Aplastamiento de las gotas, de Julio Cortázar (Nórdica) Ilustraciones de Elena Odriozola | por Juan Jiménez García

Julio Cortázar | Aplastamiento de las gotas

En algún momento, en algún lugar, Julio  Cortázar escribió sobre la importancia de los espacios en blanco en la página. Alrededor de las palabras, entre las líneas, un poco por todo. La página debía tomar aire, respirar. Quién sabe si Nórdica tenía presente todo esto con el Aplastamiento de las gotas. O su ilustradora, Elena Odriozola. Pero lo cierto es que este libro es un bonito homenaje a ese viento que atraviesa las hojas, lleno de levedad y ese olor a transparencia del que escribía María Elena Walsh.

Están las gotas de lluvia, que caen sobre el cristal como caen las palabras de Cortázar sobre la hoja. Entre el suicidio apresurado de algunas y la lenta demora de otras, aunque la prosa del escritor argentino se quede ahí, remoloneando, encariñada con las palabras. Mientras tanto, sobre fondo verde, dos personas buscan encontrarse y no es fácil, porque no hay nada fácil o pocas cosas y poco importantes.

Está la espera. La espera de esa caída y la espera de ese encuentro, y esperar no es cualquier cosa sino más bien todo. Cruzarse de brazos y luego cruzar los brazos sobre el otro. Y marcharse, para poder volverse a encontrar. Es la emoción de una promesa. O la emoción de una intuición. Y tiemblan las gotas de lluvia, como temblamos nosotros ante el vacío. Ante la caída.

Tristes gotas.

En esta breve reflexión sobre la espera (Julio Cortázar a través de las gotas de una lluvia que hemos olvidado; Elena Odriozola a través de dos personas, un gato y un pájaro cuyas plumas atraviesan ese mismo espacio cristalino), al final solo puede quedar la esperanza o el deseo (palabras que se confunden, que andan siempre algo enredadas). La esperanza o el deseo son flores raras, de ese azul que se adhiere a las cubiertas y entre el que se insertan las hojas y el viento y las fugaces gotas.

Qué decir de un libro aéreo, hecho para ser tocado, con ese olor que tiene poco de electrónico y mucho de físico. Está la belleza de las cosas. Y la belleza de las cosas es algo que va con ellas y que tal vez pueda ser contado, de algún modo, aunque no debería.  Para preservar el misterio (aéreo) de los espacios en blanco.

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