El arte y el resto, de Manuel Saiz (Ediciones Asimétricas) | por Francisca Pageo

Manuel Saiz | El arte y el resto

¿El arte transforma el mundo? Deberíamos preguntárnoslo antes de empezar este libro. Para Manuel Saiz, el artista que lo escribe, el arte no sólo transforma el mundo, sino que es el propio mundo el que transforma el arte. El arte y el resto es un libro sobre el arte y para el arte, un libro que conlleva una serie de no-principios en los que ahondar, preguntarnos, profundizar hasta no saber cómo decir lo que presenciamos al leerlo. Al igual que Isidoro Reguera, el introductor del libro, me adentro en estos textos sin saber nada del autor, ni de su persona ni de su trabajo, por lo que contextualizar este libro se vuelve si acaso más difícil. De hecho, no es un libro fácil. En él se recoge la experiencia del arte de Manuel Saiz y para él el arte no es más que ironía y paradoja.

El arte es ausencia, uno nunca está consigo mismo, sino con los materiales. Cuando uno crea está más allá del mundo, está directamente en otro mundo. El arte siempre innova sobre sí mismo y es autónomo en cuanto al mundo, aunque ambos no puedan vivir el uno sin el otro. Crear es estar en un laberinto mental al cual no sabemos exactamente cómo llegamos. Ni siquiera sabemos cómo ni adónde vamos a salir.

Saiz habla del objeto artístico, tanto en vista del espectador como del artista. Para este último, las obras artísticas no son más que un salvavidas. De este modo, ¿es el arte un método para salvarnos a nosotros mismos? Como artista y espectadora, podría decir que sí rotundamente. El arte nos salvaguarda del mundo, de ese mundo que nosotros no hemos creado, sino el que otros han creado.

Estos escritos son toda una crítica al arte y es desde el arte y el no-arte hacia donde van dirigidos. Hay cierto pesimismo en el libro, como si el artista encontrara en el arte algo vacío, sin vida y muerto, pero ambivalentemente es en el arte donde encuentra razones y excusas, donde halla principios y ciertas concesiones. Yo, sin embargo, veo el arte como una excusa para hablar del mundo y del ser humano, de lo que sucede dentro y sucede afuera. Disto mucho de lo que Saiz advierte en este libro, pero a la vez encuentro interesante cómo mi concepto del arte dialoga con el suyo, creando otros modos de afrontar el arte y la realidad, los conceptos y las ideas. El autor hace un especial hincapié en la política y la función que el arte tiene en ella. También es bastante notable el trato sobre el arte en la muerte, que nos incita a preguntarnos y contestarnos continuamente.

Saiz habla de la economía en el arte, de su objeto y cómo este se ve mercantilizado. Habla del valor de la pieza artística y cómo esta sólo cobra presencia al terminar la experiencia artística. Para el artista, el arte destruye y no construye, ¿pero qué destruye exactamente? ¿Lo que conocemos por realidad? ¿Lo aún no creado? De alguna manera hay cosas que no logro ubicar ni entender en algunos de estos textos. El arte y nuestra manera de verlo con respecto a los demás, en cierto modo, es críptico en sí mismo. Se tornan demasiado paradójicos los textos de Saiz, lejos de un entendimiento de la percepción artística y más cerca de allá donde el caos reside.

El arte y el resto es un libro que está hecho para preguntarnos. Continuamente. Al menos Saiz es lo que hace y él mismo se contesta escribiéndolo. El arte como pregunta y como respuesta. El resto como pregunta y como respuesta. Todo arte conlleva a eso, estemos de acuerdo o no.




Cárcel, de Emmy Hennings (El Paseo) Traducido por Fernando González Viñas| por Francisca Pageo

Emmy Hennings | Cárcel

Gracias a El Paseo Editorial llega a España algo que los amantes del dadaísmo necesitábamos en cierto modo: Cárcel de Emmy Hennings, el cual incluye su novela autobiográfica y el poemario Estrofas del éter. Para quien no conozca a la autora fue la principal precursora de lo que conocemos como dadaísmo y ello se puede ver, si queremos saber más, en la novela ilustrada que la misma editorial sacó no hace mucho, El ángel Dadá, la cual trata sobre su vida y su comienzo y final en el dadaísmo. De hecho, Emmy Hennings sería también esposa y amante de Hugo Ball, el autor y poeta alemán que iría de su mano al comienzo de esa nueva vanguardia.

