Beware of the dog, de Alex Llovet (Ediciones Posibles)   | por Francisca Pageo

Alex Llovet | Beware of the dog

Si con Faraway so close Alex Llovet miraba hacia adentro y hacia afuera, con Beware of the dog, su nuevo fotolibro publicado en Ediciones Posibles, una nueva editorial de la que además es responsable, sucede al revés: es el propio fotolibro quien mira hacia adentro y hacia afuera. Alex hará uso de su cámara entre 2014 y 2017 para mostrarnos no sólo lo que haría con su mujer y sus dos hijas durante sus viajes por Inglaterra, España, Francia y Marruecos, sino lo que también se preguntaba y necesitaba dar salida de sí mismo. De algún modo aquí ocurre algo que hace que estemos pendientes de qué sucede en este fotolibro, pues abraza la pregunta y apenas da respuestas por mucho que lo miremos y observemos, por mucho que ahondemos en él.

Beware of the dog es un libro enigmático. Los dos retos de Llovet con esta obra eran trabajar simbólicamente la metáfora de la realidad y crear un libro único, especial y particular que abogue más por el libro de artista en sí que por un fotolibro cualquiera. Aquí fondo y forma estarán cercanos e inseparables al mismo tiempo. Es, de hecho, un fotolibro que tendrá un recorrido único y particular, pues tendremos que ir volteándolo, moviéndolo de manera circular (ya el título hendido en la cubierta nos lo está indicando) para hacernos sentir incómodos, alertas ante esa confrontación con la realidad, con los hechos, con lo implica crecer y experimentar.

Ya con su presentación, un papel que lo envuelve en el que veremos huellas de gato y que tendremos que desgarrar para poder abrir el libro, nos encontramos ante la primera pregunta: ¿Qué estamos rompiendo realmente? Este es un libro que, disparado por el corazón y pensado por la cabeza, nos hace pensar y voltear el libro como si estuviéramos buscando algo. Me comentó Llovet que sólo vemos lo que conocemos, lo que nos lleva a pensar que el autor ve cosas que otros, o somos incapaces de ver, o no llegamos a ello. Sí que veremos en un recorrido a través de estas páginas el paso del tiempo; de cómo los retratos de sus hijas pasarán a otros retratos durante la madurez y la muerte. ¿Pero acaso el paso del tiempo no nos hace afrontar el miedo? Es exactamente eso lo que hace Llovet con su cámara, defenderse de ese miedo, de esa inquietud, de ese paso de lo ingenuo e inocente hasta nuestras sombras y nuestros más íntimos miedos. Aquí hay una conformación de la identidad, un aprendizaje vivencial, de la vida y de la propia persona. De alguna manera las fotografías son como esas cicatrices que nos recuerdan lo aprendido, que nos recuerdan que estamos aquí y ahora pero que también nos mandan al pasado y hasta el incierto futuro. Ya lo dice Llovet en los capítulos del libro: Nadie sale de la infancia ileso.

Beware of the dog nos hace buscar en nuestro fondo. No sabría decir si aquí vemos reflejada la libertad, pero la hallamos de alguna manera a través del color de las imágenes, de los bosques, del reflejo de la infancia ante nuestros ojos. ¿No es acaso la libertad lo que más buscamos en esta vida? Creo que Llovet se hallaba libre al disparar con su cámara, pues la llamada de la naturaleza en estas páginas es poderosa y, además, es algo que se ve presente a lo largo de la obra de Llovet. De un modo u otro, con este fotolibro nos encontraremos ante un estado eterno aunque se refleje el paso del tiempo; porque eternidad no es lo mismo que inmortalidad. Y aunque conceptuelicemos la muerte y el paso del tiempo, la fotografía es eterna como la naturaleza y el cielo.

Busquemos preguntas, veamos este fotolibro lleno de ellas. Busquemos razones para apreciar la fotografía, los conceptos y las razones de por qué disparamos con la cámara. Creo que Llovet ha dado un paso adelante en su trabajo y en él encontramos pistas de cómo la propia fotografía evoluciona con nosotros. Con nuestras vivencias y experiencias. Con nuestros miedos y pasos. Con todo.




Retirada, de Pureza Canelo (Pre-Textos)   | por Francisca Pageo

Cómo escribir sobre poesía si cada poema es un abismo. No lo digo yo, lo dice Pureza Canelo. Pienso en toda la poesía que habrá leído Pureza, en todos sus poemas escritos y no escritos, en todas las palabras que quieren salir y saldrán e incluso en las que Pureza se guarda para sí, como si cada una de ellas llevara el peso del mundo, el peso del amor y la dedicación. Con Retirada, editado por Pre-Textos, Pureza Canelo alberga la palabra como si esta fuera el agua de un cántaro. Nosotros la bebemos porque necesitamos su agua fresca, su agua limpia, su agua que purifica nuestras más íntimas esperanzas. La poesía de Pureza es clara y pura, viene de su corazón y de su alma, y su mente no es más que un velo por el que Pureza pasa a tientas.

Cómo escribir sobre poesía si ella es escurridiza. Esta se mueve a través de nuestras manos y a través de nuestra mirada. Pureza Canelo busca en la vida y encuentra. Encuentra belleza, el alma de las cosas, recovecos de una vida efímera y entusiasta. Retirada es de un modo u otro una búsqueda de la poesía. Pureza busca en los momentos cotidianos, en los momentos más ínfimos y delicados, y en ellos se detiene y hace pausa para observarlos, para sacar de ellos la esencia de las cosas y de la vida. «Este libro me busca como expiación, y avanza», dirá Pureza.

