Todo Messi, de Jordi Puntí (Anagrama)  | por Óscar Brox

Jordi Puntí | Todo Messi

Empecemos por el principio. El subtítulo del libro, ejercicios de estilo, invita a imaginar a Leo Messi una mañana a mediodía, junto al parque Monceau, en la plataforma trasera de un autobús casi completo de la línea S. Y a su autor, Jordi Puntí, como un émulo de Raymond Queneau capaz de ubicar al mayor astro del fútbol contemporáneo en un estudio sobre las relaciones entre la imaginación y el lenguaje. Y, en cierto modo, Todo Messi no deja de ser eso: una tentativa de agotar todo lo que se puede decir del jugador del F.C. Barcelona. O lo que es lo mismo: hacer de Messi un síntoma de nuestro tiempo. La clave, la divisa, el punto de encuentro para unas cuantas intuiciones en torno a la escritura. A la manera de Italo Calvino, a quien mencionará en el texto, Puntí lleva a cabo sus propuestas para este milenio, identificando cada una de ellas con algún atributo de Messi.

Pero Todo Messi es, como sucedía con En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, de Simon Critchley, una reflexión sobre fútbol y escritura; entre estilo e hipérbole, esa figura asociada ad nauseam para dar cuenta de las infinitas virtudes de Messi. El informe de Puntí sobre la prensa deportiva, sus constantes vitales y el papel de un escritor en las páginas de un diario. De ahí que el libro se lea, casi, como un conjunto de columnas que glosan la travesía de Messi en las diferentes categorías del Barça mientras el futuro Balón de Oro comienza a modelar sus capacidades con la pelota. Velocidad, intuición, desmarque y visión de juego. Antes de emular a Maradona contra el Getafe o de homenajear a Cruyff tirando un penalti a su manera. De presentar su camiseta ante la afición del Bernabéu o de coronar la montaña de jugadores arremolinados bajo sus piernas. Antes, incluso, de que Rexach lo fichase para el Barça, pese a sus reservas; de su tratamiento hormonal; de las dudas en una Barcelona que le hacía extrañar su Rosario natal; o de la modestia con la que emergió en el vestuario de Frank Rijkaard.

Puntí afila cada rasgo de Messi con la misma capacidad literaria con la que Queneau convertía una anécdota cualquiera en un informe policial, una variación filosófica o la descripción de un sueño. Pocas veces, acaso desde Maradona, un jugador ha representado tanto; ha trascendido de esa manera los límites de un campo de fútbol para devenir icono de un tiempo. Figura de una contemporaneidad. Y Puntí aprovecha esa situación privilegiada para plantear su particular partido con Messi; con ese futbolista de dibujos animados (como Romário para Jorge Valdano) víctima de la sobreadjetivación. Con ese futbolista al que hay que ver, incluso, en los calentamientos a pie de campo, con su soltura y desenvoltura con la pelota. Un futbolista que es algo más que un futbolista, una metonimia de esta época. Diagrama, electro, fluctuación bursátil o cualquier otro indicador que mida el estado de las cosas.

Lo bonito de Todo Messi es, precisamente, que nunca pierde su esencia de juego. De tratar de hacer literatura con el futbolista. O, mejor dicho, de convertir al futbolista en literatura. En pronóstico de Calvino para este milenio o en fuga para sobrellevar mejor las costumbres de una realidad demasiado mediocre. Por eso no solo resulta divertido, amén de envidiable, lo que Puntí señala a través de Messi, sino que hasta cierto punto es, asimismo, un precioso estudio de la literatura hoy: de lo que quiere, lo que puede, del estilo y de sus conquistas, del futuro y sus desafíos. De las palabras y sus retruécanos. De los ejercicios que, como la pierna de Messi, se ajustan a cualquier situación que plantee nuestra imaginación.

Es por eso por lo que la lectura de Todo Messi se antoja una preciosa descripción del oficio de escribir. De lo que supone el trabajo con las palabras y la relación que se establece entre éstas y el mundo. El retrato de un Messi construido con letras, exclamaciones, reflexiones y estilos para glosar no solo su grandeza; también la de un lenguaje que nos permite hacer de la vida de un astro la posibilidad de pensar el estado actual de la escritura. De ahí que la tarea de Puntí, de largo uno de los mejores escritores catalanes de relatos (véase Esto no es América, también en Anagrama), con titanes como Sergi Pàmies o Quim Monzó mirándole de reojo, constituya todo un hallazgo literario. Puntapié y gol por la escuadra a una prensa deportiva nada imaginativa. Incapaz, pues, de imaginar en Messi todo un proyecto literario. Clave, divisa, síntoma de nuestro tiempo literario. Ejercicio y estilo.

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