Memorias. Mi vida con Marina, de Anastasía Tsvietáieva (Hermida Editores)  Traducción de Olga Korobenko, Marta Sánchez-Nieves | por Francisca Pageo

Anastasía Tsvietáieva | Memorias. Mi vida con Marina

Si bien a quien realmente conocemos es a Marina Tsvietáieva, su hermana Anastasía también fue escritora y escribió numerosos libros a lo largo de los años. Con motivo de una honorable memoria a su hermana, al final de su vida escribiría unas memorias que le dedicaría a Marina, en las que detallaría su vida compartida de manera exacta y completamente leal. Es así como Hermida Editores nos trae estas memorias, memorias largas pero nada densas, pues están escritas como la levedad de una pluma, pero con el peso, muy denso, de los recuerdos que Anastasía compartía con Marina. De este modo, esta no es sólo la historia de Anastasía, sino también la historia de Marina. También la de su hermano mayor, nacido de la anterior mujer de su padre. El libro es, pues, el retrato de una familia burguesa de la Rusia a principios del Siglo XX.

Dividido en tres partes, infancia, adolescencia y juventud, el libro abarca toda la vida que Anastasía compartió con Marina. No hay una adultez, no pudo haberla. Pero no pasa nada. La infancia de las hermanas transcurrió siendo ambas muy queridas por su madre, con una mirada de compasión hacia Anastasía, pues siempre estaba más débil y caía más enferma que Marina. Sus primeros años estuvieron llenos de juegos. Sus páginas describen a unas niñas que destilaban belleza por la vida. Que la recogieron y la vivieron. Y Anastasía la comparte con nosotros y la lleva consigo a través de estos años. ¿Será la belleza lo que más llevamos con nosotros a través de todos estos años? Anastasía recuerda todo demasiado bien: los objetos, el mobiliario, los hechos, las personas… De hecho, Marina guardaría y llevaría muy dentro, consigo, los cuentos de Hoffman. Ya veríamos a una futura escritora. Las niñas asistirán a un internado en Suiza donde vivirán en un estado de amistad universal y también acudirán a la escuela en Friburgo, donde la pasión de Marina por la lectura se acentuará. Cuando eran pequeñas, las llamaban las gemelas siamesas, aunque Anastasía era más delgada y bajita que Marina. Tuvieron una infancia llena de cultura, tanto por la que les ofrecían sus padres como por la que ellas querían.

Ya en la adolescencia veremos a una Marina obsesionada con Napoléon. Tuvo muchos libros suyos y se sabía de memoria su vida y sus anécdotas. Sería al final de su adolescencia cuando empezarían a publicarse sus poemas. Todo ello desapareció hasta que Anastasia los recuperó a los 43 años.

Anastasía tenía una manera de ver la vida llena de belleza. Mientras que Marina pecaba un poco de pesimismo. Anastasia sacaba la importancia de cada momento, cada detalle. Es un libro, este, que recoge los primeros poemas de Marina, las primeras lecturas, las primeras herramientas intelectuales. Resulta curioso que AnastasÍa tenga más cosas que contar de la infancia y la adolescencia que de la juventud.

Las de Tsvietáieva son unas memorias que parecen escritas sin una mirada retrospectiva, sino desde el pasado mismo, debido a la enorme cantidad de detalles, de hechos, de fragmentos que hilan la vida de Anastasía y Marina. Mientras Marina adquirió el lado más lírico y poético, Anastasía recogió el descriptivo y observador. Sus vidas pueden encontrarse en todos los libros que leyeron y podemos ver los primeros amores de ambas así como todas las ciudades que visitaron y en las que vivieron. Se contará la amistad de ambas con el poeta Ósip Mandelstam y también con Maxim Gorki. Pasarán los años y a Anastasía, Marina le seguirá pareciendo una joven romana. No pudo creer su muerte, de la cual se enteraría 2 años después. Asia iría en busca de lo que Marina dejó. Su rastro. Sus pasos. Sus huellas. Anastasía escribiría estas memorias a los 88 años, el año en que Marina hubiera cumplido 90.

Leer la vida de Asia y Marina es leer la historia en sí misma de la familia Tsvietáieva. Una historia que es digna de leer, de estudiar, de investigar. Sabremos más de una de las escritoras rusas más influyentes del S.XX. Conoceremos su vida más íntima y también más fiel a los ojos de su hermana.




La bufanda roja, de Yves Bonnefoy (Sexto Piso) | Traducido por Ernesto Kavi | por Francisca Pageo

Yves Bonnefoy | La bufanda roja

Creemos y vemos las memorias como un libro que contiene cientos o incluso miles de páginas, pero ¿y si esas memorias pudieran condensarse en tan sólo 180 páginas y esa vida estuviera llena de amor por la vida y la devoción por la poesía? Con La bufanda roja, Yves Bonnefoy plasma ese sentimiento y de qué manera. La bufanda roja no es ni más ni menos que todos los diferentes esbozos y anotaciones que Bonnefoy escribiera en cuadernos, a los que llamaría Idea de relato, por ejemplo.

