Un millón de ruiseñores, de Susan Straight (Malpaso). Traducción de Damià Alou | por Juan Francisco Gordo López

Susan Straight | Un millón de ruiseñores

Hace algunas décadas, una autora americana que comenzó a publicar con un pseudónimo, que hoy sustituye su identidad literaria, escribió una novela de ficción que se convertiría en best seller por su atractivo vampiresco y fantástico. En aquella “entrevista”, el papel inicial que jugaba la estratificación social de una Nueva Orleans criolla era, en opinión de muchos, lo más atractivo y sin embargo lo menos tratado de la obra.

Hace algunos meses, un famoso cineasta decidió retomar un argumento que ya había sido tratado con bastante fidelidad en su medio y elaborar el retrato de una Norteamérica a punto de nieve para el cambio social. Si bien es cierto que la película se centraba más en la visión del sangriento director y su humor “negro”, se adivina un fiel reflejo de una sociedad marcada por la desigualdad que poco a poco se iba cobrando un receso económico a favor de la América negra.

Poco antes de esa película y mucho después de aquella novela, Susan Straight publica Un millón de ruiseñores, editado en España ocho años después por la editorial Malpaso. Como novela resulta de apasionante lectura; como documento histórico oscila entre una precisión de manual y el entretenimiento de un libro infantil.

La prosa de la autora tiene ese toque especial que logra que te mantengas fiel a la obra y no quieras emborronar su lectura con otras que pueden ser mejores o pueden no serlo. En todo caso, no te arriesgas, te quemas las pestañas con tal de terminarla lo antes posible y conocer el destino final de la protagonista, Moinette, una mulata a la que no le queda más remedio que aceptar su condición histórico-geográfica y moverse pendularmente como un esclavo más.

Cuando Straight decidió dotar de impresionante realismo a su novela, acertó plenamente tanto con el tratamiento de la temática como con la forma con la que confiere a sus palabras vida propia. El estilo, sobrio y limpio, semeja la escritura gala a base de oraciones cortas, directas e impactantes, que conducen al lector al fondo de una trama en la que no puedes perderte nada porque todo lo vas a codiciar. Ese toque de amaneramiento francés influye en el aspecto interracial de la obra, amalgama de culturas y referencias a la simplicidad del género humano.

Tal vez, lo más destacable del argumento sea la simplicidad con la que se construye y la facilidad para llenar tan pocas páginas con tanto contenido costumbrista, cultural y económico del funcionamiento de las posesiones y el mantenimiento de las mismas a base de trabajo y sufrimiento. La cotidianidad de una época nunca fue tan fielmente reflejada en un texto novelado.

El tratamiento de la libertad en una obra así era inevitable, pero que la autora lo resuelva como lo hace es, sencillamente, delicioso. Eso mismo, unido a la belleza de la edición y la comodidad y fetichismo de la tapa dura del libro –con la original idea de tintar los bordes de las páginas– de Malpaso, hace que se disfrute del conjunto con un gozo similar al de una buena taza de café. Negro, por supuesto.

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