Como ya hemos dicho, en este libro se recoge la narrativa autobiográfica de todo aquello que la autora pasó en la cárcel. Primero de forma preventiva y luego por condena, Emmy Hennings nos relata sus hechos y penurias en prisión, pero no lo hace con malas sensaciones, sino amable y detenidamente. Dentro de la cárcel, a pesar de lo paradójico, se le abrirían muchas puertas: la de la amistad, la del conocimiento hacia sí misma, la de la denuncia a la libertad que hay fuera y ella no posee. Pareciera que el paso por la cárcel de Emmy ya estaba destinado a ser, pues ella lo toma como un aprendizaje de la vida, saca de ello lo bello y lo infraordinario de las cosas. Pese a ser una cabaretera, Emmy es más artista de lo que ella cree, pues hace de su estancia en prisión una novela capaz de envolver lo más puro, lo más intrínseco del ser humano.

Para completar y complementar los escritos, también nos hallamos con las ilustraciones de Hans Richter, otro de los artistas dadaístas que nos dejaría un legado en videoarte sin igual. De hecho, Cárcel es un libro que detalla una época llena de pasión por lo nuevo, por lo intrínseco y lo que hace que el ser humano se aventure por nuevos valores, nuevos modos de experimentar la vida o nuevas sensaciones. La poesía de Hennings de hecho, es así. Evocativa y etérea. Agridulce, pero leve y extraña. Pareciera que su poesía pertenece a esos estados en los que las drogas nos podrían dejar, todo se reduce a una simple ensoñación en la que todo y nada a la vez pasa, pero en un estado tranquilo, plácido, y en el que, como ya he dicho antes, se abren puertas. Puertas a otro modo de experimentar y vivir la vida.

Cárcel es un libro sobre los valores de un nuevo mundo. Un mundo en el que, pese al robo y la prostitución, se halla lo que el ser humano siempre busca: la comunicación con otros, el aprendizaje con nosotros mismos y los demás, las vivencias que nos pueden hacer mejor o nos llevan abajo. Todo aquí tiene su razón y todo aquí nos habla de cómo una vida se encauza para obtener lo mejor de ella. Así es como saldrá Emmy de la cárcel, con esperanza y con todo un mundo por delante.

No hay duda de que Hennings poseía un mundo interior sin igual, no sólo hace falta que la leamos, sino que conozcamos su vida, el cómo trata a los demás y cómo lo toma todo para sí misma. No nos hallaremos indiferentes frente a lo que leemos aquí, pues nos haremos, irremediablemente, amigos de Emmy.




Vacaciones, de Blexbolex (Libros del Zorro Rojo) | por Francisca Pageo

Blexbolex | Vacaciones

BlexBolex es un ilustrador francés que se ha hecho un hueco en el mundo del cómic de manera directa y sin pausa. Con un estilo muy personal y cuidado, Libros del Zorro Rojo nos trae a España Vacaciones, una novelita gráfica que bebe mucho de ese mundo infantil y ligero, pero que a la vez contiene una moraleja que nos incita a buscar el trasfondo de lo que vemos e intuimos.

Vacaciones tiene una narrativa visual potente y discreta. La historia nos habla de una niña que, como el propio nombre indica, se va de vacaciones a la casa de su abuelo en el campo, en Stramhe exactamente. Lo que ella no sabe es que su abuelo tendrá otro invitado más, un pequeño elefante que buscará la travesura sin igual y con el que la niña tendrá sus más y sus menos. Cabe destacar el triunfo de la naturaleza en este libro y el uso de un horario en el que el transcurso de los días se va dando y marcando.

Estamos ante ilustraciones cálidas, que tienen el color del sol y el aroma del campo. Que nos llevan a la esencia misma de la infancia, a ese lugar en el que todas las cosas son posibles. Y lo son porque… ¿Cómo es posible que durante nuestras vacaciones estemos acompañados de un elefante? La niña y él tendrán un poco de celos, buscarán la atención del abuelo y buscarán la vida ahí fuera, donde los demás animales y los bichos y las plantas y árboles nos incitan a jugar y a vivir con ellos.