Yves Bonnefoy habla de dónde viene y cómo ello haría mella en su escritura. Es totalmente relevante la importancia de su padre en su vida y cabe resaltar cómo, a lo largo del libro, se le cita pertinente y adecuadamente para aludir a lo que concebiría en su poesía. «El padre no sólo es un componente del complejo de Edipo, es también y quizá, sobre todo, el protagonista de un drama donde se juega el porvenir de la palabra.» En esos versos podemos comprobar cómo Bonnefoy hace uso de sus experiencias de vida y de la psicología para llegar a la palabra, la cual ya no sólo se subordina al concepto, sino que también sirve para expresar figuras. Y es que para Bonnefoy La bufanda roja es el emblema del vínculo de sangre.  Tanto es así que el silencio de su padre influiría en su escritura; su madre, asimismo, tampoco se quedaría atrás.

Este es un libro que Bonnefoy ha escrito caminando. Un caminar sobre la vida, sobre las metáforas y sobre los lazos que le unen a los demás seres. Y no sólo eso, también es un libro en el que el autor caminaría por las vanguardias, reflejadas de un modo u otro en su poesía. Es destacable la influencia de Max Ernst en su vida y en el surrealismo del que tanto disfrutaría Bonnefoy.

La bufanda roja es el logos de la poesía misma, y no sólo la de Bonnefoy, sino también la del mundo entero. El autor recoge su misterio, atrapa lo indecible y lo invisible y le pone palabras y nombre: Danae. Estamos ante un libro que traza el recorrido desde donde nace la poesía (en esa esfera mental y del alma) hasta su hallazgo en el papel. La bufanda roja es como el rastro mismo que la poesía lleva consigo. Bonnefoy halla sentido y esperanza en la poesía, al contrario de lo que expresa T.S Eliot en La tierra baldía. Digamos que Bonnefoy es capaz de encontrar en su literatura todo un mundo por expresar, por liberar y por el hallazgo de la capacidad para ser feliz. Para el autor la poesía es un símbolo en sí mismo cargado de imágenes. Como decía James Hillman: El corazón -que aquí encontramos como poesía-  no es tanto el lugar de los sentimientos personales si no el lugar de la verdadera imaginación.

Este libro es una profunda anamnesis.
La bufanda roja es lo previo a la escritura y a lo que reconocemos. ¿Puede la poesía tener una ontología propia? Gianni Vattimo nos lo aclarará en su pequeño volumen sobre las dos cosas, pero no buscaremos en él, si no que simplemente lo hallaremos en la segunda parte de este libro, a la que Bonnefoy da a las palabras y metáforas un cuerpo, una forma, algo que vive para sí mismo y para el resto de cosas. La bufanda roja es un libro para aquellas personas sumamente interesadas en la poesía más que en Bonnefoy mismo, pues en ella encontramos lo fundamental, lo absolutamente imperdible que debemos saber o que, más bien, queremos. De todo lo que hallamos en la poesía.




Cartas de amor a Konstantín Rodzévich, de Marina Tsvietáieva (Renacimiento)  Traducción de Reyes García Burdeus | por Francisca Pageo

Marina Tsvietáieva | Cartas de amor a Konstantín Rodzévich

Quienes hemos leído a Marina Tsvietáieva fervorosamente sabemos que no sólo su escritura era y es pasional, sino también el modo en el que vivía las cosas y, cómo no, sus relaciones amorosas; relaciones que, pese a llevar una vida corta, vivió intensamente. Mayormente, las relaciones amorosas que tuvo Marina fueron mentales, «idilios cerebrales» los llamaba ella. Estos idilios vendrían a ser con Sophia Parnok, Boris Pasternak y, especialmente, Rainer Maria Rilke. Con estos dos últimos mantendría una poderosa relación epistolar que podemos leer en alguna que otra edición al español de Cartas del verano de 1926. Pero no nos vayamos por las ramas. Aquí estamos para hablar de Cartas de amor a Konstantín Rodzévich, el amor más físico y sensual que tendría Marina y en el que hallaría otro modo de ser y vivir.

Konstantín Rodzévich fue amante de Tsvietáieva y este epistolario en el que sólo Marina escribe puede dar fe de ello. Marina se desnuda cuando escribe y sus cartas no son más que una prolongación de sus diarios (aquellos que hayan leído Confesiones – Vivir en el fuego (Galaxia Gutenberg), lo sabrán y lo verán si leen este libro.) Estamos ante 31 cartas escritas entre 1923 y 1938; y serán cartas que hablarán de la época en la que se encontraban y de la vida que Marina tenía y aprovechaba.

