Beware of the dog, de Alex Llovet (Ediciones Posibles)   | por Francisca Pageo

Alex Llovet | Beware of the dog

Si con Faraway so close Alex Llovet miraba hacia adentro y hacia afuera, con Beware of the dog, su nuevo fotolibro publicado en Ediciones Posibles, una nueva editorial de la que además es responsable, sucede al revés: es el propio fotolibro quien mira hacia adentro y hacia afuera. Alex hará uso de su cámara entre 2014 y 2017 para mostrarnos no sólo lo que haría con su mujer y sus dos hijas durante sus viajes por Inglaterra, España, Francia y Marruecos, sino lo que también se preguntaba y necesitaba dar salida de sí mismo. De algún modo aquí ocurre algo que hace que estemos pendientes de qué sucede en este fotolibro, pues abraza la pregunta y apenas da respuestas por mucho que lo miremos y observemos, por mucho que ahondemos en él.

Beware of the dog es un libro enigmático. Los dos retos de Llovet con esta obra eran trabajar simbólicamente la metáfora de la realidad y crear un libro único, especial y particular que abogue más por el libro de artista en sí que por un fotolibro cualquiera. Aquí fondo y forma estarán cercanos e inseparables al mismo tiempo. Es, de hecho, un fotolibro que tendrá un recorrido único y particular, pues tendremos que ir volteándolo, moviéndolo de manera circular (ya el título hendido en la cubierta nos lo está indicando) para hacernos sentir incómodos, alertas ante esa confrontación con la realidad, con los hechos, con lo implica crecer y experimentar.

Ya con su presentación, un papel que lo envuelve en el que veremos huellas de gato y que tendremos que desgarrar para poder abrir el libro, nos encontramos ante la primera pregunta: ¿Qué estamos rompiendo realmente? Este es un libro que, disparado por el corazón y pensado por la cabeza, nos hace pensar y voltear el libro como si estuviéramos buscando algo. Me comentó Llovet que sólo vemos lo que conocemos, lo que nos lleva a pensar que el autor ve cosas que otros, o somos incapaces de ver, o no llegamos a ello. Sí que veremos en un recorrido a través de estas páginas el paso del tiempo; de cómo los retratos de sus hijas pasarán a otros retratos durante la madurez y la muerte. ¿Pero acaso el paso del tiempo no nos hace afrontar el miedo? Es exactamente eso lo que hace Llovet con su cámara, defenderse de ese miedo, de esa inquietud, de ese paso de lo ingenuo e inocente hasta nuestras sombras y nuestros más íntimos miedos. Aquí hay una conformación de la identidad, un aprendizaje vivencial, de la vida y de la propia persona. De alguna manera las fotografías son como esas cicatrices que nos recuerdan lo aprendido, que nos recuerdan que estamos aquí y ahora pero que también nos mandan al pasado y hasta el incierto futuro. Ya lo dice Llovet en los capítulos del libro: Nadie sale de la infancia ileso.

Beware of the dog nos hace buscar en nuestro fondo. No sabría decir si aquí vemos reflejada la libertad, pero la hallamos de alguna manera a través del color de las imágenes, de los bosques, del reflejo de la infancia ante nuestros ojos. ¿No es acaso la libertad lo que más buscamos en esta vida? Creo que Llovet se hallaba libre al disparar con su cámara, pues la llamada de la naturaleza en estas páginas es poderosa y, además, es algo que se ve presente a lo largo de la obra de Llovet. De un modo u otro, con este fotolibro nos encontraremos ante un estado eterno aunque se refleje el paso del tiempo; porque eternidad no es lo mismo que inmortalidad. Y aunque conceptuelicemos la muerte y el paso del tiempo, la fotografía es eterna como la naturaleza y el cielo.

Busquemos preguntas, veamos este fotolibro lleno de ellas. Busquemos razones para apreciar la fotografía, los conceptos y las razones de por qué disparamos con la cámara. Creo que Llovet ha dado un paso adelante en su trabajo y en él encontramos pistas de cómo la propia fotografía evoluciona con nosotros. Con nuestras vivencias y experiencias. Con nuestros miedos y pasos. Con todo.