Cómo escribir sobre poesía si la poesía ni empieza ni termina nunca. Asimismo, si la poesía ni empieza ni termina nunca, Pureza se halla en los bordes y en el centro de la poesía misma. En la sangre, en la piel, ¿dónde terminan y empiezan ellas?Aunque la poesía de Pureza es una poesía no corporal, sí que es táctil a su devenir. Podemos tocarla, apreciarla, sentirla con nuestros dedos y nuestras manos, tenerla aquí, en nuestra piel. De algún modo hay algo en ella que se pausa en nuestro cuerpo, como si las emociones tuvieran lugares propios en él, lugares donde palpitan, donde bullen y se entremezclan con esa parte de nuestro ser.

Escribamos sobre poesía porque es necesario. Es imprescindible que las palabras bullan en nosotros, que no sólo se queden en nuestra piel y la traspasen hasta llegar a nuestra alma. Es imprescindible que las palabras sean pasadas al papel una vez que las filtramos y las hacemos nuestras. Así, Retirada de Pureza Canelo, deja un poso en nosotros. Un poso lleno de incertidumbre, de duda, pero también de belleza y amor por la palabra y la emoción. Hagamos así que esas emociones táctiles, esas emociones que cada serie de versos y palabras nos han llevado hasta aquí, las escribamos al papel, que hablemos de ellas. Eso es precisamente lo mágico de la poesía de Pureza, como su nombre, como lo blanco en un cielo que refleja la nieve, como el canto de los los pájaros cuando precede a la aurora.

«Hay una telaraña de nube cuando está amaneciendo. Grisácea, después tomará color rojizo, más tarde desaparece sin movimiento.

Esta comunión de humano y planeta no deja de ser un sueño.»

«Sobre la cal el sol se escampa. De ella niños antiguos despegábamos capas para teñir la acequia de blanco entre los frutales de la tierra.

Pared de fulgor, se yergue en horas. Tanta reverberación hace alrededores vacíos, puro deslumbramiento, desaparición de las formas. Heridos de blancura pájaros chocan y quedan expuestos en la vitrina de aire.

Lienzo pleno, nunca un verso soñara alcanzarlo en el rumbo de la mañana. El paso de las horas se irá llevando el resplandor. Los cielos cambian de encomienda. El alma hace su camino.

Y la cal en noche, la ceguera como luz. Una y otra son vivir. Noche y día pertenecen a un golpe de cálculo lírico.»




Villa Diodati (Verano, 1816)de Ana Sender (Avenauta)  | por Francisca Pageo

Villa Diodati (Verano, 1816) | Ana Sender

Es verano de 1816 y en Ginebra, en los Alpes suizos, hay una villa llamada Diodati en la que se juntarán cinco escritores que en su época, y mucho más tarde, tendrán un gran peso en la literatura universal. Estos serán Mary Godwin-Shelley, Percy Shelley, Lord Byron, Claire Clairmont y John Polidori. A raíz de una reunión, ese verano, en esa villa, nacerán los seres que más tarde conoceremos como Frankestein (creado por Mary Shelley) o El vampiro (creado por Polidori). De este modo, Ana Sender, ilustradora, creará su particular Villa Diodati (Verano, 1986), en la que nos narrará de manera visual y poderosamente sugestiva esta reunión, este encuentro tan fructífero y tan lleno de inspiración y fulgor.

Villa Diodati (Verano, 1986) es un cuento para niños y adultos, para aquellos que saben de qué trata esta historia y para los que no, para aquellos que buscan la esencia de las cosas y para los que simplemente quieren deleitarse con ella. Los protagonistas de este librito nos mostrarán sus sombras, sus miedos y deseos, y nosotros los acompañaremos como si fuéramos la escoba de una bruja y ellos la misma bruja—la bruja necesita de la escoba para volar, para ir de un sitio a otro, para cumplir sus cometidos. Nosotros, de este modo, no sólo nos convertiremos en el deseo de Ana Sender y los personajes de esta historia, sino que también nos convertiremos en los protagonistas de este cuento porque con él también aumentarán nuestros deseos, nuestros miedos, nuestras sombras más arraigadas. ¿No es acaso eso lo que buscamos en las historias de terror? Aquí el terror yace y subyace sobre todo y entre todos. Estos escritores buscarán y hallarán la manera de hacernos enmudecer, de hacernos creer en otras vidas e historias que los humanos pueden crear, de hacer que nos deleitemos con la fantasía, con lo que no conocemos, con lo bello y la elegancia de historias que vienen del fondo de los fondos más humanos y más tenebrosos.

Las imágenes aquí encontradas son bellas y persuasivas, tan bellas que lo terrorífico pareciera un sueño sacado de un cuento de hadas, pero no va de hadas la cosa, sino de monstruos; de esos monstruos tan arraigados a nuestras sombras, nuestros miedos. Ana Sender ilustra tan bien que nos quedamos con ganas de más, con ganas de que la historia no hubiera tenido un fin; o, espera, ¿acaso la literatura termina y acaba? Esta historia no lo hace, pues perdura en nosotros como de una anécdota que también nos hubiera pasado. Así mismo, Ana Sender recoge una anécdota universal, de todo nuestro mundo, para que nosotros seamos también partícipes de ella de una manera pausada y lenta, así como elegante y formal, pues así son sus ilustraciones. Esta historia, aquí a grafito, no es ni más ni menos que la esencia de la literatura de terror. Quizás yo no haya leído mucho de ella ni sobre ella, pero con este librito me gustaría saber más, conocer más y adentrarme más en ella.

Hagamos una inmersión en Villa Diodati (Verano, 1986). Introduzcámonos en sus claroscuros, sus tonos grises y a veces con un toque de color, en la esencia literaria subyacente a los libros que universalmente conocemos. Seremos un poco más felices porque la belleza de la inspiración también vendrá a nosotros.