En estas cartas vemos a una Marina algo más despreocupada, aunque su hija Alia siempre estará entre sus prioridades y hará todo lo posible por que la vida de esta sea buena. En estas cartas sabemos de Konstantin por lo que cuenta Marina. Sabemos cuándo quedaron y cómo quedaron, pues estas misivas son como señuelos de sus citas y encuentros, señuelos que nos hablan de cómo Marina abordaba a Konstantin para tenerlo entre sus manos y su alma. Konstantin aquí es como ese pájaro que queremos alcanzar, ese del que queremos hacernos amigos y del que, de alguna manera inconsciente, viene a nuestras manos a comer porque sabe que en ellas tendrá calor y cobijo y algo de alimento.

Este epistolario es como una carta en sí misma del amor por el amor, pero aunque veamos a una Marina que aboga por estar continuamente con su amante, la pasión irá mermándose debido al profundo dolor que tendrá al tener que elegir a su esposo Sergei Efron por estar casada con él y tener que serle fiel, aunque su deseo sea estar con Konstantin. Me pregunto cómo habría sido la vida de Marina si hubiera dejado que sus impulsos eligieran por ella, aunque para qué contradecirme, Marina se suicidó… ¿No hay impulso más atroz pese a que este lo planificara?

Estamos ante un libro para perdernos en las palabras. Perdernos en lo que Marina sentía y que de algún modo no llegó a ningún lado. Palabras que se perdieron, que se quedaron en el limbo y que sólo se mostraron a la luz muchos años después de que Marina muriera, por orden de su hija Alia. Basta leer este epistolario para sentir amor y pasión, pero también algo de dolor y algo de soledad indebida. Las palabras de Marina son punzones, pero también son luz. Palabras luminosas que nos llevan al fondo del amor, de la pasión, de la vida.




Pequeño mundo, de Herman Hesse (Navona)  Traducción de Marinella Terzi | por Francisca Pageo

Hermann Hesse | Pequeño mundo

Pequeño mundo, publicado por Navona editorial, comprende los relatos tempranos de Herman Hesse, hasta ahora eran prácticamente inéditos en España. Estos relatos son profundos cuentos sociales que detallan la época del autor, y que hacen de la literatura de Hesse algo que de verdad vale la pena leer y experimentar.

Los temas de Hesse siempre son profundos y espirituales y en estos cuentos todo ello no se queda atrás. La literatura de Hesse es así. Es una literatura nacida de las entrañas. Y, de hecho, la superficie de la escritura del autor es como si estuviera escrita en braille. Hay en ella picos de lucidez y extrañeza, pero también picos de expresividad y llanuras en las que perderse.

Hesse siempre abogará por personajes cuyos pensamientos y sentimientos vemos a flor de piel. Sus personajes principales son personas que no encajan en la sociedad, personajes que de alguna manera el autor ha creado a partir de sí mismo, pues él fue una persona que rehuía de la masa, extremadamente lúcida para la sociedad (de hecho, esto le llevó a sufrir depresión a lo largo de su vida) y que de alguna manera intentaba sacar lo mejor de ello, ya fuera escribiendo o pintando. Volviendo a los personajes de estos relatos, cuyos protagonistas principales siempre serán hombres, todos ellos muestran un arduo trabajo interior que se verá recompensado por las circunstancias que Hesse les hará tener. Estas circunstancias vienen sobre todo dadas por el destino al que se ve arrastrado el hombre. Un destino que anticipadamente vamos creando conforme avanzamos en la vida y al que nos vemos abocados de alguna manera inconsciente y espiritual. Somos y seremos lo que hacemos de nosotros, pero también seremos lo que ya somos.

Aquí la vida es una herida y la sensibilidad que el autor apuesta por la belleza es primordial. Las vidas que vemos aquí no son más que futuras cicatrices en las que hurgar, en las que nos vemos y no nos da miedo mirar, en las que las aventuras y encuentros de los roles que encontramos podemos hallar de manera directa en nosotros. De hecho, las cosas que interesan a los personajes son las cosas que interesan a Hesse. Es como si estos relatos no fueran nada más y nada menos que los profundos temas transversales que el autor tiene en su vida. De alguna manera leemos Pequeño mundo leyendo también la vida de Hesse. Y la vida de Hesse fue una profunda herida de la que se curó, de alguna manera, escribiendo.

Leamos Pequeño mundo para conocer más al autor. Leámoslo porque nos interesa conocer la vida sufriente pero también placentera de un hombre que siempre buscó y buscó en sus personajes para encontrarse a sí mismo. Y también para encontrarnos a nosotros.




