Señor de las periferias, de Jesús Montiel (Pre-textos) | por Francisca Pageo

Jesús Montiel | Señor de las periferias

Conocí a Jesús Montiel a través de su poesía hace no menos de un año con su libro Sucederá la flor, publicado por Pre-Textos, y desde entonces tengo una espinita aquí clavada, pues su poética es cercana al canto propio de los pájaros y al mismo canto de la belleza y lo óptimo de la vida. Desde que supe que había publicado una biografía de Robert Walser (uno de mis referentes, también publicado como el anterior libro en Pre-Textos) no pude dejar mi vista pasar y me apropié de de él no sólo para leerlo, sino también para saborearlo con mi alma, que tan cerca se siente de los dos escritores. Así, Montiel crea una biografía que es prosa poética y es digna de leer como leemos un libro de poesía: pausadamente, deleitándonos con sus punzadas y corazonadas (tanto por el dolor que traen como por el amor que Montiel, Walser y la poesía profesan hacia la vida). En un libro que nos sitúa ante las experiencias cumbres de Walser y ante su infancia, su juventud, su adultez y lo últimos días de su vida.

Robert Walser no fue un hombre cualquiera, él era importante, como la naturaleza, sin pretender que su vida lo fuera. Él venía de la nieve y terminó muriendo en ella. Walser era como una gota de agua llena de ternura que se iba derramando (y no sólo metafóricamente) allá donde fuera. «Sin el amor, ninguna vida tendría explicación», dice Montiel. Y qué razón. Walser fue un incomprendido en su época y aún lo sigue siendo en la nuestra, más cerca de la contemplación que de la actividad que un artista creemos (o se cree o se debe) ha de tomar, él vivió por y para su mundo interior. Estudiaba, observaba los pájaros, miraba las paredes. Pareciera que todo lo de ahí fuera no importase, que sólo importase el silencio, que como dice Montiel en el libro, es su respuesta más elocuente.

Se tildaba Walser, para sí mismo y para los demás, de fracasado, pero él era mucho más que todo eso. Walser fue un niño-adulto durante toda su vida. Con sus ojos de pájaro perdido. Con su tremenda solemnidad y quietud. Con su pasión por andar y andar, lejos del hogar, lejos de todo. Leer este libro nos duele, pero también nos eleva. ¿Cómo ha podido Jesús Montiel sacar del dolor y lo profundo con la luz y bondad de su poesía lo más traumático de Robert Walser? No lo sabemos. Montiel hace de la prosa poética y de la vida de Walser una razón por la que vivir, por la que leer, por la que alimentarse. Este libro es, asimismo, una poemario biográfico que nos alimenta y nos llena de luz; luz como lo fue Robert Walser caminando, sobre la blancura del paisaje nevado y sobre sí mismo. La propia modestia del autor biografiado ha hecho que su biografía y sus obras se tornen importantes y dignas de estudio. Por su psicología y sus detalles. Por su humildad y belleza. Por todo.

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