número dos | bande à part | imágenes: vanessa agudo

Alexandria… New York | Youssef Chahine

El cineasta egipcio Youssef Chahine es un buen punto de referencia, como también lo fueron otros anteriormente, para calibrar los intercambios que se producen entre diferentes culturas bajo un prisma tan universal como el del cine. Es posible que sólo a través del cine pueda producirse un sentimiento de inclusión y pertenencia entre Alejandría y Nueva York o, lo que es lo mismo, entre dos culturas (árabe y estadounidense) cuyas políticas identitarias, al menos en los últimos años, parecen incapaces de entenderse si no es obligando a la otra a subordinarse. Sin embargo, ¿qué puede haber más democrático que el cine, espacio en el que todos tenemos nuestro lugar, voz y, sobre todo, identidad? ¿Acaso no es el cine, y con él el arte, la herramienta para tender puentes y conciliar culturas distantes? Y, más importante todavía, ¿acaso no es la reflexión sobre ese intento un enfoque apropiado para pensar la función de las políticas culturales contemporáneas?

En Méli-mélo, o: Un miembro de la boda, Adrian Martin repasa algunos de los filmes más destacados de la carrera de Youssef Chahine subrayando su especial querencia por el musical, su peculiar reelaboración de las reglas del cine estadounidense y cómo de esa efervescencia creativa, transcultural y también narcisista surge, además del retrato robot de Chahine, una intensa reflexión sobre vida y cultura, relaciones y problemáticas agravadas en el pasado más reciente por las políticas invasivas y autoritarias. En definitiva, cómo a través de la obra de Chahine no sólo descubrimos el papel del cine, sino que, al mismo tiempo, descubrimos nuestro papel en el cine, uno de esos lugares en los que cuesta sentirse huérfano.

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