El arte y el resto, de Manuel Saiz (Ediciones Asimétricas) | por Francisca Pageo

Manuel Saiz | El arte y el resto

¿El arte transforma el mundo? Deberíamos preguntárnoslo antes de empezar este libro. Para Manuel Saiz, el artista que lo escribe, el arte no sólo transforma el mundo, sino que es el propio mundo el que transforma el arte. El arte y el resto es un libro sobre el arte y para el arte, un libro que conlleva una serie de no-principios en los que ahondar, preguntarnos, profundizar hasta no saber cómo decir lo que presenciamos al leerlo. Al igual que Isidoro Reguera, el introductor del libro, me adentro en estos textos sin saber nada del autor, ni de su persona ni de su trabajo, por lo que contextualizar este libro se vuelve si acaso más difícil. De hecho, no es un libro fácil. En él se recoge la experiencia del arte de Manuel Saiz y para él el arte no es más que ironía y paradoja.

El arte es ausencia, uno nunca está consigo mismo, sino con los materiales. Cuando uno crea está más allá del mundo, está directamente en otro mundo. El arte siempre innova sobre sí mismo y es autónomo en cuanto al mundo, aunque ambos no puedan vivir el uno sin el otro. Crear es estar en un laberinto mental al cual no sabemos exactamente cómo llegamos. Ni siquiera sabemos cómo ni adónde vamos a salir.

Saiz habla del objeto artístico, tanto en vista del espectador como del artista. Para este último, las obras artísticas no son más que un salvavidas. De este modo, ¿es el arte un método para salvarnos a nosotros mismos? Como artista y espectadora, podría decir que sí rotundamente. El arte nos salvaguarda del mundo, de ese mundo que nosotros no hemos creado, sino el que otros han creado.

Estos escritos son toda una crítica al arte y es desde el arte y el no-arte hacia donde van dirigidos. Hay cierto pesimismo en el libro, como si el artista encontrara en el arte algo vacío, sin vida y muerto, pero ambivalentemente es en el arte donde encuentra razones y excusas, donde halla principios y ciertas concesiones. Yo, sin embargo, veo el arte como una excusa para hablar del mundo y del ser humano, de lo que sucede dentro y sucede afuera. Disto mucho de lo que Saiz advierte en este libro, pero a la vez encuentro interesante cómo mi concepto del arte dialoga con el suyo, creando otros modos de afrontar el arte y la realidad, los conceptos y las ideas. El autor hace un especial hincapié en la política y la función que el arte tiene en ella. También es bastante notable el trato sobre el arte en la muerte, que nos incita a preguntarnos y contestarnos continuamente.

Saiz habla de la economía en el arte, de su objeto y cómo este se ve mercantilizado. Habla del valor de la pieza artística y cómo esta sólo cobra presencia al terminar la experiencia artística. Para el artista, el arte destruye y no construye, ¿pero qué destruye exactamente? ¿Lo que conocemos por realidad? ¿Lo aún no creado? De alguna manera hay cosas que no logro ubicar ni entender en algunos de estos textos. El arte y nuestra manera de verlo con respecto a los demás, en cierto modo, es críptico en sí mismo. Se tornan demasiado paradójicos los textos de Saiz, lejos de un entendimiento de la percepción artística y más cerca de allá donde el caos reside.

El arte y el resto es un libro que está hecho para preguntarnos. Continuamente. Al menos Saiz es lo que hace y él mismo se contesta escribiéndolo. El arte como pregunta y como respuesta. El resto como pregunta y como respuesta. Todo arte conlleva a eso, estemos de acuerdo o no.




Cárcel, de Emmy Hennings (El Paseo) Traducido por Fernando González Viñas| por Francisca Pageo

Emmy Hennings | Cárcel

Gracias a El Paseo Editorial llega a España algo que los amantes del dadaísmo necesitábamos en cierto modo: Cárcel de Emmy Hennings, el cual incluye su novela autobiográfica y el poemario Estrofas del éter. Para quien no conozca a la autora fue la principal precursora de lo que conocemos como dadaísmo y ello se puede ver, si queremos saber más, en la novela ilustrada que la misma editorial sacó no hace mucho, El ángel Dadá, la cual trata sobre su vida y su comienzo y final en el dadaísmo. De hecho, Emmy Hennings sería también esposa y amante de Hugo Ball, el autor y poeta alemán que iría de su mano al comienzo de esa nueva vanguardia.

Como ya hemos dicho, en este libro se recoge la narrativa autobiográfica de todo aquello que la autora pasó en la cárcel. Primero de forma preventiva y luego por condena, Emmy Hennings nos relata sus hechos y penurias en prisión, pero no lo hace con malas sensaciones, sino amable y detenidamente. Dentro de la cárcel, a pesar de lo paradójico, se le abrirían muchas puertas: la de la amistad, la del conocimiento hacia sí misma, la de la denuncia a la libertad que hay fuera y ella no posee. Pareciera que el paso por la cárcel de Emmy ya estaba destinado a ser, pues ella lo toma como un aprendizaje de la vida, saca de ello lo bello y lo infraordinario de las cosas. Pese a ser una cabaretera, Emmy es más artista de lo que ella cree, pues hace de su estancia en prisión una novela capaz de envolver lo más puro, lo más intrínseco del ser humano.

