Noah Baumbach | Frances Ha

rances Ha regresa a la soleada Sacramento, una de esas localidades americanas cuyo nombre conocemos de oídas pero no sabríamos a ciencia cierta decir dónde está ni tampoco qué podemos encontrar allí. Para Frances tampoco hay nada, excepto sus padres y el hogar de su infancia. Aunque Sacramento sea la capital del estado de California, no hay espacio en ella para los grandes destinos. Por eso, la ambición de Frances de convertirse en bailarina la ha llevado a mudarse a Nueva York, una ciudad en la que suceden las cosas. Cuando vuelve a visitar a sus progenitores, su estudiado aire cosmopolita la ha convertido en alguien excéntrico en un lugar en el que reinan los convencionalismos. Pero, cuando la vemos en Nueva York, tampoco parece encajar del todo: su disfraz se resquebraja y, por las rendijas, vemos perfectamente a la chica de provincias.

Porque el periplo de Sacramento a Nueva York es un viaje de proporciones bíblicas. No se trata solamente de atravesar el país de costa a costa: es casi como marcharse a otro planeta. Por eso, Frances se siente como una alienígena y observa los apartamentos de sus amigos neoyorkinos como si visitase un museo lleno de artefactos ultraterrenos. Pero no puede limitarse a ese estado de asombro perpetuo: quiere encajar entre esos seres extraños y fascinantes. Es la única manera que tiene de llegar a cumplir su sueño de trascender los límites de su condición de burguesa de provincias. ¿No es mucho mejor ser pobre en una de las ciudades más importantes del mundo?

leer en détour

Número siete
Pa(i)sajes: El fracaso
Imágenes: Francisca Pageo

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