Lo que Maisie sabía, de Henry James (Gatopardo) Traducido por Sergio Pitol | por Francisca Pageo

Henry James | Lo que Maisie sabía

Maisie es una niña, una niña a la que le tocará vivir entre tres mundos. El de su padre y el de su madre, pues ambos se separarán, y el suyo propio. Maisie tendrá que vivir la custodia compartida, en la que cada 6 meses tendrá que cambiar de casa, de papás y niñeras. Maisie ahora tendrá 2 padres y dos madres, pero también las madres serán aquellas que realmente cuiden de ellas. Y su nuevo padre, al que tanto apreciará y amará y querrá para siempre pese a todo lo que Maisie, de alguna manera, sabe y no sabe. Pero ella es lista y hará todo lo posible para hacer que las cosas parezcan más amables, o quizás no; de eso se encargarán sus niñeras, con las que la relación de amor-odio será total e intrínseca. El problema de la gran Maisie será que sus padres ya casi nunca estarán más con ella. Ellos estarán ahí, como telón de fondo, dejándole que vaya paso a paso indirectamente.

Sin embargo, para Maisie sólo existirá el presente. Con todo lo que vivirlo conlleva. Maisie aprenderá a callar, pues sabe demasiadas cosas. Demasiadas palabras y demasiados silencios en los que todo y todos hablan. «La vida era como un larguísimo corredor con infinitas puertas cerradas a ambos lados. Maisie había aprendido a que lo más sensato era no llamar a esas puertas.» Es como si la niña fuera más adulta que los propios adultos. Una niña que piensa y piensa, que sabe cuándo callar y sabe cuándo tendrá que hablar. De hecho, será una niña totalmente curiosa por su mundo, por lo que le rodea, por el conocimiento.

En Lo que Maisie sabía hay una narrativa puramente visual y pareciera que el espírítu de Fanny y Alexander de Ingmar Bergman también estuviera aquí. Vemos este libro de manera viva y lumínica, como si la historia contuviera una gran historia fílmica, con sus luces cálidas por ese toque que solemos dar al S.XIX. Un toque cercano e iluminador, pero también denso como el de una habitación iluminada sólo por velas. Velas que iluminan más las sombras que los propios objetos y personas en sí. Pareciera que son las sombras las que se iluminan a sí mismas y los objetos y personajes sólo fueran las sombras de estas sombras. Quien lea Lo que Maisie sabía sabrá a lo que me refiero, pero también es cierto que es de esta manera como es en sí la literatura de Henry James. Hay claves como esta, así como también hay claves en relatar la vida de la infancia a través de la oscuridad, de lo invisible, de los hilos que mueven el mundo entre lo indecible y lo oculto y lo que se dice y lo visible. James maneja extremadamente bien esto. La narrativa que tiene es especialmente misteriosa y tratará de darnos pistas, claves, pequeños señuelos para saber por dónde tenemos que ir, por dónde tenemos que pasar y no pasar; pero pasaremos por donde no deberíamos y descubriremos aspectos que creíamos olvidados y que están escondidos muy a fondo.

Lo que Maisie sabía es la historia del escondite. Maisie calla para esconderse, como también calla para sobrevivir. Sobrevivir porque a todos aquellos a los que se aferra se irán de su lado, de una manera u otra. Sobrevivir porque si Maisie no callara, todo iría a peor e iría como una barca sin remos a bordo. Leamos Lo que Maisie sabía para otorgarnos el poder de sucumbir a lo escondido sin perdernos. James sabrá y hará que nos mantengamos a flote, sin saber cómo, pero nos ayudará a bucear por las sombras de las velas que se iluminan a sí mismas.




La acompañante, de Nina Berbérova (Contraseña) Traducido por Marta Rebón | por Francisca Pageo

Nina Berbérova | La acompañante

Pese a que para un selecto grupo de personas Nina Berbérova sea una de las más grandes autoras rusas del S.XX, pocos la conocíamos. Afortunadamente, Editorial Contraseña se ha animado a traernos, de la mano de la gran traductora Marta Rebón y con un estupendo epílogo suyo y de Ferrán Mateo, la novela La acompañante.

La acompañante es la historia de Sonia, una hija ilegítima, pianista, que se irá por los caminos del espectáculo junto a María Trávina, una diva que cantará como los ángeles y que dejará en sombra a la primera. La historia, que será más contada por Sonia que por María, transcurrirá en San Petersburgo, Moscú y París. Lugares en los que la cultura parece que lo es todo. Lugares en los que uno puede desarrollarse y dar de sí todo lo que tiene para dar; pero para Sonia no será así. Para Sonia todo irá a peor, pues cada vez estará más relegada y será la sombra de María, a la que admira pero también envidia, a la que sigue allá donde va pero a la que también intenta no emular. Sonia querrá ser una luz propia en su camino, pero su apariencia no irá al gusto de los cánones de la época, no tendrá ningún carisma frente a las personas y será enormemente críptica consigo misma y con los demás. Pasarán los días por la historia de Sonia y María hasta que un revólver hará que suceda algo que cambie las cosas para siempre.