Para completar y complementar los escritos, también nos hallamos con las ilustraciones de Hans Richter, otro de los artistas dadaístas que nos dejaría un legado en videoarte sin igual. De hecho, Cárcel es un libro que detalla una época llena de pasión por lo nuevo, por lo intrínseco y lo que hace que el ser humano se aventure por nuevos valores, nuevos modos de experimentar la vida o nuevas sensaciones. La poesía de Hennings de hecho, es así. Evocativa y etérea. Agridulce, pero leve y extraña. Pareciera que su poesía pertenece a esos estados en los que las drogas nos podrían dejar, todo se reduce a una simple ensoñación en la que todo y nada a la vez pasa, pero en un estado tranquilo, plácido, y en el que, como ya he dicho antes, se abren puertas. Puertas a otro modo de experimentar y vivir la vida.

Cárcel es un libro sobre los valores de un nuevo mundo. Un mundo en el que, pese al robo y la prostitución, se halla lo que el ser humano siempre busca: la comunicación con otros, el aprendizaje con nosotros mismos y los demás, las vivencias que nos pueden hacer mejor o nos llevan abajo. Todo aquí tiene su razón y todo aquí nos habla de cómo una vida se encauza para obtener lo mejor de ella. Así es como saldrá Emmy de la cárcel, con esperanza y con todo un mundo por delante.

No hay duda de que Hennings poseía un mundo interior sin igual, no sólo hace falta que la leamos, sino que conozcamos su vida, el cómo trata a los demás y cómo lo toma todo para sí misma. No nos hallaremos indiferentes frente a lo que leemos aquí, pues nos haremos, irremediablemente, amigos de Emmy.




Vacaciones, de Blexbolex (Libros del Zorro Rojo) | por Francisca Pageo

Blexbolex | Vacaciones

BlexBolex es un ilustrador francés que se ha hecho un hueco en el mundo del cómic de manera directa y sin pausa. Con un estilo muy personal y cuidado, Libros del Zorro Rojo nos trae a España Vacaciones, una novelita gráfica que bebe mucho de ese mundo infantil y ligero, pero que a la vez contiene una moraleja que nos incita a buscar el trasfondo de lo que vemos e intuimos.

Vacaciones tiene una narrativa visual potente y discreta. La historia nos habla de una niña que, como el propio nombre indica, se va de vacaciones a la casa de su abuelo en el campo, en Stramhe exactamente. Lo que ella no sabe es que su abuelo tendrá otro invitado más, un pequeño elefante que buscará la travesura sin igual y con el que la niña tendrá sus más y sus menos. Cabe destacar el triunfo de la naturaleza en este libro y el uso de un horario en el que el transcurso de los días se va dando y marcando.

Estamos ante ilustraciones cálidas, que tienen el color del sol y el aroma del campo. Que nos llevan a la esencia misma de la infancia, a ese lugar en el que todas las cosas son posibles. Y lo son porque… ¿Cómo es posible que durante nuestras vacaciones estemos acompañados de un elefante? La niña y él tendrán un poco de celos, buscarán la atención del abuelo y buscarán la vida ahí fuera, donde los demás animales y los bichos y las plantas y árboles nos incitan a jugar y a vivir con ellos.

Vacaciones no es un libro normal y corriente, sino un libro en el que buscar el fondo de las cosas sin necesidad de palabra alguna. Aquí las palabras las encontramos una vez observamos. Pero no son palabras cualquiera, sino palabras como sosiego, calma, aventura y pasión. Palabras que siempre dan lugar a aquello que siempre queremos tener y poseer. Es como un libro-deseo, un libro que está en ese mundo en el que queremos habitar pero que en el fondo ya tenemos dentro de nosotros. Vacaciones es nuestro mundo interior pese a sumergirse la historia, de lleno, en la naturaleza. En él están las pasiones, los impulsos, la nostalgia, el amor, el juego y la búsqueda. Es un libro que nos hace sentir sin mediar palabra alguna, que evoca lo innombrable, aquello de lo que ya no sabemos hablar.

De este modo, busquemos en nuestro interior. Leamos Vacaciones para adentrarnos en él. De la mano de una niña y un elefante, de la mano de aquello que hemos relegado (la mayor parte de nosotros) en nuestra vida adulta: el juego, la imaginación y la inocencia. No estamos ante un libro sólo para niños y niñas, sino también para adultos, para aquellos que buscamos más y más sea donde sea y en el lugar que menos esperamos. Vacaciones nos sacará de nuestro asiento y nos hará sentir nostalgia, quizá por algo que tuvimos, quizá por algo necesitábamos.




