Marina Tsvietáieva. La poesía nos enseña a vivir en el fuego, por Francisca Pageo

Un espíritu prisionero, de Marina Tsvietáieva (Galaxia Gutenberg) Traducción de Selma Ancira | por Francisca Pageo

Marina Tsvietáieva | Un espíritu prisionero

De la mano de Galaxia Gutemberg -anteriormente publicado en Círculo de lectores-, aparece una nueva edición de Un espíritu prisionero, una compilación de poemas y ensayos biográficos, catorce y cinco respectivamente, de Marina Tsvietáieva. Estos textos y versos pertenecen a la autobiografía personal de la autora, en esta ocasión acompañada de varios fragmentos y anotaciones de sus Confesiones, también publicadas por la misma editorial.

A pesar de la falta de libertad que había en Rusia en la época que a Marina Tsvietáieva le tocó vivir, su espíritu, como contradicción del título de esta obra, sí que era libre y ella hacía poesía como las abejas acuden a las flores para coger todo su jugo, de manera concisa y nada distraída. La autora tenía un don para la palabra escrita, un don nada mundano que se puede ver reflejado en todo lo que escribió. Sabía y solía ver el mundo como una declaración de amor constante hacia la belleza, la poesía y lo que la vida le podía dar de sí, aunque esta fuera mísera y pobre. Desde edades tempranas, principalmente en su adolescencia, su don se vería nombrado en poetas como Valeri Briúsov o Nikolái Gumiliov, quienes verían en Marina una voz única y especial.

A cada circunstancia maléfica que acontecería en la vida de Marina, el instinto artístico de la autora se multiplicaba, y cuanta más dura era su existencia, más creaba. A Tsvietáieva no le gustaba el tiempo que le tocó vivir, pues este despreciaba el mundo espiritual y emocional del individuo, pero ella lo manifestaría plenamente con sus palabras y su manera de sentir la vida, la cuál era también poética y lírica. Sus diarios son así, líricos y poéticos, más cerca de la evocación que de la propia autobiografía per se. El lirismo de Marina se ve envuelto en una enorme esfera donde los sentimientos y emociones ruedan sobre sí mismos.

En el libro se nos ofrece una breve biografía, gracias al prólogo de Irma Kúdrova, de todo lo que Marina tuvo en vida. Es de clara importancia la cercanía que tenía con su hija Alia, la cual es fundamental y clave para entender y dar con ciertas partes de estos fragmentos de su diario.

Tsvietáieva narra su vida como si no pudiera hacer otra cosa, como si la escritura fuera un arma con la que luchar en ese campo de batalla que era Rusia. Así, Marina viajaría a lo largo de su vida a Italia y Francia, en busca de una existencia más sosegada y donde su espíritu pudiese tener más hueco.

Marina escribe y no calla, pese a todo. Deja constancia de lo que le sucede tanto a ella como de lo que les sucede a sus seres más próximos, de una manera lírica. Su escritura no es superficial, sino honda, profunda, llena de ligeras descripciones y anotaciones que expresa de manera rítmica y musical; como explica la traductora Selma Ancira al inicio del libro «en la prosa y en la poesía de Marina Tsvietáieva sucede lo que en las partituras de música vocal en donde las sílabas se separan mediante guiones para acoplarse a la cadencia de la melodía»; es irremediable no ponerse de acuerdo con esto.

La carta a sí misma que escribe sobre la muerte de Rainer Maria Rilke, de quien sería amiga epistolar, es una carta universal sobre la muerte y lo que ella conlleva. Es también una carta sobre los sentimientos que se profesaban. Y es, también, una carta sobre el amor no sólo fraternal, sino también sobre el amor por la poesía, la escritura y la lectura. Su encuentro con Andre Biely es casi onírico, como si las dos almas se encontrasen sin cuerpo presente. Es un encuentro desnudo, extraño que Tsvietáieva muestra como un milagro. Sin duda para la autora, es el encontrarse con poetas con los que siente afinidad lo que le da fuerza para seguir con su escritura y su forma de sentir y ver la vida.

La poesía de Tsvietáieva es ágil y esbelta, como ella, es elegante y vislumbra destellos de luz al leerla. Son poemas que hablan de la amistad y del interior del ser humano, hablan de la espiritualidad subyacente a todo y de la naturaleza. Son poemas delicados, con los cuales sentirnos esperanzados pese al sufrimiento. Pese a todo. Marina piensa, piensa y piensa. Marina habla, habla y habla. Marina es desde luego un ser humano que acepta su condición; acepta que no todo en la vida sale bien y acepta que la escritura y el amor que tiene por sus seres queridos es lo único que siente que es capaz de salvarla. Pese a todo, Marina se suicidará pero su vida no se irá en vano, pues nos deja todo un gran legado y testamento literario que leer y en el que reconfortarnos, por muy irónico que parezca.

Un espíritu prisionero es, sin duda, un libro esencial de la autora que nos hace ver sus ideas y pensamientos y que resulta clave para entenderla y entender la época en la que vivió. A mí, desde luego, me ha conquistado.

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Détour

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