Vacaciones no es un libro normal y corriente, sino un libro en el que buscar el fondo de las cosas sin necesidad de palabra alguna. Aquí las palabras las encontramos una vez observamos. Pero no son palabras cualquiera, sino palabras como sosiego, calma, aventura y pasión. Palabras que siempre dan lugar a aquello que siempre queremos tener y poseer. Es como un libro-deseo, un libro que está en ese mundo en el que queremos habitar pero que en el fondo ya tenemos dentro de nosotros. Vacaciones es nuestro mundo interior pese a sumergirse la historia, de lleno, en la naturaleza. En él están las pasiones, los impulsos, la nostalgia, el amor, el juego y la búsqueda. Es un libro que nos hace sentir sin mediar palabra alguna, que evoca lo innombrable, aquello de lo que ya no sabemos hablar.

De este modo, busquemos en nuestro interior. Leamos Vacaciones para adentrarnos en él. De la mano de una niña y un elefante, de la mano de aquello que hemos relegado (la mayor parte de nosotros) en nuestra vida adulta: el juego, la imaginación y la inocencia. No estamos ante un libro sólo para niños y niñas, sino también para adultos, para aquellos que buscamos más y más sea donde sea y en el lugar que menos esperamos. Vacaciones nos sacará de nuestro asiento y nos hará sentir nostalgia, quizá por algo que tuvimos, quizá por algo necesitábamos.




La paciencia de los árboles, de María Sotomayor (La Bella Varsovia)   | por Francisca Pageo

María Sotomayor | La paciencia de los árboles

Reeditado de nuevo por La Bella Varsovia, con un epílogo de Luna Miguel y nuevos poemas de María Sotomayor, La paciencia de los árboles se consolida como uno de esos libros imprescindibles dentro de la poesía española. Si ya María aborda un mundo interior lleno de sensibilidad, de amor por lo ínfimo, la belleza y lo natural, La paciencia de los árboles se convierte en el centro de aquello a lo que María vuelve una y otra vez: lo perdido pero a la vez encontrado, lo que se esfumó pero que a la vez volvió.

Como dice la dramaturga Paloma Pedrero, hay que convertir el dolor en belleza y pareciera que María lo consigue. Ella aborda el Alzheimer que su abuela padeció. Aborda lo que su madre y ella cuidaron. Aborda lo que, en su extremo y radicalidad, significa el verbo cuidar. Cuidar es amar. Amar lo delicado, lo frágil y lo que es por sí mismo, pero también aquello que a la vez es fuerte y nos hace fuertes.

Es curioso cómo un libro que describe en modo poético, a modo de homenaje a su abuela, lo que es el Alzheimer, aquí se convierte en recuerdo. Un recuerdo que la autora lleva consigo y que por mucho que se esfuerce la vida en ser lo contrario, nunca olvidará. Y nosotros tampoco, pues se halla reflejado, en palabras bellas y metáforas delicadas a las que volveremos una y otra vez.

Los recuerdos son parte de nuestro ser, lo que fuimos, pero también, de algún modo, son lo que hacen que seamos como somos. La poética de Sotomayor se hace así una poética de él, del recuerdo y del ser. La autora ramifica los sentimientos, las emociones, haciendo así un bosque al que alude constantemente. Un bosque que se nos muestra a ratos hojado y a ratos deshojado, pues el dolor se cuela haciendo que las hojas y las flores caigan en nuestro interior, en nuestro fondo, ese en el que no nos atrevemos a entrar por el terrible miedo al sufrimiento que podríamos llevar.

Con La Paciencia de los árboles aprendemos y tomamos en consecuencia el verbo amar. Somos partícipes de lo que María, su abuela y su madre vivieron. Participamos de aquellas historias que Magdalena Buenosvinos perdió pero que, de algún modo etéreo, intangible, la autora lleva consigo. María Sotomayor utiliza lo físico para hablar del fondo. Un fondo abismal al que sólo nos atrevemos a mirar con ella de la mano. A mirar acompañándola. A mirar con detalle lo que la amplitud del recuerdo de la vida, de los detalles que vemos y tocamos, nos dejan a su paso.

Leer La paciencia de los árboles es leer lo profundamente humano. Es leer lo que nos hace sentir y emocionarnos. Es leer la vida que fue, la que es y la que será. Hacer de una enfermedad lo que María Sotomayor ha hecho aquí es traspasar el umbral de la trascendencia humana. Ha sabido poner en palabras lo que conocemos como aprendizaje de una manera sutil y profunda, pero a la vez bellísima y humilde.

***

Es cierto que la soledad es siempre
lo que sujetamos en el último recuerdo.