La paciencia de los árboles, de María Sotomayor (La Bella Varsovia)   | por Francisca Pageo

María Sotomayor | La paciencia de los árboles

Reeditado de nuevo por La Bella Varsovia, con un epílogo de Luna Miguel y nuevos poemas de María Sotomayor, La paciencia de los árboles se consolida como uno de esos libros imprescindibles dentro de la poesía española. Si ya María aborda un mundo interior lleno de sensibilidad, de amor por lo ínfimo, la belleza y lo natural, La paciencia de los árboles se convierte en el centro de aquello a lo que María vuelve una y otra vez: lo perdido pero a la vez encontrado, lo que se esfumó pero que a la vez volvió.

Como dice la dramaturga Paloma Pedrero, hay que convertir el dolor en belleza y pareciera que María lo consigue. Ella aborda el Alzheimer que su abuela padeció. Aborda lo que su madre y ella cuidaron. Aborda lo que, en su extremo y radicalidad, significa el verbo cuidar. Cuidar es amar. Amar lo delicado, lo frágil y lo que es por sí mismo, pero también aquello que a la vez es fuerte y nos hace fuertes.

Es curioso cómo un libro que describe en modo poético, a modo de homenaje a su abuela, lo que es el Alzheimer, aquí se convierte en recuerdo. Un recuerdo que la autora lleva consigo y que por mucho que se esfuerce la vida en ser lo contrario, nunca olvidará. Y nosotros tampoco, pues se halla reflejado, en palabras bellas y metáforas delicadas a las que volveremos una y otra vez.

Los recuerdos son parte de nuestro ser, lo que fuimos, pero también, de algún modo, son lo que hacen que seamos como somos. La poética de Sotomayor se hace así una poética de él, del recuerdo y del ser. La autora ramifica los sentimientos, las emociones, haciendo así un bosque al que alude constantemente. Un bosque que se nos muestra a ratos hojado y a ratos deshojado, pues el dolor se cuela haciendo que las hojas y las flores caigan en nuestro interior, en nuestro fondo, ese en el que no nos atrevemos a entrar por el terrible miedo al sufrimiento que podríamos llevar.

Con La Paciencia de los árboles aprendemos y tomamos en consecuencia el verbo amar. Somos partícipes de lo que María, su abuela y su madre vivieron. Participamos de aquellas historias que Magdalena Buenosvinos perdió pero que, de algún modo etéreo, intangible, la autora lleva consigo. María Sotomayor utiliza lo físico para hablar del fondo. Un fondo abismal al que sólo nos atrevemos a mirar con ella de la mano. A mirar acompañándola. A mirar con detalle lo que la amplitud del recuerdo de la vida, de los detalles que vemos y tocamos, nos dejan a su paso.

Leer La paciencia de los árboles es leer lo profundamente humano. Es leer lo que nos hace sentir y emocionarnos. Es leer la vida que fue, la que es y la que será. Hacer de una enfermedad lo que María Sotomayor ha hecho aquí es traspasar el umbral de la trascendencia humana. Ha sabido poner en palabras lo que conocemos como aprendizaje de una manera sutil y profunda, pero a la vez bellísima y humilde.

***

Es cierto que la soledad es siempre
lo que sujetamos en el último recuerdo.

***

[…]
Que el árbol tiene nombre de árbol
piernecitas frías
y la muerte por delante es una increíble
paciencia antigua
en nuestro sentir de árboles míos
míos no.

***

Un árbol
es el viento que me mueve.

 

[…]

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Escritos sobre pintura, de Henri Michaux (Vaso Roto)  Traducción de Chantal Maillard | por Francisca Pageo

Henri Michaux | Escritos sobre pintura

Dicen que la traducción es otra forma de interpretar el texto. Es, también, que el traductor lo haga suyo. Y es, de este modo, como la ensayista, poeta y traductora Chantal Maillard crea un diálogo con Henri Michaux en este libro, uno de los artistas que más ahondaron en el alma humana durante la época de las vanguardias, a pesar de que él no se considerase vanguardista per se. De hecho, él no pasaría por las vanguardias, sino que las vanguardias pasarían por él.

Estamos ante escritos que no sólo hablan de la pintura, sino de la mente, de los sentidos, del alma, del espíritu y la verdad. Como dice Alain Jouffroy, para Michaux la verdad jamás era algo parecido a un fin, sino el agujero en el que el pensamiento debe sumergirse para tocar fondo. El autor opta por la pintura porque apenas se halla en la palabra. Busca y hurga en el infinito y en las formas, en el contenido y en los trazos, los cuales no son más que “un signo en movimiento”. Sus pinturas y textos no son más que pasajes mentales que bordean los límites de la conciencia, pero no la limitan, sino que la extienden. Michaux pinta tal como escribe, lo dice él. Parte de su escritura está estrechamente relacionada con la experimentación de sustancias alucinógenas, como la mezcalina y el hachís, a las que recurriría para poder vivenciar otras formas de conciencia. Con ello pretendía hallar un lenguaje mediador, una lengua-signo.