Como dicen Rebón y Mateo en el epílogo, La acompañante es una historia del yo. Hay todo un recorrido por el mundo que Sonia describe de sí misma que nos hará sentir la novela como un diario, como un lugar en el que confesarse, al que acudir frente a todo, al que ir a apoderarse de las situaciones y los hechos. Berbérova conoce muy bien a sus personajes y es como si no sólo los hubiera dotado de una profunda psicología, sino que también conoce muy bien cómo deben de comportarse ante las circunstancias y los hechos, y también consigo mismos. Berbérova hace que nos sintamos más parte de Sonia que de María Trávina; de algún modo hace que nos acerquemos más a ella pese a ser María la carismática, la diva, la “popular”. Para nosotros es todo lo contrario, Sonia se nos hace más carismática que María y, además, es la que hace que la novela sea todo un paisaje y recorrido hacia el self; el sí-mismo. La acompañante es la búsqueda de Sonia a la realización de ésto último. Pero es un camino que no es recorrido por la luz, como se nos podría presentar, sino por las sombras de Sonia, por sus aspectos más negativos y más intrínsecos a lo que moralmente no deberíamos hacer.

Aunque la historia de La acompañante surja de los deseos más innobles de los personajes, lo que aprenderemos de ella será todo lo contrario. Además, es una historia y narrativa elegante, que nos hace ponernos muy fácilmente en aquella época en la que pareciera que la cultura de la alta y media burguesía es como si lo ocupara todo. Acompañándonos de la supuesta acompañante y su diva, haremos mecer a nuestra mente con pensamientos sobre cómo debemos y no debemos ser. Así, Nina Berbérova se transforma en una gran filósofa de la narrativa como todos los grandes autores rusos que ya conocemos. Habiéndolos leído. O no.




Escribir y meditar: La obra de Marguerite d’Oingt, cartuja del S.XIII, de Sergi Sancho Fibla (Siruela) | por Francisca Pageo

Sergi Sancho Fibla | Escribir y meditar: La obra de Marguerite d’Oingt, cartuja del S.XIII

Por primera vez en España nos llega de la mano de Sergi Sancho Fibla un monográfico completo y exhaustivo de Marguerite d’Oingt, una cartuja francesa del S.XIII que se dedicó a la escritura y a la meditación como si nada más existiera, como si no pudiera hacer otra cosa; dedicándose en cuerpo, alma y mente al Dios padre cristiano y a su hijo Jesucristo. Nos hallamos ante un libro con un punto de vista antropológico e histórico y por ello se verán anotadas múltiples notas de página de los textos originales y referencias en las que buscar y hallar más conocimiento sobre la vida monástica de aquella época, en la que se creó todo un movimiento con bases teológicas y literarias entre las monjas; como también lo fueron, a parte de d’Oingt, Marguerite Porete o Juliane de Norwich.

El libro es toda una introducción y ensayo sobre el acto meditativo de las cartujas y sobre cómo éste será para Marguerite el gran paso para unirse en espíritu a Dios. En esta edición no nos hallaremos ante los escritos completos de Marguerite d’Oingt, sino que Sergi Sancho Fibla nos los irá explicando y detallando conforme su lectura y estudio avance en ella. Sí que leeremos extractos de la obra de la cartuja, pero estos serán expresamente incluidos por sus detalles y exclusividad a la hora de explicar la obra de la monja. Marguerite d’Oingt escribirá porque no podrá hacer otra cosa frente a todo lo que experimentará meditando. Estamos así ante una obra de la experiencia más que del pensamiento; pero como nos dice James Hillman en El pensamiento del corazón, todo lo que experimentamos con el corazón pertenece al mundo imaginal; y será completamente visual todo lo que la monja experimentará. Aquí, imaginación y meditación van de la mano. «El alma nunca piensa sin una imagen», dirá Aristóteles. En la obra de Marguerite, toda palabra es imagen. De hecho, Sancho Fibla nos explica toda la monocromía de la pintura cristiana y la relevancia de los colores con sus significantes y significados, que la Cartuja detallará con gran tino en sus escritos y sus libros.

Autores como Dante y Virgilio se verán en estas obras y este libro. Ellos nos ayudarán y su pensar se entretejerá con la propia obra de Marguerite y nos ayudará a vislumbrar el gran mundo cristiano que realmente no conoceríamos si no fuera por el arte y su simbología, sino también porque la pasión de Cristo, la cual será la idea principal en todo el trabajo de Marguerite d’Oingt sólo puede ser trasladada a la palabra por aquellos que realmente saben experimentarla, saben vivenciarla y saben de qué trata.

Las visiones de la cartuja serán profundas y llenas de vida. Su imaginario será un profundo recorrido espiritual y una biografía en sí misma. A veces no sabrá cómo explicar en palabras lo que experimenta y visualiza, pero creo que tampoco hace falta pues sólo aquellos que saben de lo que Marguerite habla son los que realmente la comprenderán y entenderán.. El acto meditativo es profundamente introspectivo y nos aporta la sabiduría necesaria para que nuestras palabras escritas y habladas sean las justas y posibles. Ellas, deudoras de mundos ocultos a la mirada humana.

Consideramos y consideremos a Marguerite d’Oingt como a una de las grandes místicas, una de las grandes conocedoras de la visión beata de Dios. Leyendo a Sergi Sancho Fibla descubriremos a una mujer profundamente involucrada en el amor, en la sabiduría, en lo trascendental y necesario para un alma que necesita saber que hay más verdad en la imagen que en la palabra.




Macrocosmos, microcosmos y medicina: Robert Fludd, de Joscelyn Godwin (Atalanta)  Traducción de María Tabuyo y Agustín López | por Francisca Pageo

Joscelyn Godwin | Macrocosmos, microcosmos y medicina: Robert Fludd

Científico, investigador y místico. Filósofo, teólogo y metafísico. Estas serán todas las cualidades que Robert Fludd tomará de lleno y que se verán enormemente reflejadas en este libro. En él leeremos su biografía , cómo se hace médico y se convierte en parte integrante de los rosacruces. La edición, además, recoge todas las publicaciones y entregas anuales que el autor escribiría entre 1617 y 1621. En ellas figura todo un estudio y manifiesto de los que, más tarde, se apropiarían organizaciones como la teosofia o el movimiento new age.

