Los raros, de Rubén Darío (Wunderkammer) | por Juan Jiménez García

Rubén Darío | Los raros

Leyendo este Los raros, de Rubén Darío, no dejaba de hacerme una pregunta. Una pregunta que tal vez sería cómo podemos escribir sobre el siglo XIX desde el  siglo XXI, como observadores ya no tremendamente distantes sino como jueces de ecos, a veces apenas murmullos, de un tiempo pasado. Supongo que uno no tiene más remedio que escribir desde su tiempo, pero leyendo nicaragüense no podemos dejar de sonrojarnos por el atrevimiento. Y es que Los raros no es solo un libro sobre una época (el simbolismo y alrededores) y aquellos que lo habitaron, sino el mismo un libro digno de aquellos otros sobre los que habla. Una prosa que habla de tú a tú con Verlaine, con Poe, con Lautreámont o Bloy, poco importa.

No todos corrieron la misma suerte. En este catálogo apasionado de escritores, algunos se han convertido en ese lugar inevitable por el que pasar para llegar a entender algo y otros, por muchos elogios y por el papel importante que tuvieran en su momento, no nos dicen nada. Los que en su momento fueron raros, ahora son unos completos desconocidos, y tal vez sea solo una mera cuestión de azar, si pensamos que ellos escribían anclados en el pasado y bebiendo del presente, con lo cual poco les podían importar unos años u otros. Tal vez simplemente sea una cuestión de lectores, pero ni siquiera tenían muchos. Ser pobre era algo muy a la moda en la profesión. Ser libre también, como si una cosa llevara a otra o todo fuera lo mismo. En todo caso, para Rubén Darío es una cuestión de escritura, algo que debería nivelarlo todo, como un grado cero. En sus textos reparte a cada uno lo suyo y no escatima en ello.

Rubén Darío tiene un conocimiento abrumador de aquello de lo que ama (iba a decir escribe, pero hasta nuestros fallos son perfectos, como diría Bohumil Hrabal). Ha leído todos los libros del mundo y de todos ellos tiene recuerdos y palabras, citas y versos. La poesía de los demás se entrelaza apasionadamente con su propia prosa, hasta ser indistinguible. Darío es un poeta que habla de poetas y sus palabras son las de ellos. Los raros no es un libro de crítica literaria, sin más y sea lo que sea eso, sino que reclama su lugar entre el resto, entre aquellos de los que nos habla. La misma energía, el mismo ímpetu, el mismo tono, las mismas necesidades, los mismos cafés, las mismas noches. Tal vez los mismos fracasos, las mismas renuncias.

En el tiempo de los ismos, todo tiembla. Y uno no puede capturar esos temblores un siglo después. Los temblores nos llegan como lejanas réplicas y las convulsiones y esperanzas, las batallas por el presente (aquel presente), son otra cosa. Por eso este libro tiene su importancia vital para entender aquello. Por eso es un objeto de escritura maravillada (por la época que le ha tocado vivir, por aquellos con los que le ha tocado compartirla, en la cercanía que da compartir una misma dirección), que además WunderKammer, nos presenta como un objeto único, en una edición de autor, desde el momento que decide y asume riesgos. Como si todo se alineara: escritores lejanos, pero aún presentes, Rubén Darío y editorial. Todos raros, todos preciosos, habitantes de un lugar lejano, cercano: la literatura.

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