En el libro aparecen sus dibujos y les da un significado, que no es ni más ni menos que el de pensamientos fragmentarios. No es la pintura lo principal en este libro, sino lo inexpresable y el hilo sobre el cual se mueve toda la creación interna y externa que el hombre lleva consigo. Michaux pinta para no vivir condicionado, para expandir su conciencia, llevarla a otros terrenos que no muchos somos capaces de ver, percibir o asimilar. Pareciera que Michaux es capaz de hallar un todo a la vez, tanto con lo que escribe como con lo que pinta, tanto con lo que habla como con todo lo que expresa. Michaux habla de la caligrafia y el carácter chino. En ellos halla un medio, un canal sobre el que expresarse para poder dar rienda suelta a lo que en su interior bulle. Se encontrará estrechamente ligado a ello y ahondará como afán estudioso en ellas.

Chantal Maillard ha hecho un grandioso trabajo aquí. No sólo por haber sido capaz de traducir lo inexpresable, sino por habernos traído el pensamiento de Michaux de primera mano, sin ninguna necesidad de mediaciones ni posibles adivinanzas, ya que el trabajo de Michaux es una gran adivinanza en sí misma. Él, que sondea en la verdad, nos da signos, claves para verla, pero esta queda de algún modo velada. Queda en el misterio como todo gran arte.

Escritos sobre pintura es un libro enorme. Un libro en el que la enseñanza por la forma directa de ver la mente humana se destripa y desmenuza para dar paso a la expresión artística. Y no sólo ella. La expresión también es filosófica y ancestral, pues Michaux no se mueve sólo en lo contemporáneo, sino que es capaz de ir a lo primitivo y a la esencia misma de las cosas. Michaux habla con el signo, esa lengua predecesora al lenguaje hablado y escrito. El signo de lo que aún no se ha creado y todo está por hacer. El signo, la esencia de todo gran arte.

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Collage: Francisca Pageo
Texto: El cuento de la criada de Margaret Atwood
Música: Bing Ruth – Here is what you were missing
Voz y arreglos: Isabel Hernández

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Los espacios de la muerte viviente, de Lászlo  F. Földényi (Galaxia Gutenberg)  Traducción de Adan Kovacsics | por Francisca Pageo

Lászlo  F. Földényi | Los espacios de la muerte viviente

Lászlo  F. Földényi, escritor, crítico de arte y traductor, es uno de los mayores referentes en el ámbito del ensayo en Hungría. Con este libro, Los espacios de la muerte viviente, editado por Galaxia Gutenberg, nos adentramos en la ciudad y su representación en apenas 70 páginas que van cargadas de imágenes y multitud de referencias en las que visualizar todo lo que el autor trata.

El libro es una continua referencia al cuadro con el que De Chirico y Földényi se hallarán obsesionados, Vista arquitectónica de Giorgio Martini. Para De Chirico, la idea no es independiente de la cosa, sino idéntica a ella. A raíz de esto veremos las imágenes del pintor como esencialmente lo que De Chirico ve, a pesar de su surrealismo. De Chirico concebiría el mundo de los sueños como parte también física del ser humano y no sólo metafísica. Mientras De Chirico representaba y escribía en sus diarios sobre la arquitectura y las ciudades posibles, Kafka las viviría y experimentaría no sólo con sus escritos, sino también con su modo de vivir en la ciudad.

La arquitectura no sólo se creó para ser habitada, sino para ordenar y embellecer lo que conocemos como ciudad. Una ciudad, o ciudades, que aquí el autor nos muestra como aniquiladas, llevadas al mismo caos pero rigurosamente ordenadas por sus infraestructuras, sus líneas, detalles y salientes. Según San Agustín, toda ciudad alude a la estructura de una ciudad ideal y vemos como a lo largo del libro esta se va representando conforme a cada época. El objetivo de la arquitectura es regular la vida, tener un control sobre los elementos. De este modo el autor también hace hincapié en diferentes tipos de edificios simbólicos, como lo son las cárceles o instituciones de tipo Panóptico. De hecho, tampoco es casualidad que en las imágenes de ciudades ideales no haya ningún rastro de huella orgánica, esta es, de huellas que nada tienen que ver con lo que el material construido nos presenta. Estas ciudades serían representadas principalmente en el Renacimiento, época en la que Földényi centrará cierta parte de sus escritos. Esto nos hace pensar por qué toda ciudad ideal la imaginamos parecida a aquellas hechas en el Renacimiento, ¿las imaginamos así por haber visto estos grabados y pinturas o las imágenes mentales vinieron antes?

