Un hermoso paisaje marítimo. La pendiente cae, entre arbustos y rocas, sobre una radiante orilla mediterránea. Aparece remontándola con paso sereno un elegante vagabundo de cabello voluminoso y rostro penetrante, que viste una larga túnica y camina apoyándose en su bastón. El rostro es el de Federico Fellini, convertido en impecable pordiosero en lo que podría ser una Stromboli aún con esperanza. El vagabundo se cruza con una humilde mujer que levanta la mirada. Esa mirada anhelante, que pertenece a la Magnani, lo ha confundido con San José y se deshace en devoción hacia el presunto santo. Este no habla nunca y se limita a seguirle la corriente. Le da a beber vino en repetidas ocasiones, hasta que finalmente cae dormida bajo los efectos del alcohol. La escena corresponde a Il miracolo, segundo de los dos segmentos que componen L’amore (Roberto Rossellini, 1948), breve antología en la que Rossellini propondría dos historias complementarias sobre la desesperación del amor y el vacío de la ausencia, ya sea en el romance que toca a su fin o en el diálogo con dios. Rossellini convenció a Fellini no sólo de que escribiera el argumento de Il miracolo, sino también de que interpretara al pérfido vagabundo que se aprovecha de la fervorosa Nannina.

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Número ocho1/2
Bande à part
Collages: Francisca Pageo

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