Un ascensor al espacio, de Kelly y Zach Weinersmith (Blackie Books) Traducción de Pablo Álvarez Ellacuria | por Almudena Muñoz

Kelly y Zach Weinersmith | Un ascensor al espacio

Cuando un académico se propone escribir sobre el futuro, está tomando una decisión más sabia que quienes se dedican a analizar el pasado: cuando siglos más adelante se demuestre que sus teorías eran erróneas, al menos no estará vivo para verlo.

Libros como Un ascensor al espacio me plantean siempre la misma duda: ¿no será que nos gusta más imaginar la sociedad venidera que poner en marcha revoluciones más urgentes? Sabemos que la ciencia hace lo que puede y que vive dentro de su escafandra, donde consigue avances que a veces coinciden con una necesidad práctica y otras inventa necesidades hasta entonces no planteadas. Eso es lo que más nos gusta de imaginar el futuro: que nunca sucede tal y como esperábamos. La penicilina, Internet, el sistema de recuento de votos o Instagram. Nada demasiado jugoso para una aventura de Julio Verne.

No es nuevo que la popularidad de los libros sobre el futuro se debe a dos conceptos opuestos con sensaciones miméticas: la fascinación o el miedo. Leer perspectivas apocalípticas o mundos tan maravillosos y descacharrantes como un episodio de Los supersónicos dice poco de nosotros: el presente nos pesa tanto que sólo sabemos escapar de él, o interpretar el tiempo en función de nuestras (insignificantes) circunstancias. Quizá por eso Kelly y Zach Weinersmith (parasitóloga e historietista, matrimonio de autores) han elegido cábalas fascinantes, explicadas con un estilo muy divulgativo, para desglosar lo que sucederá (o no) en más bien siglos que décadas.

Temas como los residuos plásticos, la desigualdad económica o la investigación contra el cáncer no podían ser estrellas brillantes de un libro como éste, pero hasta los inventos más locos podrían impactar en ellos. ¿Será posible extraer platino de asteroides? ¿Hacer que tu casa te arrope y cante una nana cuando has tenido un día agotador en el trabajo? ¿Tener por pareja un Brad Pitt virtual que te deja notas cariñosas? ¿Encargar un edificio de pisos baratos que se construye en 24 horas y tiene una detallada fachada gótica? ¿Imprimir una magdalena como quien enciende la Nespresso?

Todo podría ser. O no. Resulta curioso que los Weinersmith hayan consultado con muchos expertos del MIT y universidades de élite para fundamentar todas las posibilidades, sin alcanzar ninguna certeza sobre si sucederán o serán positivas, mientras autores victorianos que nunca abrieron una revista científica pudieron crear escenarios y aparatos muy similares a los que tenemos hoy en día. Tal vez porque el futuro no se parece a nada y para acertar hay que romper con los razonamientos que aplicamos hoy y todo lo que conocemos. Para los autores, es inevitable tomárselo como las noticias de prensa, con ese humor un poco cínico que caracteriza a los cómics de Zach Weinersmith (Saturday Morning Breakfast Cereal). Lo que acaba empañando a eventos futuros de temores presentes, como ¿seguirá siendo Corea del Norte una amenaza terrorista para un hipotético túnel aeroespacial construido desde Occidente? ¿Seguirá acaso por entonces existiendo Occidente? Por suerte, no estaremos aquí para verlo, pero sí para leerlo.

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