***

[…]
Que el árbol tiene nombre de árbol
piernecitas frías
y la muerte por delante es una increíble
paciencia antigua
en nuestro sentir de árboles míos
míos no.

***

Un árbol
es el viento que me mueve.

 

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Escritos sobre pintura, de Henri Michaux (Vaso Roto)  Traducción de Chantal Maillard | por Francisca Pageo

Henri Michaux | Escritos sobre pintura

Dicen que la traducción es otra forma de interpretar el texto. Es, también, que el traductor lo haga suyo. Y es, de este modo, como la ensayista, poeta y traductora Chantal Maillard crea un diálogo con Henri Michaux en este libro, uno de los artistas que más ahondaron en el alma humana durante la época de las vanguardias, a pesar de que él no se considerase vanguardista per se. De hecho, él no pasaría por las vanguardias, sino que las vanguardias pasarían por él.

Estamos ante escritos que no sólo hablan de la pintura, sino de la mente, de los sentidos, del alma, del espíritu y la verdad. Como dice Alain Jouffroy, para Michaux la verdad jamás era algo parecido a un fin, sino el agujero en el que el pensamiento debe sumergirse para tocar fondo. El autor opta por la pintura porque apenas se halla en la palabra. Busca y hurga en el infinito y en las formas, en el contenido y en los trazos, los cuales no son más que “un signo en movimiento”. Sus pinturas y textos no son más que pasajes mentales que bordean los límites de la conciencia, pero no la limitan, sino que la extienden. Michaux pinta tal como escribe, lo dice él. Parte de su escritura está estrechamente relacionada con la experimentación de sustancias alucinógenas, como la mezcalina y el hachís, a las que recurriría para poder vivenciar otras formas de conciencia. Con ello pretendía hallar un lenguaje mediador, una lengua-signo.

En el libro aparecen sus dibujos y les da un significado, que no es ni más ni menos que el de pensamientos fragmentarios. No es la pintura lo principal en este libro, sino lo inexpresable y el hilo sobre el cual se mueve toda la creación interna y externa que el hombre lleva consigo. Michaux pinta para no vivir condicionado, para expandir su conciencia, llevarla a otros terrenos que no muchos somos capaces de ver, percibir o asimilar. Pareciera que Michaux es capaz de hallar un todo a la vez, tanto con lo que escribe como con lo que pinta, tanto con lo que habla como con todo lo que expresa. Michaux habla de la caligrafia y el carácter chino. En ellos halla un medio, un canal sobre el que expresarse para poder dar rienda suelta a lo que en su interior bulle. Se encontrará estrechamente ligado a ello y ahondará como afán estudioso en ellas.

Chantal Maillard ha hecho un grandioso trabajo aquí. No sólo por haber sido capaz de traducir lo inexpresable, sino por habernos traído el pensamiento de Michaux de primera mano, sin ninguna necesidad de mediaciones ni posibles adivinanzas, ya que el trabajo de Michaux es una gran adivinanza en sí misma. Él, que sondea en la verdad, nos da signos, claves para verla, pero esta queda de algún modo velada. Queda en el misterio como todo gran arte.

Escritos sobre pintura es un libro enorme. Un libro en el que la enseñanza por la forma directa de ver la mente humana se destripa y desmenuza para dar paso a la expresión artística. Y no sólo ella. La expresión también es filosófica y ancestral, pues Michaux no se mueve sólo en lo contemporáneo, sino que es capaz de ir a lo primitivo y a la esencia misma de las cosas. Michaux habla con el signo, esa lengua predecesora al lenguaje hablado y escrito. El signo de lo que aún no se ha creado y todo está por hacer. El signo, la esencia de todo gran arte.

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Collage: Francisca Pageo
Texto: El cuento de la criada de Margaret Atwood
Música: Bing Ruth – Here is what you were missing
Voz y arreglos: Isabel Hernández

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Los espacios de la muerte viviente, de Lászlo  F. Földényi (Galaxia Gutenberg)  Traducción de Adan Kovacsics | por Francisca Pageo

Lászlo  F. Földényi | Los espacios de la muerte viviente

Lászlo  F. Földényi, escritor, crítico de arte y traductor, es uno de los mayores referentes en el ámbito del ensayo en Hungría. Con este libro, Los espacios de la muerte viviente, editado por Galaxia Gutenberg, nos adentramos en la ciudad y su representación en apenas 70 páginas que van cargadas de imágenes y multitud de referencias en las que visualizar todo lo que el autor trata.

