra, o que la habita como un fantasma cuando no está de cuerpo presente), es si el teatro es capaz de cambiarle la vida a alguien. Bueno, así, el arte en general. Hace tiempo que pienso que no. Si acaso a uno mismo: lo convierte en un desgraciado. Sí, a ratos pensamos que estamos bien así, que, en esta película somos los buenos, que lo nuestro es un acto de justicia, hasta de rebeldía con el sistema. Vamos al teatro buscando ese momento en el que el tiempo se suspende, se desvanece, pero luego lo piensas y es como recorrer miles de kilómetros para ver un paisaje bonito. Sin embargo, no lo cambiaríamos por nada, porque son nuestras derrotas. A cada cual, las suyas. No se equivoca mucho el empresario emprendedor: realmente, los únicos que cambian el mundo son ellos. A peor, pero sí.
La escena del congreso teatral es tronchante, y encima, verídica, sino real. Ese director, que también dirige un teatro con nombre de banco, vieja gloria, ese actor a la suya, esa dramaturga que desde hace demasiado sabe que no volverá a escribir obras como las que le dieron a conocer, y que transforma su frustración en rabia contra los demás, y esa nueva, recién llegada al mundillo, que reivindica poder cometer sus propios errores. Sí, Bertolt Brecht es bastante significativo de tantas cosas… De La Calòrica solo he podido ver De què parlem mentre no parlem de tota aquesta merda, en grabación del TNC, porque uno está aquí, en la periferia como centro de nuestro diminuto mundo, que cantaba Maria Arnal. Tienen la habilidad de hacer fácil lo complicado, como T de teatre, pienso, de construir esas obras llenas de planos que se suceden o se superponen. El texto de Joan Yago juega con esta capacidad y construye un objeto delirante, en el que el poder transformador del teatro, irónicamente, aparece, transformando la propia obra y a los personajes, en una escena que es pura fantasía, puro sueño de una noche de verano, claro. Mientras tanto, de detrás de las cortinas sale un invitado siempre presente: la soledad. Entre tanta interacción, están profundamente solos, y cada cual busca salir como puede. Buscando esa fiesta fantasma, pensando en una nueva obra, mintiéndose, montando un trío, esperando escuchar a los puñeteros ciervos, que no están por la labor, porque esos sí que hacen lo que les da la gana.
Al final (o al principio) uno se pregunta por qué el teatro debe ser transformador, que por qué tenemos que vivir experiencias excepcionales (como si vivir no fuera ya algo excepcional en sí mismo). Como esos planetas que caen, alineados, caemos, sí, pero con los demás. No con todos, sino con unos pocos. Pau está dispuesto a hacer todo por Maribel (a esa conclusión llega, no sin pasar antes por una intoxicación) y podríamos pensar que estamos nosotros dispuestos a hacer por el teatro. Por la cultura en general. Tenemos vocación de ser salvados y poca de salvadores. Entonces leemos. La brama de cérvol, por ejemplo. No nos cambiará la vida, pero nos hará pensar, y eso es ya tanto… Encima te ríes (otra necesidad contemporánea). Todo ventajas. Larga vida a La Calòrica y sus transferencias simpáticas.