número dos | bande à part | imágenes: paula pérez

Eyes wide shut | Stanley Kubrick

El cine de Stanley Kubrick continúa, más de una década después de su muerte, suscitando la misma mezcla de indiferencia y pasión. Los hay que lo identifican con un cineasta frío, que hizo de la versatilidad una manera de huir de cualquier clase de profundidad. Otros, en cambio, exaltan su capacidad de saltar de un género a otro, sin por ello dejar de exprimir las posibilidades del cine, como si cada nuevo filme implicase una barrera a superar. Opacada o no por su polémica figura, Eyes Wide Shut es, posiblemente, uno de los puntos finales más desconcertantes de la carrera de un cineasta. Exploración de lo moral y sus límites, retrato fantasmal de una burguesía antipática y narcotizada, investigación sobre las raíces del deseo… y así un largo etcétera para glosar una obra sin final, como toda película que no se rueda con el sentimiento de que será la última.

En La traumnovelle de Kubrick, Víctor de la Torre se pregunta qué pudo atraer a Kubrick hacia la obra de Arthur Schniztler, mientras desmenuza con precisión todos y cada uno de los elementos de su universo, las dobleces de su discurso y las insinuaciones de sus palabras, retratando la peculiar sensibilidad de un cineasta que siempre tuvo que aguantar la etiqueta de distante.

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