El libro es una continua referencia al cuadro con el que De Chirico y Földényi se hallarán obsesionados, Vista arquitectónica de Giorgio Martini. Para De Chirico, la idea no es independiente de la cosa, sino idéntica a ella. A raíz de esto veremos las imágenes del pintor como esencialmente lo que De Chirico ve, a pesar de su surrealismo. De Chirico concebiría el mundo de los sueños como parte también física del ser humano y no sólo metafísica. Mientras De Chirico representaba y escribía en sus diarios sobre la arquitectura y las ciudades posibles, Kafka las viviría y experimentaría no sólo con sus escritos, sino también con su modo de vivir en la ciudad.

La arquitectura no sólo se creó para ser habitada, sino para ordenar y embellecer lo que conocemos como ciudad. Una ciudad, o ciudades, que aquí el autor nos muestra como aniquiladas, llevadas al mismo caos pero rigurosamente ordenadas por sus infraestructuras, sus líneas, detalles y salientes. Según San Agustín, toda ciudad alude a la estructura de una ciudad ideal y vemos como a lo largo del libro esta se va representando conforme a cada época. El objetivo de la arquitectura es regular la vida, tener un control sobre los elementos. De este modo el autor también hace hincapié en diferentes tipos de edificios simbólicos, como lo son las cárceles o instituciones de tipo Panóptico. De hecho, tampoco es casualidad que en las imágenes de ciudades ideales no haya ningún rastro de huella orgánica, esta es, de huellas que nada tienen que ver con lo que el material construido nos presenta. Estas ciudades serían representadas principalmente en el Renacimiento, época en la que Földényi centrará cierta parte de sus escritos. Esto nos hace pensar por qué toda ciudad ideal la imaginamos parecida a aquellas hechas en el Renacimiento, ¿las imaginamos así por haber visto estos grabados y pinturas o las imágenes mentales vinieron antes?

El autor expone cómo las épocas van cambiando en la ciudad y cómo los edificios que en un tiempo fueron destinados a engrandecer un pueblo pasan a ser olvidados y relegados a un segundo plano. Véase los que se construyeron bajo el mandato de Hitler en Alemania. Con esto nos damos cuenta de que el espíritu de la naturaleza no se halla sólo en ella misma, sino también en las cosas que hemos construido, teniendo su propia evolución y transición a otros modos de vivir y ver la ciudad. ¿No son acaso las ruinas eso mismo? ¿Y el propio arte?

Los espacios de la muerte viviente es un libro sobre las edificaciones que construyen la ciudad y sobre los lugares en los que uno se halla. Un libro que nos presenta la vida en su forma más material pero también simbólica y llena de referentes a los que deberíamos ir más a menudo para comprender por qué, cómo y a qué lugar pertenece cada edificio en el que habitamos, queremos habitar y que fue construido.

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Pajarito, de Claudia Ulloa Donoso (Pepitas de Calabaza) | por Francisca Pageo

Claudia Ulloa Donoso | Pajarito

Claudia Ulloa Donoso es una de las nuevas voces más destacadas de la literatura latinoamericana, aunque en España sólo la hayamos conocido por esta reciente publicación de Pepitas de Calabaza. Pajarito no sólo es la historia de un pájaro, como se indica en el primer cuento, sino también la de otras muchas. Historias sobre la vida, sobre sus vivencias, sus obsesiones y los lugares habitables.

Con Pajarito estamos ante un libro de relatos, de pequeños cuentos que se entretejen entre sí. Hay pequeños hilos conductores que unen los relatos reuniéndolos con diferentes temas que nos darán una pista sobre lo que cada historia nos relata. Ulloa Donoso no nos los explica, sino que deja que nuestra imaginación sea la que quiera poseer todo lo que en cada relato podemos ver o apenas entrever. Pareciera que Claudia habita la palabra desde el primer momento en que se origina, pues ellas se ven aquí sin ningún filtro. No se ve una reflexión al leer estos cuentos, sino que más bien son un esbozo sobre (y de) la realidad. Una realidad que tenemos aquí y ahora, y que aun así se torna atemporal. Estas historias tratan de Claudia, pero también de ti y de mí. No hay huecos ni un personaje vacío en el libro, todo tiene su lugar y su razón porque así lo ha hecho la vida. Pareciera como si estas historias pertenecieran a esas conversaciones entre conocidos en los que dejamos que la otra persona nos conozca. Eso es lo que hace Claudia, para que la conozcamos a ella y también para que conozcamos el mundo. Cada historia es un tema sobre nosotros, sobre la vida, sobre aquello que pasa desapercibido y nos hace querer brindar por la belleza de las cosas.