El autor expone cómo las épocas van cambiando en la ciudad y cómo los edificios que en un tiempo fueron destinados a engrandecer un pueblo pasan a ser olvidados y relegados a un segundo plano. Véase los que se construyeron bajo el mandato de Hitler en Alemania. Con esto nos damos cuenta de que el espíritu de la naturaleza no se halla sólo en ella misma, sino también en las cosas que hemos construido, teniendo su propia evolución y transición a otros modos de vivir y ver la ciudad. ¿No son acaso las ruinas eso mismo? ¿Y el propio arte?

Los espacios de la muerte viviente es un libro sobre las edificaciones que construyen la ciudad y sobre los lugares en los que uno se halla. Un libro que nos presenta la vida en su forma más material pero también simbólica y llena de referentes a los que deberíamos ir más a menudo para comprender por qué, cómo y a qué lugar pertenece cada edificio en el que habitamos, queremos habitar y que fue construido.

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Pajarito, de Claudia Ulloa Donoso (Pepitas de Calabaza) | por Francisca Pageo

Claudia Ulloa Donoso | Pajarito

Claudia Ulloa Donoso es una de las nuevas voces más destacadas de la literatura latinoamericana, aunque en España sólo la hayamos conocido por esta reciente publicación de Pepitas de Calabaza. Pajarito no sólo es la historia de un pájaro, como se indica en el primer cuento, sino también la de otras muchas. Historias sobre la vida, sobre sus vivencias, sus obsesiones y los lugares habitables.

Con Pajarito estamos ante un libro de relatos, de pequeños cuentos que se entretejen entre sí. Hay pequeños hilos conductores que unen los relatos reuniéndolos con diferentes temas que nos darán una pista sobre lo que cada historia nos relata. Ulloa Donoso no nos los explica, sino que deja que nuestra imaginación sea la que quiera poseer todo lo que en cada relato podemos ver o apenas entrever. Pareciera que Claudia habita la palabra desde el primer momento en que se origina, pues ellas se ven aquí sin ningún filtro. No se ve una reflexión al leer estos cuentos, sino que más bien son un esbozo sobre (y de) la realidad. Una realidad que tenemos aquí y ahora, y que aun así se torna atemporal. Estas historias tratan de Claudia, pero también de ti y de mí. No hay huecos ni un personaje vacío en el libro, todo tiene su lugar y su razón porque así lo ha hecho la vida. Pareciera como si estas historias pertenecieran a esas conversaciones entre conocidos en los que dejamos que la otra persona nos conozca. Eso es lo que hace Claudia, para que la conozcamos a ella y también para que conozcamos el mundo. Cada historia es un tema sobre nosotros, sobre la vida, sobre aquello que pasa desapercibido y nos hace querer brindar por la belleza de las cosas.

Los diferentes temas, como lo será Aquí y allí, recogen los pequeños testimonios sobre la vida de la autora en Lima, en el Círculo Polar Ártico y en España. Cada lugar, uno en cada punta del mundo, nos da una manera de vivir la vida y de tratarla. Me pregunto si el alma de Claudia tiene algo de nómada, porque en estos textos pareciera que cada lugar en el que ha habitado y vivido es su lugar, pues saca de cada uno la belleza y esencia del espacio en el que está. Como habitante de Valencia me identifico no estrictamente, pero sí esencialmente, con la estancia que tiene la autora en ella. Claudia Ulloa Donoso narra la vida, y cómo lo hace. Lo hace de manera tranquila, con cautela, contando cada palabra y uniendo una con otra como si te estuviera contando de tú a tú sus vivencias, su modo de vivir las cosas y su modo de verlas. «De mi madre también tengo los ojos, no la forma, pero sí la capacidad de ver el detalle más pequeño de las cosas que nos rodean», dirá en su relato Recuerdo. Y qué razón. Con esta frase no ha hecho más que resumirse a ella misma, pues sabe ver con detalle y minuciosidad las cosas que la rodean.

Se hace destacar la obsesión de la autora con los líquidos y la sangre, lo cual en cierto modo se vuelve también como una obsesión ante lo que significa la existencia. Sin agua, ella no existiría. Es una obsesión que podemos ver materializada, ¿no estamos hechos, acaso, de agua? Y sangre. Claudia hace que esta última corra por nuestras venas, hace que pensemos en ella y hace que la busquemos, incluso. Sin sangre, ¿qué es un ser que siente? Podría ser una planta, pero Claudia habla de lo puramente humano. De lo que nos hace ser persona.

Leamos Pajarito. Leamos estas historias que son una para hacer de la vida un cúmulo de palabras que son sentidas, que son vivenciadas y que son dichas para hacernos ver un modo de existencia que es único y a la vez es de todos.

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