Ya lo decía Edward Said en su ensayo sobre el “Exilio intelectual: expatriados y marginales”: “el exilio es uno de los más tristes destinos” (Said, 1993: 59). La historia ha regalado muchos episodios bélicos y de miseria cuyo final, o bien desemboca en la muerte o bien en la expatriación. Países europeos como son Rusia, Alemania y España han perdido una considerable parte de su ciudadanía debido a estos hechos; miles de personas se han visto obligados a dejar todo aquello que amaban para emprender un viaje hacia territorio desconocido con el objetivo de encontrar una vida mejor o un refugio temporal avivado por la esperanza del retorno. Aunque bien es cierto que no todas las situaciones se corresponden con el exilio forzoso, también ha habido casos de exilio promulgado por  una inquietud intelectual y cultural o simplemente por motivos profesionales, dentro o fuera del país –conocido como “insilio” o exilio interior. En cualquier caso, todos y cada uno se ven sometidos a una ruptura identitaria que los convierte en “turistas accidentales” de las condiciones históricas que les atañen (Jato, 2009: 9); en el caso de España: Guerra Civil y Franquismo. Es por ello por lo que muchos intelectuales españoles de generaciones como las del 14, 27 o 39, han tenido en consideración relatar de forma salvaje la convulsa historia que les ha llevado a partir, con el objetivo de crear conciencia sobre el trauma y, asimismo, formar parte de los cimientos de la memoria histórica.

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Número ocho1/2
Las penúltimas cosas
Collages: Francisca Pageo

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