Los diferentes temas, como lo será Aquí y allí, recogen los pequeños testimonios sobre la vida de la autora en Lima, en el Círculo Polar Ártico y en España. Cada lugar, uno en cada punta del mundo, nos da una manera de vivir la vida y de tratarla. Me pregunto si el alma de Claudia tiene algo de nómada, porque en estos textos pareciera que cada lugar en el que ha habitado y vivido es su lugar, pues saca de cada uno la belleza y esencia del espacio en el que está. Como habitante de Valencia me identifico no estrictamente, pero sí esencialmente, con la estancia que tiene la autora en ella. Claudia Ulloa Donoso narra la vida, y cómo lo hace. Lo hace de manera tranquila, con cautela, contando cada palabra y uniendo una con otra como si te estuviera contando de tú a tú sus vivencias, su modo de vivir las cosas y su modo de verlas. «De mi madre también tengo los ojos, no la forma, pero sí la capacidad de ver el detalle más pequeño de las cosas que nos rodean», dirá en su relato Recuerdo. Y qué razón. Con esta frase no ha hecho más que resumirse a ella misma, pues sabe ver con detalle y minuciosidad las cosas que la rodean.

Se hace destacar la obsesión de la autora con los líquidos y la sangre, lo cual en cierto modo se vuelve también como una obsesión ante lo que significa la existencia. Sin agua, ella no existiría. Es una obsesión que podemos ver materializada, ¿no estamos hechos, acaso, de agua? Y sangre. Claudia hace que esta última corra por nuestras venas, hace que pensemos en ella y hace que la busquemos, incluso. Sin sangre, ¿qué es un ser que siente? Podría ser una planta, pero Claudia habla de lo puramente humano. De lo que nos hace ser persona.

Leamos Pajarito. Leamos estas historias que son una para hacer de la vida un cúmulo de palabras que son sentidas, que son vivenciadas y que son dichas para hacernos ver un modo de existencia que es único y a la vez es de todos.

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Ciruela, de Emma Chichester Clark (Impedimenta) Traducción de Susana Rodríguez| por Francisca Pageo

Emma Chichester Clark | Ciruela

Ciruela no estaba pensado como un libro, eso vino después. Ciruela eran las historietas en pequeñas tiras de cómic que Emma Chichester Clark publicaba en su blog, día tras día, sobre la perrita a la que, obviamente, nombró Ciruela. Ella es una perrita negra, una runiche, mezcla de Jack Russell y caniche.

Ciruela son pequeñas historias cotidianas, sencillas, leves y únicas que esta perrita tiene con ella misma, con la gente que convive, con los demás animales que va conociendo y con todas las cosas que se va encontrando. En estas historias Ciruela va a la estación de tren, va al río, al parque, a la peluquería y todos los sitios a los que su dueña humana la lleva. Ciruela tiene una hermana, Liffey, con la que jugará siempre que pueda. Y también con sus amigos Esther o Rocket. Esta perra se pregunta muchas cosas y no deja de experimentar la vida, la cual adora con toda su alma. En sus aventuras, Ciruela viajará hasta Escocia, ¡y hasta a Francia! Relatándanos Emma Chichester cada detalle y cada anécdota curiosa de ello.

En el libro están todas las historias ocurridas a lo largo de un año, pero nos gustaría que estas historias durasen mucho más. Los dibujos son escuetos y bellos en su simpleza, y nos hacen acordarnos de aquellos años de infancia en los que bocetar era parte diaria de nuestra vida. Nos hallamos ante historias divertidas que nos hacen olvidarnos un poco de nuestro mundo y adentrarnos en el que tendría un perro. De hecho, es de agradecer el sentimiento que la autora ha volcado en este cómic, porque es pura emoción, diversión y aventura, aunque en el fondo sea lo más cotidiano del mundo. Para una perrita se torna cada día como algo nuevo y nosotros lo vemos como algo que sólo un niño conoce: el juego.