Macrocosmos, microcosmos y medicina es un tratado metafísico. Un tratado sobre el sol, el cielo, las nubes, los elementos. Si vamos despojando las partes más densas de nuestra alma y nuestro cuerpo, lograremos conectar con nuestro ser más íntimo; es como si hubiéramos subido unos peldaños para estar con Dios. A ello es a lo que aspiraba Fludd y, de hecho, lo consiguió. Toda descripción del lado científico de las cosas que Fludd expone aquí es a la vez una visión completamente metafísica de ellas. Y viceversa. Para Fludd, ciencia y metafísica habrían de ir de la mano.

Fludd era un da Vinci adelantado. Abordaba tal cantidad de cosas y con tanta majestuosidad en el terreno de las ideas que podríamos tildarlo de genio y superhombre debido a todos los conocimientos que poseía. El autor se encontraría con los mitos universales y los haría suyos de tal manera que vemos aquí unos mitos capaces de existir por ellos mismos sin tener que recurrir a los originales. Son unos mitos sobre el hombre, el superhombre y el universo. Unos mitos que nos adentran en la profundidad de la materia y la no materia, en lo visible y en lo más oculto.

En los grabados que se muestran en esta edición, todos a cargo de Robert Fludd, vemos un universo completamente propio y particular, en el que la metafísica se encuentra con la ciencia, en el que la alquimia lo aborda y seduce todo. Viéndolos de a poco y observándolos con la mirada de un niño, podemos apreciar la penetrante técnica y majestuosidad del trazo de Fludd y su conocimiento, profundo y verdadero para cualquier alquimista del mundo celeste y humano. Fludd se convertiría en un Fausto que entraría al cielo y a no al infierno, en un Fausto que haría uso de sus nuevas alas invisibles para bajar a la tierra y mostrarnos con todo su esplendor los conocimientos esotéricos de la vida y su misterios últimos. Aquí lo oculto se ve revelado. Nos hallamos ante la belleza última de la vida, de las cosas.

De este modo, Macrocosmos, microcosmos y medicina es un libro para aquellos que buscan más allá de lo que este mundo nos muestra. No tanto para aquellos que se preguntan por la verdad, sino para aquellos que buscan la belleza en lo mistérico y oculto, en la ascensión de lo humano y las propiedades del mundo celeste. ¿Qué es una vida sin ascender a todo ello? Es una vida que sólo se quedaría con la materia, una vida cuya alma no se verá traspasada por las alas de un ángel o la leve brisa celestial que el gozo de Dios nos puede dar. La búsqueda de esto último es lo que los lectores de Fludd obtenemos de una manera u otra. Robert Fludd es un héroe de los cielos. Él supo verlos, los conoció y volvió a la tierra para mostrárnoslos.




Diarios 1908-1943, de Käthe Kollwitz (Hermida Editores) Traducción de José Rafael Hernández Arias | por Francisca Pageo

Käthe Kollwitz | Diarios 1908-1943

Käthe Kollwitz fue una de las artistas expresionistas alemanas más reputadas del S.XX. Su vida y su obra irían de la mano, y se vería totalmente influenciada por el movimiento político y bélico que vivió Alemania, desde la Primera Guerra Mundial hasta la Segunda. Ella, declarada pacifista, antibélica,
amante de la cultura y con un profundo sentimiento espiritual por la vida, por su entorno y por su familia, abanderaría uno de los movimientos artísticos más impactantes y de gran relevancia de las vanguardias.

Con sus diarios, nos metemos de lleno en su vida personal, su vida artística y su vida más familiar. Así, encontramos a una artista que utilizará el diarismo como una forma de afrontar la vida, de afrontar los acontecimientos que le sobrevendrán y que ni siquiera podrá prevenir. Acontecimientos en los que la enfermedad lo ocupará todo, en los que las muertes de sus más allegados le pondrán con la atención más plena y en los que las guerras y sucesos políticos figurarán como telón de fondo, afectando a su carrera artística y disminuyendo sus sentimientos más optimistas; pero no nos equivoquemos, pese a todo ello, Käthe Kollwitz logrará encontrar algo de paz en lo espiritual, en Dios, en su fe. Obcecada, pese a todo el sufrimiento que llevará consigo, en lograr apreciar los momentos más divinos, en estar en comunión con una total y absoluta paz. Y por supuesto, como una artista total, estará totalmente volcada en la cultura de su tiempo y sabrá ver y apreciar la música, el teatro y la literatura.

La que escribe esta reseña también escribe en su diario, también se dedica al arte, tiene una profunda espiritualidad en la que intenta mantenerse y también ama la cultura; y ha sido imposible no sentirse identificarse con sus pensamientos, sus sentimientos, básicamente con casi todo lo que la artista expone en sus diarios. Son unos diarios llenos de tensión por la vida y tensión por lo que su persona es capaz de llevar a cabo. Pese a todo lo malo que le pasará, pero también pese a la increíble bondad que Kollwitz dará por los seres que más quiere y por la humanidad, su arte será totalmente social, totalmente expresivo y persuasivo y totalmente capaz de darnos y reflejar los aspectos más bajos de la sociedad, o mejor dicho sociedades, que Kollwitz vivirá.

