Pensamientos despeinados, de Stanisław Jerzy Lec (Pre-textos) Traducción de Elzbieta BortKiewicz y Abraham Gragera | por Juan Jiménez García

Stanisław Jerzy Lec | Pensamientos despeinados

La mía es sólo una literatura de circunstancias… de la vida. Con este pensamiento despeinado podríamos empezar a escribir sobre aquellos otros Pensamientos despeinados del escritor polaco Stanisław Jerzy Lec que ahora nos trae Pre-Textos.

Lec creía que la vida era una cuestión de circunstancias, cierto. Las suyas, sobre todo. De origen judío, de pensamiento izquierdista, habitante de Polonia, la segunda guerra mundial no era lo mejor que le podía pasar. Tampoco lo que vino tras ella, paradójicamente. Ni aquella nueva Polonia ni aquel Israel al que emigró, decidiendo regresar poco después a su país natal. Todo aquello pudo convertirle en el escéptico que era. Ese escepticismo que entre la paradoja y la metáfora, disfrazado de aforismo, conforma estos pensamientos. Lec piensa que uno no debe creer demasiado en nada más que en unas pocas cosas y si acaso, y aun así, ¡cuidado!

Hay que multiplicar el número de ideas hasta que falten guardias para vigilarlas, escribe. Qué mejor que lanzar pensamientos como se lanzan cuchillos alrededor de la chica que gira en la ruleta del número de circo. En aquellos tiempos peligrosos, lo más que se podía hacer era dar vueltas alrededor de esa idea del comunismo, trazar su contorno, sin darle nunca de lleno, a riesgo de no acabar muy bien. Lec lanzó muchos. Y eran tan precisos, tan certeros, que podemos sentir el corazón en un puño de los espectadores y la respiración contenida de la muchacha (ya algo mayor). Curiosamente, no fue un método muy utilizado (pensamos) por los escritores asustados de aquellos tiempos.

¡El mundo es bello! Y eso es precisamente lo que es tan triste. Desgraciadamente, cuando todas las circunstancias apuntan a que no seamos felices, a que vivamos amargamente esa vida gris que nos ha tocado vivir, nos damos cuenta de que después de todo sí, el mundo es bello. Esa es la paradoja principal. Y también la intuición de que contra algo se escribe mejor, y que rara vez sabemos qué hacer con nuestra libertad. Así, frente a esas circunstancias, los pensamientos de Lec son de una tremenda belleza, más allá de su exactitud, igualmente tremenda. La brillante ironía, ese ligero (o no tan ligero) regusto amargo de sus dardos hechos de palabras, no dejan de recordarnos que tras el escritor está el hombre, con todas sus contracciones. Es más, que hay momentos en los que el escritor solo puede ser un hombre, que su destino le exige ser eso, aunque no deje de ser algo abstracto. Y dice: ¡Recordad, el hombre no tiene elección: debe ser hombre!

La risa es el reflejo del aspecto trágico de su época. Es a través de la desesperación de su tiempo (y de su vida bajo ese tiempo) que, como diría Bohumil Hrabal, Lec traza puentes que le atraviesan a sí mismo. Para llegar más allá, para llegar a otro lado. Y esos puentes están llenos de humor, de una ligera sonrisa que a veces se confunde con una mueca de desagrado. Un humor que va muchas veces más allá de la ironía para convertirse en sátira. Una sátira necesaria porque cuando todo está mal, también es necesario aumentar el voltaje de nuestras descargas para hacer temblar, palpitar, el cuerpo mortecino del sistema, de esa maquinaria absurda pero implacable, cruel y disparatada, que ya no responde ni tan siquiera a una ideología sino a una perversión del ser humano, a un catálogo de necedades, no por necias menos peligrosas.

Stanisław Jerzy Lec debía creer en algo, como debieron de creer tantos otros, como debemos de creer nosotros mismos, frente al absurdo vestido de normalidad que nos rodea. Creyó seguramente en las palabras, ese material dúctil pero inquebrantable en su dureza frente a la estupidez. Pensó que ni tan siquiera son necesarias muchas palabras para encontrar a los otros, que en su brevedad podía llegar igualmente al fondo de las cosas y, con ello, de las personas. No se equivocó. Estos Pensamientos despeinados son la prueba, la hermosa prueba de ello.

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