Coloquio sobre Dante, de Ósip Mandelstam (Acantilado) Traducción de Selma Ancira | por Francisca Pageo

Ósip Mandelstam | Coloquio sobre Dante

Cómo hablar de La Divina Comedia sin hablar de Dante, se dice Ósip Mandelstam. Y es que en Coloquio sobre Dante no solo hallamos esos signos vitales que tendría su gran obra, sino los que el propio Dante nos proporciona. Coloquio sobre Dante cristaliza, materializa y da forma a esos señuelos que Dante nos aporta con su poesía, con sus palabras tan apabullantes y logradas.

«Únicamente con ayuda de la metáfora es posible encontrar un indicio concreto del instinto generador de formas que impulsaba a Dante primero a acumular y después a prodigar sus tercetos.», escribe Mandelstam. Es quizá ahí, en ese principio metafórico, donde podemos encontrar esa verdad que hallamos en La Divina Comedia, porque es una obra de verdad, de tragedia, de sufrimiento y alegría humanos. Pareciera que La Divina Comedia es una obra arcaica, lejana a nuestro tiempo, pero Mandelstam, con sus palabras, nos indica que no es así. Hace un paralelismo muy moderno de lo que la escritura de Dante puede aportar a nuestros días, y es de esta manera como nos hallamos ante un principio universal: la buena literatura, la buena poesía, ni tiene principio ni tiene fin, es completamente eterna y atemporal, y solo el tiempo que nosotros le damos le otorga ese lugar que tampoco tiene sitio ni espacio, pero que podemos encontrar en nuestra alma. Así, La Divina Comedia es una cristalografía del alma, pues los minerales y las piedras son las que metafóricamente aluden a ella, y no sólo, sino también los retales y ese violonchelo que nos lleva por el fondo de nuestra mente, nuestros actos y sentimientos.

Es de este modo que Mandelstam considera a Dante como el verdadero poeta: «Cuando Dante lo necesita, llama a los párpados «labios de los ojos». Esto ocurre cuando las lágrimas congeladas cuelgan de las pestañas como cristales de hielo y forman una costra que impide llorar.» ¿No es esto, acaso, magnífico? Es imposible leer al autor ruso sin emocionarnos con sus palabras sobre la poesía misma, pues la manera en la que se expresa, la manera en la que escribe, es puramente metafórica. No es ni llana ni superficial, sino puramente profunda, ya que nos proporciona las claves más poderosas para comprender y entender la poesía, para hallarla no solo en Dante y en su Divina Comedia, sino también en la realidad, en nuestro mundo, en esto que llamamos vida.

Me pregunto si se hace necesario leer La Divina Comedia para leer este comentario y desde mi más honda opinión puedo decir que no, no hace falta. Mandelstam no habla solo de ello, y si acaso lo hace, lo hace de manera para que podamos comprender mejor a Dante, a sus versos tan plagados de sinfonías hacia otros mundos, que en realidad no se hallan más que en nuestro interior.

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