Estos diarios, que abarcan 35 años y en los que los días se esparcen y se esparcen hasta no ser un relato continuado, recorren la vida de una artista que dará todo por lo que cree y lo que siente. Son diarios a los que Kollwitz vuelve para sobrellevar sus dolencias, tanto físicas como mentales y morales. Vemos a una artista que sobre todo y ante todo fue persona, una persona dotada de una profunda honestidad y humildad, que no quería alcanzar la fama sino ser fiel a lo que quería expresar, que no buscaba el apremio sino que vieran en sus pinturas, grabados y esculturas reflejos de lo que el alma humana tiene y lleva consigo. Sus diarios son, asimismo, el puro reflejo de lo que su arte es. Son diarios que reflejan puramente la sociedad en la que vivió.

Abordemos la escritura de Käthe Kollwitz, abracemos sus sentimientos y pensamientos, de esta manera lograremos apreciar el último fin de la vida: vivirla todo lo posible y como mejor podamos, pese a lo malo, pese a todo.




La búsqueda del absoluto, de Honoré de Balzac (Nórdica)   | por Francisca Pageo

Honoré de Balzac | La búsqueda del absoluto

Novela incluída entre los estudios filosóficos de Honoré de Balzac, La búsqueda del absoluto narra las peripecias de Balthazar de Claës y el resto de su familia. Si bien pensaba en este libro como un libro sobre el mundo de la alquimia, de lo mágico y lo mistérico, Balzac no se adentra de lleno en ello y trata también, como bien sabe hacer en el resto de su obra, los aspectos sociales de la época.

El protagonista, Balthazar, es un hombre que se busca a sí mismo y que trata de trascender su ser y todo lo que le acontece. Cuenta cómo son las cosas y las personas y aspira a lo máximo que un científico y creador podría hacer. «Es el sueño del creador en el sentido literal de la palabra, el que hace, o por los menos rehace, el mundo como poeta, como artista, como filósofo o como sabio.» Dirá Carlos Pujol. Pero el dinero lo impregna todo en la vida de Balthazar. El dinero y la soberbia y la necesidad de quererlo más que necesitarlo porque de qué otra manera un buscador y hacedor de oro estará. Pese a ser un libro que pretende ir más allá de todo lo material, aquí lo material será lo más importante y Balthazar se verá apresado por el poder alquímico de la materia.

Como ya dije, suele ser habitual en la escritura de Balzac ver un reflejo y retrato de la sociedad de la época. Llena de costumbres y maneras burguesas, de búsquedas por la comodidad. Sin embargo, la familia Claës tendrá que prescindir de ello. Para el señor de la familia la ciencia estará por encima de todas las cosas y ello incluirá dejar de lado a su mujer e hija. Pero esta familia se cae y se levanta. Aprende de las situaciones, se las arregla como va pudiendo y no desiste en su menester para poder ser felices y acomodados en la medida de lo posible.

De este modo, La búsqueda del absoluto, lejos de ser una búsqueda de la alquimia, se convierte en la búsqueda de un nexo comunal entre la familia Claës. Un nexo que nunca conseguirá hallarse entre todos ellos, pues cada miembro hará la vida a su ritmo, a su manera y con destino a un lugar diferente del que pueda querer el otro y los otros. Al final será el azar el fruto del desenlace y de la vida de Balthazar y nunca volverá a ser el mismo. Ni con su familia ni con su profesión. Hallará el absoluto de una manera nada sincrónica y sin quererlo. Un absoluto que no se puede decir, pero que lleva el camino del solitario, del que apenas se comunica, del que persigue una obsesión y no cesa hasta hallarla. El absoluto será hallado solo y por sí solo.

Estamos ante un libro que gustará a todos los que nos gusta Balzac, pero considero que su título se queda corto al repasar toda la narrativa que contiene este librito de 234 páginas. Nos hace preguntarnos mucho sobre la hija de Balthazar, sobre la desesperación de su mujer, sobre la vida que llevan y quieren llevar más que sobre la alquimia. Uno en este libro va buscando una cosa pero se encuentra otras. Me pregunto qué es lo que llevaría a Balzac a incluirlo dentro de sus estudios filosóficos, porque una no ha logrado verlo, no ha logrado hallarlo. Quizás otros lo encuentren.




Intacto asombro en la luz del silencio, de Sara Pujol Russell (Sociedad de cultura Valle-Inclán)   | por Francisca Pageo

Sara Pujol Russell | Intacto asombro en la luz del silencio
Escribir sobre poesía no es fácil, ni siquiera escribir lo es. Sin embargo, se hace necesario cuando el sentimiento que nos embriaga no tiene otra salida más que la de la palabra. ¿Cómo retener nuestras palabras cuando lo único que quieren es salir? Ser escritas, expresadas, volcadas al papel o comunicarlas a plena voz. Se me hace imprescindible esto al leer a Sara Pujol Russell y es con Intacto asombro en la luz del silencio que la palabra lo germina todo en nuestra mente y nuestra alma. Así hasta hacer que crezcan espacios, silencios, luces, sombras y plantas. Germina con más palabras aún. Con verbos como soñar, resplandecer y vislumbrar.

Desconocía la poesía de Sara Pujol Russell. La conocí por una velada poética colgada en Youtube en la que hablaba de su poesía, de la cultura y de lo que nos hace sentir. Ello me llevó a querer leer su obra, así que una breve antología y el libro en el que nos hallamos inmersos me encaminó hacia un mundo que la autora y yo -no quiero decir poseemos porque no creo que ni ella ni nadie posea nada, pero sí- sentimos dentro nuestro, en nuestra piel y en nuestro más íntimo universo.

