Aleksandr Petrov

La progresiva implantación de la tecnología digital ha precipitado, sobre todo en términos comerciales, un nuevo impulso para la animación. Sin embargo, más allá de la frontera que han delimitado los grandes estudios, ese impacto no se ha trasladado a visiones más artesanales del medio, donde la panoplia de recursos y técnicas abarca otros usos de la imagen. Ejemplo de esto último son las dificultades económicas que sufren artistas y cineastas para levantar proyectos. El ruso Aleksandr Petrov, como su paisano Yuri Norstein, bien podría reflejar esto último, puesto que, aunque su estilo se ha beneficiado de las ventajas de los ordenadores en materia de posproducción, aún mantiene el trazo artesanal e íntimo y las duras condiciones de producción. Como resultado de esas circunstancias, la sombra de que su trabajo más reciente pueda ser el último planea sobre cada una de sus obras. Así, su colección de cortos se convierte, vista en retrospectiva, en un catálogo de elegías íntimas.

Juan Francisco Gordo López elabora en El alcance de la obra breve de Aleksandr Petrov un sucinto análisis de su estilo, de la impronta que han dejado sus imágenes, de los temas y de la tradición cultura rusa que explora, de la bellísima paleta cromática que describen esos dibujos pintados con las manos, con los dedos, de la verdad que transmiten sus reflexiones morales, de la vida que se abre camino entre los fotogramas. Como un torrente de sentimientos capturados por la animación que, en esa imagen tan delicada y trémula, alcanzan el rasgo distintivo de Arte.

 

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Número seis
Bande à part
Imágenes: Francisca Pageo

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