El arte mágico, de André Breton (Atalanta) | Traducido por Mauro Armiño por Francisca Pageo

André Breton | El arte mágico

Lo mágico siempre ha estado presente en el mundo del arte, por lo que no es de extrañar que tarde o temprano se escribiera un libro sobre ello: sobre lo que conlleva, lo que alude y lo que incita. El surrealista André Breton hizo así un libro sobre El arte mágico. Un libro que se transformaría en una obra de culto debido a su pequeña tirada limitada, publicada en 1957, por lo que serían pocos los lectores que tendrían consigo una verdadera obra literaria de la Historia del Arte.

«El amor es el principio que hace posible la magia. El amor actúa mágicamente», dijo Novalis; y Breton, con su amor por el arte, traza un espejo entre todo el arte ritual y su mente haciendo de este libro un eco alquímico. Entender todas las artes (representativas, realistas, simbólicas, minimalistas, sagradas…) con él es ver todo un mundo lleno de posibilidades en lo viviente y en el muerto. Aquí los dos mundos son uno y no hay más que ver las pinturas de Rousseau, El Bosco, Brueghel… Pasando por toda la historia del arte que Breton estudiaría, nos encontramos ante todo con lo sagrado en él. De hecho, vemos que con Gustave Moureau no es la primera vez que se obtiene un efecto mágico con la ayuda de ideas preconcebidas.

Hay artistas que nos mueven y promueven en nosotros ciertas vivencias espirituales al ver sus obras. De hecho, y en base a esto, Breton lanza una encuesta que propone a un largo número de artistas, poetas y críticos que nos relaten sus experiencias y opiniones en cuanto a diferentes piezas que él mismo considera claves. Qué y cómo responde el arte mágico a Heidegger, Maurice Blanchot, Malraux, Leonora Carrington, Joyce Mansour, Juan Eduardo Cirlot, Georges Bataille y un largo etcétera. Algunos datos interesantes y claros serán: «Lo que corresponde al arte mágico es precisamente algo que escapa al examen y al conocimiento», dirá Jean Pauhan; o: «Todos los objetos de orden realmente mágico están desafectados», dice Herbert Read; y: «La magia no es una ficción, y en sí misma la ficción no tiene nada de mágico», opina un más distanciado Jean Herbert. Pero el arte y la magia vienen de un fondo común: ambas cosas nacen del misterio, provienen de un mundo sutil que muy levemente podemos percibir. André Breton conocía muy bien este mundo, no sólo lo intuía, sino que participaba en él con su trabajo mismos. Es posible que este libro no existiese sino fuera por él, porque sólo podía ser escrito por él. Alguien que cree en la magia es alguien que puede dar y ofrecer al mundo lo sagrado del arte, de la pintura, de la escultura y de la vida misma. «Todo arte es un producto de la magia y del juego», afirma Robert Level. ¿Y no es eso mismo lo que nos quiere decir Breton? La magia, como el arte, resucitan a los muertos y, como dice Joyce Mansour: » La magia es una necesidad para el hombre despierto». Vemos así El arte mágico como una clave para entender ese misterio que llevamos dentro, para entender la poesía o la chispa divina que hace que el arte sea lo que es.

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