Leer este libro ha sido como ser atravesado por un rayo de luz, dejando el cuerpo abierto de par en par, dejando que nuestro inmenso y profundo ser salga y entre del vacío una y otra vez. Llenándolo de cosas hermosas, de los ligeros aleteos de un pájaro, del silencio entre campana y campana de una iglesia o de la blancura infinita de un cisne con las alas abiertas. También se llena una de la blancura de los sueños, porque,  ¿de qué otro color podrían ser los sueños? El blanco es todos los colores y en ellos se encuentra todo el universo. Recorremos estos poemas como quien camina por el bosque, asombrándonos cada vez más y más. Dejándonos llevar por la libertad intrínseca de la naturaleza, de los rayos serpentinos que se entrometen por los árboles y que van haciendo claros de bosque en los que estas palabras se entretejen con el alma de las cosas y, cómo no, con la nuestra.

Dirá Pujol Russell: «Lo tangible puede ser alba de una interpretación musical del mundo; lo intangible puede ser aurora de una interpretación tangible de la esencia; y ambos, una interpretación verbal de la lentitud y sus fragmentos, de la lentitud y sus sueños.Sólo la lentitud sueña esencias. Sólo la distancia crea realidades.» Y nos acordaremos de María Zambrano y sus Claros del bosque, de su De la aurora. La autora de  Intacto asombro en la luz del silencio recoge la esencia más pura a la que Zambrano entró y esa esencia misma es la que a mí me hace querer crear, necesitar crear, querer comunicarme y expresarme. No podemos quedarnos con tanta belleza aquí dentro y ahí fuera, pero sólo la vemos mirando hacia adentro, muy adentro.  Como dijo Carl Gustav Jung «Quien mira hacia afuera, sueña; quien mira hacia adentro, despierta.» Y eso hacemos, leemos a Pujol Russell y despertamos aunque nos hable de los sueños, aunque los sueños sean aquí la luz más pura del silencio. Al cerrar el libro es como si nos desveláramos con la luz de la mañana. Hemos dormido con él. Hemos soñado. Es un libro que experimentar con nuestros sentidos interiores. En el que miramos a través de la imaginación, en el que el tacto es sólo evocación, en el que el habla es muda y silente, en el que el olfato sólo intenta recordar y recordar, y en el que el oído sólo oye murmuraciones y restos de las cosas más cercanas que hemos experimentado.

Intacto asombro en la luz del silencio es un libro para quienes amamos el silencio y la luz. La naturaleza y la vida. No digamos que no a un libro como este, abrámoslo y durmamos para despertar más sabios, con más belleza aquí dentro y allí fuera.


Cerrar para abrir

Cierro el pan para abrir la rosa, el tallo para abrir la paz —la paz, granada de luna y rumor que abro y golpeo en mi sangre, que abro en verbos que son manos, que golpeo en piedras que son sueños—, cierro el hambre de los búhos para abrir mi hambre que restaura la luz, cierro el color para abrir el sosiego demorado en la noche, porque, en lo oscuro, azafrán y lengua me asombran. Me cierro en pan para desnudarme, en hierba para ser carne que abre el bosque, en fuente para ser piel que roza la inocencia. Me abro en tiempo para ser un tiempo —cuenco de blanca leche, de lumbre que alimenta flores, frente, ruiseñor, belleza—, que me alimenta de hojas, recuerdos y un estar entre arroyos; ebro en fuego —no en llamas, la llama viene siempre de fuera—, me abro los sentidos para alcanzarme donde estoy ahora, me abro en cedros para ser mi alma, en cerezos para ser cuerpo de mi cuerpo y cuerpo en ramas donde el silencio brota en tigres. Cierro las manos —manos de pan y agua— para abrir el verso.




Memorias. Mi vida con Marina, de Anastasía Tsvietáieva (Hermida Editores)  Traducción de Olga Korobenko, Marta Sánchez-Nieves | por Francisca Pageo

Anastasía Tsvietáieva | Memorias. Mi vida con Marina

Si bien a quien realmente conocemos es a Marina Tsvietáieva, su hermana Anastasía también fue escritora y escribió numerosos libros a lo largo de los años. Con motivo de una honorable memoria a su hermana, al final de su vida escribiría unas memorias que le dedicaría a Marina, en las que detallaría su vida compartida de manera exacta y completamente leal. Es así como Hermida Editores nos trae estas memorias, memorias largas pero nada densas, pues están escritas como la levedad de una pluma, pero con el peso, muy denso, de los recuerdos que Anastasía compartía con Marina. De este modo, esta no es sólo la historia de Anastasía, sino también la historia de Marina. También la de su hermano mayor, nacido de la anterior mujer de su padre. El libro es, pues, el retrato de una familia burguesa de la Rusia a principios del Siglo XX.

Dividido en tres partes, infancia, adolescencia y juventud, el libro abarca toda la vida que Anastasía compartió con Marina. No hay una adultez, no pudo haberla. Pero no pasa nada. La infancia de las hermanas transcurrió siendo ambas muy queridas por su madre, con una mirada de compasión hacia Anastasía, pues siempre estaba más débil y caía más enferma que Marina. Sus primeros años estuvieron llenos de juegos. Sus páginas describen a unas niñas que destilaban belleza por la vida. Que la recogieron y la vivieron. Y Anastasía la comparte con nosotros y la lleva consigo a través de estos años. ¿Será la belleza lo que más llevamos con nosotros a través de todos estos años? Anastasía recuerda todo demasiado bien: los objetos, el mobiliario, los hechos, las personas… De hecho, Marina guardaría y llevaría muy dentro, consigo, los cuentos de Hoffman. Ya veríamos a una futura escritora. Las niñas asistirán a un internado en Suiza donde vivirán en un estado de amistad universal y también acudirán a la escuela en Friburgo, donde la pasión de Marina por la lectura se acentuará. Cuando eran pequeñas, las llamaban las gemelas siamesas, aunque Anastasía era más delgada y bajita que Marina. Tuvieron una infancia llena de cultura, tanto por la que les ofrecían sus padres como por la que ellas querían.

