Debajo de la cama: el espacio entre horror e infancia, por Almudena Muñoz

LA QUE DORMÍA

I went to thank her,
But she slept

Emily Dickinson

No recuerdo qué es lo primero que se cerraba al conciliar el sueño, si los ojos o las manos; los puños conteniendo todas las oquedades entre el vacío y la manta. Tampoco recuerdo qué se abría primero, si la luz o la consciencia. Si las sombras y las locuras eran tan buscadas durante el día porque significaban una manera de prolongar para siempre la noche y el sueño. Un pedaleo frenético sobre las moquetas de los hoteles.

Como cuando todo niño pequeño sabe qué es lo mejor para él y aun así desea lo peor. Conoce el tacto del entarimado, del parquet, de la losa y el linóleo; suspira por los quejidos del suelo y sigue las siluetas de sus propios pies en el camino hacia el baño. Qué tren de horrores proyectado en un solo recorrido de ida y vuelta, qué diferencia con el mismo trayecto impregnado de migas de pan de molde durante las meriendas y de manchas azules que ensucian las esquinas de los estuches durante la hora de los deberes y las mañanas de sábado.

Horror e infancia

Ahora dormimos como adultos, familiarizados con una brecha que tiempo atrás poseía las intrigas de una rendija. Y no es tanto la vista —el sentido que anulan el cuarto a oscuras, el pasillo en penumbra, la sala del proyector— como el tacto, el dedo que hurga; y el olfato, una podredumbre futura; y el gusto, el metálico del pan industrial y de la tinta en cristal. Y el oído, que captura ululatos, nombres eslavos, maderas muertas, una serie de sinfonías en un idioma inventado.

No recuerdo qué es lo primero que perdía al asistir a una proyección de lo terrible y hasta entonces sólo intuido, si era la consciencia o la luz. Qué era lo que más rápido se relajaba, si los dedos apretados o los párpados poblados de pestañas secas. Todavía sigo buscándolo, intentando comprenderlo, porque en aquel tiempo lo encontré y lo entendí, y quise conservarlo para siempre.

Un horror, infinito, inspirándome en los breves días para las noches de tormenta.


Today is far from Childhood,
But up and down the hills
I held her hand the tighter,
Which shortened all the miles

Emily Dickinson

leer en détour

Número cuatro
Pa(i)sajes: Bande à part
Ilustraciones: Juan Jiménez García

image_pdfimage_print
Détour

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *