Maria Gainza. La vida como obra de arte, por Francisca Pageo

El nervio óptico, de Maria Gainza (Anagrama) | por Francisca Pageo

Maria Gainza | El nervio óptico

Ya publicado anteriormente en la tierra natal de María Gainza, nos llega de la mano de Anagrama El nervio óptico, su primera novela. Una novela a medio camino entre la historia del arte y la narrativa personal dividida en 11 partes donde la protagonista detalla su trayectoria vital. Una trayectoria llena de altibajos, de incertidumbres y de señales que nos marcarán el camino vivido y por vivir.

Se trata de un libro, como ya se ha dicho, entre el arte y la vida, aunque qué novela no trata sobre la vida, pues todas tratan sobre ella. El recorrido por los museos de Argentina nos cuenta la historia a través del arte. Hechos y obras que acontecieron en tiempos pasados y que de alguna manera tienen relevancia en el presente. Todo se relaciona y todo se conecta. Es irremediable. «Uno siempre escribe sobre algo para contar otra cosa».
Para poder hablar de arte siempre hay que hablarse a uno mismo. Es necesario volverse hacia dentro, donde hallamos las preguntas y respuestas que el arte nos ofrece. Estas no solo se hallan en las obras, sino que debemos ahondar en nosotros, en nuestro interior, para que ambas sean respondidas y formuladas.

Estamos ante una novela sobre la memoria. La de uno mismo, la de que los que nos rodean, la del mundo, la del arte. Toda la memoria recoge otras memorias, en las que nos adentramos en recuerdos de un pasado que no logramos poseer del todo. Que se nos escurre y escapa. La mirada que tornamos a él nos hace sucumbir al presente, a lo que tenemos ahora entre las manos, para entenderlo. «Del museo rosa que estaba a veinte cuadras de mi casa nadie me había hablado; más tarde entendería que, para mis padres, la Buenos aires de mi infancia no albergaba ningún interés artístico; vivían paralizados por la lasitud neurótica de verse reflejados en el pasado, en cada palacete, en cada estatua de bronce, en cada juego de platería propio o ajeno».
La protagonista cultiva su alma y su mente. Sin cesar y sin pausa. Analizando todo lo que recibe, sintiendo que todo lo que sucede nos puede hacer avanzar o retroceder para comprender. Todo está en su cabeza. Todo sucede alrededor y le sucede a ella. Su entorno es embriagador y cinematográfico. Casi podemos adentrarnos en él y saber de primera mano lo que a cada persona acontece. La enfermedad, la esperanza, la vejez y la memoria son quizás los temas principales después del arte.

Al leer este libro sabremos más sobre los pintores. No sólo de sus obras, sino también de su vida. Gainza se adentra hondo en ello y hurga hasta dar con las piezas clave para contar no solo su historia, sino otras muchas. Estamos ante una novela llena de ellas y, asimismo, están tan unificadas entre ellas que la Historia termina por escribirse en H mayúscula, porque arte y vida, al fin y al cabo, terminan siendo lo mismo.

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Détour

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