Ya en la adolescencia veremos a una Marina obsesionada con Napoléon. Tuvo muchos libros suyos y se sabía de memoria su vida y sus anécdotas. Sería al final de su adolescencia cuando empezarían a publicarse sus poemas. Todo ello desapareció hasta que Anastasia los recuperó a los 43 años.

Anastasía tenía una manera de ver la vida llena de belleza. Mientras que Marina pecaba un poco de pesimismo. Anastasia sacaba la importancia de cada momento, cada detalle. Es un libro, este, que recoge los primeros poemas de Marina, las primeras lecturas, las primeras herramientas intelectuales. Resulta curioso que AnastasÍa tenga más cosas que contar de la infancia y la adolescencia que de la juventud.

Las de Tsvietáieva son unas memorias que parecen escritas sin una mirada retrospectiva, sino desde el pasado mismo, debido a la enorme cantidad de detalles, de hechos, de fragmentos que hilan la vida de Anastasía y Marina. Mientras Marina adquirió el lado más lírico y poético, Anastasía recogió el descriptivo y observador. Sus vidas pueden encontrarse en todos los libros que leyeron y podemos ver los primeros amores de ambas así como todas las ciudades que visitaron y en las que vivieron. Se contará la amistad de ambas con el poeta Ósip Mandelstam y también con Maxim Gorki. Pasarán los años y a Anastasía, Marina le seguirá pareciendo una joven romana. No pudo creer su muerte, de la cual se enteraría 2 años después. Asia iría en busca de lo que Marina dejó. Su rastro. Sus pasos. Sus huellas. Anastasía escribiría estas memorias a los 88 años, el año en que Marina hubiera cumplido 90.

Leer la vida de Asia y Marina es leer la historia en sí misma de la familia Tsvietáieva. Una historia que es digna de leer, de estudiar, de investigar. Sabremos más de una de las escritoras rusas más influyentes del S.XX. Conoceremos su vida más íntima y también más fiel a los ojos de su hermana.




La bufanda roja, de Yves Bonnefoy (Sexto Piso) | Traducido por Ernesto Kavi | por Francisca Pageo

Yves Bonnefoy | La bufanda roja

Creemos y vemos las memorias como un libro que contiene cientos o incluso miles de páginas, pero ¿y si esas memorias pudieran condensarse en tan sólo 180 páginas y esa vida estuviera llena de amor por la vida y la devoción por la poesía? Con La bufanda roja, Yves Bonnefoy plasma ese sentimiento y de qué manera. La bufanda roja no es ni más ni menos que todos los diferentes esbozos y anotaciones que Bonnefoy escribiera en cuadernos, a los que llamaría Idea de relato, por ejemplo.

Yves Bonnefoy habla de dónde viene y cómo ello haría mella en su escritura. Es totalmente relevante la importancia de su padre en su vida y cabe resaltar cómo, a lo largo del libro, se le cita pertinente y adecuadamente para aludir a lo que concebiría en su poesía. «El padre no sólo es un componente del complejo de Edipo, es también y quizá, sobre todo, el protagonista de un drama donde se juega el porvenir de la palabra.» En esos versos podemos comprobar cómo Bonnefoy hace uso de sus experiencias de vida y de la psicología para llegar a la palabra, la cual ya no sólo se subordina al concepto, sino que también sirve para expresar figuras. Y es que para Bonnefoy La bufanda roja es el emblema del vínculo de sangre.  Tanto es así que el silencio de su padre influiría en su escritura; su madre, asimismo, tampoco se quedaría atrás.

Este es un libro que Bonnefoy ha escrito caminando. Un caminar sobre la vida, sobre las metáforas y sobre los lazos que le unen a los demás seres. Y no sólo eso, también es un libro en el que el autor caminaría por las vanguardias, reflejadas de un modo u otro en su poesía. Es destacable la influencia de Max Ernst en su vida y en el surrealismo del que tanto disfrutaría Bonnefoy.

La bufanda roja es el logos de la poesía misma, y no sólo la de Bonnefoy, sino también la del mundo entero. El autor recoge su misterio, atrapa lo indecible y lo invisible y le pone palabras y nombre: Danae. Estamos ante un libro que traza el recorrido desde donde nace la poesía (en esa esfera mental y del alma) hasta su hallazgo en el papel. La bufanda roja es como el rastro mismo que la poesía lleva consigo. Bonnefoy halla sentido y esperanza en la poesía, al contrario de lo que expresa T.S Eliot en La tierra baldía. Digamos que Bonnefoy es capaz de encontrar en su literatura todo un mundo por expresar, por liberar y por el hallazgo de la capacidad para ser feliz. Para el autor la poesía es un símbolo en sí mismo cargado de imágenes. Como decía James Hillman: El corazón -que aquí encontramos como poesía-  no es tanto el lugar de los sentimientos personales si no el lugar de la verdadera imaginación.

Este libro es una profunda anamnesis.
La bufanda roja es lo previo a la escritura y a lo que reconocemos. ¿Puede la poesía tener una ontología propia? Gianni Vattimo nos lo aclarará en su pequeño volumen sobre las dos cosas, pero no buscaremos en él, si no que simplemente lo hallaremos en la segunda parte de este libro, a la que Bonnefoy da a las palabras y metáforas un cuerpo, una forma, algo que vive para sí mismo y para el resto de cosas. La bufanda roja es un libro para aquellas personas sumamente interesadas en la poesía más que en Bonnefoy mismo, pues en ella encontramos lo fundamental, lo absolutamente imperdible que debemos saber o que, más bien, queremos. De todo lo que hallamos en la poesía.