Mi vida en barco, de Tadao Tsuge (Gallo Nero)  Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés | por Juan Jiménez García

Tadao Tsuge | Mi vida en barco

La relación de Tadao Tsuge con Yoshiharu Tsuge va más allá de una simple relación de hermanos. Podríamos decir incluso que en ellos confluye una cierta manera de entender la vida, el dibujo, las historias y el manga. Sí, cierto. Cada uno con sus temas (alguno, tal vez los más importantes, comunes) pero con un mismo sentido de la vida, incluso de sí mismos, todo ello con la mítica revista de vanguardia de fondo: Garo, años sesenta. Gallo Nero ya había publicado una parte importante de la obra de Yoshiharu y ahora le llega el turno a Tadao, con serie monumental (e interrumpida por el cierre de la revista en la que se publicaba, Comic Tsuritsuri), Mi vida en barco. Una obra que se podía haber llamado perfectamente El hombre sin talento, si no fuera porque su hermano ya utilizó aquel título (e incluso hay una alusión directa a él, por las dudas). Publicada entre 1997 y 2001, es decir, en el paso de sus cincuenta años a los sesenta, su componente autobiográfico es importante, al menos en sus dudas existenciales y en su referencia constante al yo.

Tsuda sigue intentando escribir una novela. Mientras tanto, le piden algunos textos sobre pesca (en los que siente que se repite) e intenta ayudar en la tienda de ropa vaquera que montó con su mujer, para intentar sobrevivir, y de la que ahora se ocupa fundamentalmente su hijo. Él sigue intentando escribir esa novela, ser aquel escritor prometedor de su juventud. Lejos de todo, también de él mismo, sin saber qué hacer realmente, la pesca parece ser su única vía de escapatoria, el único lugar en el que si no ser algo, al menos no echar de menos eso que no se es. Surge la oportunidad de comprar una barca y la aprovecha. No es gran cosa, pero le vale. Allí se construye un pequeño refugio, al que escapa cada vez con mayor frecuencia. Quiere pensar que allí escribirá, pero está más interesado en pescar carpas mayores de cuarenta centímetros que en otra cosa. Ese exilio se irá poblando de personajes que, como él, se apasionan o bien por la pesca o bien por la huida. Un pescador con cierta tendencia a la bebida, un monje con cierta tendencia a las mujeres, un vendedor de piedras (otra vez el hombre sin talento, la obra de su hermano), un viejo amigo con el que comparte recuerdos y pesca, un joven y un viejo alejados del mundo (terrenal y espiritual), un extravagante artista, un gato.

Los días pasan. La inquietud, la paz interior de algunos momentos, la enfermedad, aquella generación hija de una guerra perdida (con una importante reflexión sobre qué supuso aquello, sobre el castigo y el perdón), el oficio de escribir, la crisis (económica, existencial, familiar), la angustia, la obsesión por pescar una vieja carpa herida de más de sesenta centímetros, el paisaje urbano, el río, su vida matrimonial, los hijos. La oscuridad. A ratos la luz. Tadao Tsuge es más que consciente de la negrura de sus reflexiones. Cuando tiene que interrumpirlo y darle un final (porque le da un final y además un final de una belleza terrible, síntesis de todas esas búsquedas vanas pero necesarias), habla de él como un manga sombrío. Qué duda cabe. Aún con sus destellos de humor y  toda esa humanidad. Tsuda, entre la derrota y lo innecesario. Entre lo superfluo y la soledad. Entre la comprensión y la incomprensión. Entre las dudas que no dejan lugar a ninguna certeza. Entre el azul del cielo y la lluvia y los tifones. La pesca como definición del mundo. Y entonces me acuerdo de Ota Pavel, escritor checo. Tan lejos, tan cerca.

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