Es un libro creado a raíz del amor a los animales, del amor a ese ser que nos acompaña día tras día y que nunca se separa de nosotros a menos que nosotros se lo indiquemos. Sólo quien ha tenido un perro sabrá de lo que hablo y se reconocerá en estas viñetas, tan graciosas y tan bellas que lo único que nos sale al mirarlas y leerlas es una sonrisa. Una sonrisa de esas que se hacen tiernas, que no tienen maldad alguna, que nos hacen hasta soltar una lagrimita de la emoción que obtenemos al sonreír. ¿No os ha pasado nunca? Emoción es la única palabra que me sale al querer escribir sobre Ciruela, no sólo por el libro, sino por ella. Por sus vivencias, sus destrezas y aventuras, en las que la autora nos permite adentrarnos y poder conocer.

Hagamos de nosotros personas mejores y leamos Ciruela. ¿Por qué nos hace mejor leerla? Porque nos hace enfocarnos en los pequeños detalles del mundo, de las cosas. Nos hace querer a los animales y nos hace concienciarnos de sus necesidades, aun sin ser ningún ensayo ni ningún texto filosófico. Estas ilustraciones nos harán ver las cosas de otro modo, con una mayor conciencia sobre el sentimiento animal y el sentimiento que tenemos nosotros con ellos.

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Cinco cuentos filosóficos, de Honoré de Balzac (Renacimiento – Espuela de Plata)  Traducción de Guido Parpagnoli | por Francisca Pageo

Honoré de Balzac | Cinco cuentos filosóficos

No cabe duda de que el realismo para Honoré de Balzac sería toda una fuente de inspiración en sus escritos, sean estos La comedia humana u obras más diversas como las que Espuela de plata / Editorial Renacimiento reúnen en la presente edición; cinco de los cuentos más filosóficos del autor. Cuentos que ahondan en la realidad francesa de aquella época en la que Balzac viviría y de la que tomaría tantos datos, hechos e invectivas.

En esta peculiar selección destaca, por encima del resto, La obra maestra desconocida. Quizá por su grandeza, por ser una de sus obras cumbre o por ser, para servidora, una obra maestra -valga su redundancia. Así, empezamos esta edición de manera alta, mirando arriba y abajo, hacia los fondos del arte, de la vida y la filosofía. Hay como una luz, una especie de sol que ilumina todo lo que se expone en este relato. Y, además, siendo un relato en el que el arte es el tema principal, nos damos cuenta de la importancia de esta luz. Esa luz que ilumina las obras de arte; el efecto áurico que hace que la obra sea ese mismo sol.

Leo este cuento y me pregunto, ¿sólo expresamos una parte del alma cuando creamos? Pareciera que es así y nunca nos expresamos al 100%. Ahí, en parte, reside uno de los encantos del arte, de este cuento y de muchas otras obras de Balzac. Nunca sabemos a ciencia cierta si el creador está dando de sí todo lo que su alma pretende mostrar. Se vuelve un acto imposible, un acto que sólo la mente del otro puede completar en la interpretación de una obra de arte. Pero no ahondaré más en esto, o esta reseña se hará interminable.

En otro de sus relatos, como El elixir de la vida, se halla el triunfo del hedonismo a pesar de la muerte cercana que tendrá el protagonista. Él buscará y conseguirá el placer por encima de todas las cosas. Hallará la manera de hacer de su vida algo palpable, algo que sólo los sentidos pueden hacer de la vida algo por lo que querer vivir. Ahí reside en parte el encanto de las obras de Balzac. Son obras que tienden a hacer más habitable la vida y lo humano. Son obras que nos hacen pensar en la vida y sondear lo posible. Mientras tanto, en La misa del ateo, el título mismo resume la historia. La historia de un ateo que acude a la iglesia pues ya se halla en la última época de su vida. Las dos historias tienen cerca la muerte, tienen cerca lo que ya no podrá ser, lo que no se podrá concebir, y Balzac les da valor a esos últimos momentos. Les da un hálito hasta ese último momento que, aunque parezca cercano, no lograremos hallar porque en el trascurrir de la vida se hallará todo lo escrito.

En los dos últimos cuentos, sin embargo, como lo son Facino Cane y La interdicción, cambiaremos de tercio y el autor se volverá más crítico. Crítico hacia la sociedad y crítico hacia el individuo. En el primero hallaremos una búsqueda hacia lo único, hacia lo que una persona es y puede dar de sí. En el segundo, Balzac buscará la justicia por encima de todas las cosas.

