Fausto | Aleksandr Sokurov

«Un film, por mucho que hagan con él, permanece en la esfera en que fue creado. Son los sentimientos que mudan con la edad. Un libro lo leemos con la cabeza, un film lo vemos con el alma. Es por lo menos la impresión que yo tengo».

La cita, extraída de uno de los pocos libros dedicados a Aleksandr Sokurov, Elegías visuales (una traducción de la edición de la Cinemateca Portuguesa), deja bien a las claras una de las cualidades del cine de su autor: la experiencia profundamente íntima y personal que dibuja cada una de sus películas. Poner a prueba la realidad, como señalara Ángela Molina, en un recorrido intenso fraguado alrededor de nombres y episodios, sí, pero también de las emociones más minúsculas. Ambos, en definitiva, procesos y poderes, fundamentos, que recorren la vida de los seres humanos.

En El Fausto del Aleksandr Sokurov, Ignasi Mena nos invita a llevar a cabo una retrospectiva a través de la obra del cineasta ruso con el ánimo de profundizar en ella y entender la sublimación, de un estilo y de una forma de entender la historia, que ha supuesto su visión de Fausto. Un camino que pasa del cuadro intimista al tono épico, de lo interior a lo exterior, donde se acaban por mostrar las bases del presente. Un camino que finaliza provisionalmente en esta película, un logro mayor capaz de conseguir que lo sentido, lo pensado, lo ocultado y lo sugerido, lo personal, lo colectivo y lo cultural formen una única pasta, ese molde con el que dar forma a un espacio y a un momento.

 

leer en détour

Número cinco
Pa(i)sajes: D’Est
Ilustraciones: Vanessa Agudo

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