Poder y resistencia, de Ilija Trojanow (Acantilado) Traducción de Roberto Bravo de la Varga | por Juan Jiménez García

Ilija Trojanow | Poder y resistencia

Los extraños caminos editoriales han llevado a la aparición en los últimos meses de no pocos libros con un protagonista común: Bulgaria. Bien sea a través de una visión entre íntima y periodística (Una calle sin nombre, de Kapka Kassabova), a través del humor (La caja negra y Kara y Yara en la tormenta de la historia, ambas de Alek Popov, pero cada una en una editorial) o, desde un punto de vista más ambicioso, el recorrido a través de décadas de historia de Poder y resistencia. La lectura de todas ellas en un breve periodo de tiempo, ofrece un curioso retrato de un país en la frontera de Europa y en la frontera de Oriente. Un país atravesado por los Balcanes, de límites cambiantes y culturas que se superponen en capas no siempre bien encajadas. Y, en las décadas precedentes, una pieza más de aquel puzle comunista de acero y una pieza más en el puzle de esas transiciones en las que poco cambió por las mismas razones de siempre. Y no vendrán los búlgaros a explicárnoslas… Ilija Trojanow nació en 1965 en Sofia, pero en 1971 su familia huyó del país. Si la familia de Kapka Kassabona se había ido a Nueva Zelanda, es decir, lo más lejos posible, la de Trojanow acabó en Kenia. El caso es que él se convirtió, entre idas y vueltas entre continentes, en un escritor en lengua alemana. Pero Bulgaría seguía ahí, inamovible en su desaliento.

Poder y resistencia. El poder es Metodi Popov, con una vida pasada en los órganos del Partido Comunista y una dedicación a la Seguridad, que ha proseguido, con todo caído, en una vida continuada en los órganos del Partido Socialista y como empresario de éxito. La resistencia es Konstantin Sheitanov. Por su parte, tras hacer saltar por los aires la cabeza de Stalin como estatua, pasa buena parte de su vida en prisión, sometido a toda clase de torturas y aislamientos, hasta que, liberado, desaparece durante años, ocupados en ser un simple electricista. La caída del comunismo será otra forma de aislamiento, mientras intenta reconstruir, a través de los archivos, aquellos años y sus traiciones. Lo cierto es que la vida de ambos, como el propio poder y  la resistencia, se han ido cruzando una y otra vez, desde aquel primer encuentro fugaz de adolescentes en Panaguiúrishte. Y así seguirán hasta que uno de los dos muera. Y mientras tanto la vida sigue. Metodi encuentra (tal vez) una hija producto de un encuentro fugaz y turbio con una presa y Konstantin mantiene una relación que no puede pasar de la amistad y el cariño mutuo con Dora, una vecina.

No deja de ser significativo que mientras Metodi está instalado en su propio tiempo, en ese ahora que para él es solo la sucesión lógica de las cosas, Konstantin está instalado en su pasado. De años de prisión, torturas y humillaciones no se sale por una puerta. Su firme resistencia se convertirá en un motivo para estar vivo, aunque eso represente más años de cárcel, más molinos de viento, más muros que golpear con la cabeza. Cuando todo pase, todo seguirá igual. Y ni tan siquiera sus intentos de acceder a esa verdad que esconden los archivos le será posible, porque estos, de un modo u otro, siempre quedarán inaccesibles. Metodi, su némesis, solo demuestra la persistencia del mal. Un mal que recorre todas las arterias de ese cuerpo, inmune, nunca lo suficientemente desafiante como para ser inequívocamente visible. Ecos que atraviesan toda Europa.

Ilija Trojanow entreteje voces y silencios. La vida y razones de Metodi Popov se entrelazan con la vida y razones de Konstantin Sheitanov. El poder con la resistencia. Avanza y retrocede en el tiempo. Vuelve al comienzo de todo, en los años cincuenta. Frecuenta este siglo, que confirma todas las derrotas. Saca las actas de los archivos, prueba de la corrupción material de las cosas y los hombres. Gritos y temblores. Frente a todo, la vida sigue. La de uno y la de otro. Y surgen esas falsas esperanzas que nos mantienen con vida. Retrato de un tiempo que nunca pasó y de como abrir falsas puertas y ventanas nunca fue la solución de nada sino solo espejismos, engaños, trucos de magia, que nada tienen que hacer frente a la persistencia de la memoria.

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