Estamos, así, ante cinco cuentos que tienen la filosofía como tema, pero no como un tema mental y que sólo nuestra parte no física retendrá. Esta filosofía, en cambio, se hallará en los hechos; en las acciones y en la vida de estos personajes. La filosofía no debiera ser sólo una forma de energía mental, sino que aquí la tomamos física, casi la podemos palpar y percibir como si de otro cuerpo se tratara. Así que leamos estos cuentos, hagamos de este cuerpo, este libro, algo en lo que pensar, que habitar, con lo que sorprendernos y deleitarnos. Hallaremos aquello que de algún modo agradeceremos.

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Vértigo, de Joanna Walsh (Periférica) Traducción de Vanesa García Cazorla | por Francisca Pageo

Joanna Walsh | Vértigo

Joanna Walsh ya es toda una referente en el país de origen, Inglaterra, debido a la multitud de colaboraciones que ha tenido con Granta, The Guardian o The London Review of books, así como de otros libros suyos que se han publicado allí. No es de extrañar que Periférica se animase a traducir Vértigo, su último libro. Una obra llena de relatos que se degusta de a poco y deja muy buen sabor de boca debido a la enorme vitalidad que desprenden.

Estamos ante unos cuentos cuyo motivo principal es la importancia de lo cotidiano y ello es lo que harán que estas historias que son muchas y en realidad solo una, sean de especial interés. Son impresiones de vida, miradas sobre lo que vivenciamos y experimentamos, o, más bien, lo que Joanna Walsh vivencia y experimenta, pese a ser puramente ficción. O quién sabe, quizás no. La vida tiene un idioma propio y Joanna Walsh lo habla. Veremos a la mujer como madre, como hija, como esposa y amante… A partir de ellas concederemos su experiencia a la nuestra. Rescataremos aquellas sensaciones posibles de sus diferentes vidas, que no son ni más ni menos que una vida cualquiera. Vidas que podemos ver en nuestro ámbito de la realidad.

Aquí la ficción es un puro espejo de lo que el mundo es a vista humana. «Miras tus pies en el extremo de la bañera. Todavía están bastante carnosos y rosados. Estás esperando el día en que unas venas azules sobresalgan de ellos, cuando una protuberancia amarilla desvíe la articulación del dedo gordo del pie. En ese momento habrás acabado siendo lo que siempre has querido ser: vieja. Lo demás, esa tersa carnosidad, es un embuste, una mera espera.» Estamos ante palabras que describen la realidad, la deshilachan y desmenuzan para dar cabida a escenas puramente visuales que podemos encontrar en la memoria, en el recuerdo de las cosas que ya se hicieron o están por venir; incluso, en las que están sucediendo aquí y ahora en otra parte del mundo o, quizá, en el piso que tenemos al lado.

Cada historia es diferente, pero cada historia se entremezcla con otra. Todas son un atisbo de experiencia, un atisbo de vida, de aliento ante el mundo y por el mundo. Será en el último párrafo de la historia final donde encontraremos la conclusión del libro que pareciera no tenerla debido a la multitud de hechos dispares que hallamos en ella. Pero ahí tenemos el hilo conductor: Joanna Walsh ha buceado en el interior de su cabeza para experimentar también en ella la vida. Porque la vida no es sólo lo que sucede ahí fuera, sino también aquí dentro. Dentro de nosotros guardamos esos momentos que hacen la vida más sencilla y más intensa. Nadar a la misma velocidad que ese mar llamado experiencia, tanto a contracorriente para superar obstáculos como buceando apaciblemente por ella. Al fin y al cabo, siempre nos estamos moviendo y algunas situaciones hacen que nuestros pensamientos y sentimientos no sean más que cadenas entre nosotros y los hechos. Esas cadenas son el hálito que nos llevan a existir, a comulgar con lo que tenemos ahí fuera, a sacar adelante todo lo que contenemos en nosotros.

Leamos Vértigo. Hagamos del mundo otro sitio más que habitar, en el que experimentar, en el que existir para hacer y deshacer.  Vértigo no es sólo esa mirada al abismo, sino también una mirada hacia lo que nos rodea, hacia lo que está ahí esperando a que lo encontremos.

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Créditos
Collage: Francisca Pageo

Texto: Hiroshima mon amour de Marguerite Duras
Música: Giovanni Fusco
Voz y arreglos: Isabel Hernández
Grabado en el estudio de Manu Míguez

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