84, Charing Cross Road, de Helene Hanff (Anagrama). Traducción de Javier Calzada | por Inés Martínez García

Helene Hanff | 84, Charing Cross Road

Cada vez me siento más abrumada por la cantidad de libros interesantes que invaden las librerías y el poco espacio que tengo en mis estantes. Semanalmente me asomo a la librería de mi barrio y echo un vistazo rápido a las novedades, porque si poso más de cuatro segundos la vista en un ejemplar mi estantería comienza a temblar… ¡y qué sería de ella y de mí si un día cayera por su propio peso y todos estos libros que tanto adoro rodaran por el suelo, abiertos, doblados, rotos! Todos ellos cubriendo como una alfombra la madera fría del suelo, todos ellos cubriendo seguramente mi cabeza magullada tras el golpe.

84, Charing Cross Road es uno de los libros compactos que la editorial Anagrama ha vuelto a editar con motivo de su 50 aniversario. Un libro para bibliófilos y, sobre todo, para amantes de las librerías pequeñas que siempre están ahí. Helene Hanff es una autora neoyorquina que un 5 de octubre de 1949 escribe una misiva a la librería Marks & Co., situada en el 84 de Charing Cross Road (Londres), con la que entabla una relación por correspondencia a través de uno de sus trabajadores. 84, Charing Cross Road se convierte en libro veinte años después de que la autora enviase por primera vez esa carta en el 49. Esta obra muestra la relación epistolar que Helene, protagonista y autora, mantiene con Frank Doel, el encargado de la librería, que responde cordialmente a todas las cartas a pesar del tono irónico, burdo e incluso exigente que la autora en ocasiones utiliza en ellas. El estilo con el que los protagonistas se expresan forma el eje principal de la narrativa de esta obra. No nos encontramos con un escenario, ni con un paisaje, ni siquiera con la descripción exacta del aspecto de los protagonistas. Sino que es el desvestimiento del lenguaje de la autora y de Frank Doel el centro de toda esta narrativa que encontramos en 84, Charing Cross Road.

De esta manera, autora y librero establecen un vínculo de complicidad que no solo reside en ellos sino que se expande por todos los trabajadores de la librería, la esposa de Doel y de otros personajes vinculados a la autora y que se ven atraídos por la librería.

Helene Hanff se dedica a escribir, a leer, a acudir a bibliotecas para después sentarse en su apartamento y escribir una carta a máquina para enviarla a Londres, pidiendo obras que ha visto en la biblioteca o que cualquier amigo le ha recomendado. Helene devora libros y luego los tira; Helene se ve inmersa en la lectura de guiones y después comienza a escribirlos para la televisión. De este modo nace su deseo por ahorrar y viajar a su amada Inglaterra, para visitar a su amigo Frank, ver la librería y al resto de sus amigos por correspondencia. 84, Charing Cross Road nos presenta un deseo que nunca llega a saciarse: los personajes anhelan conocerse, anhelan el contacto físico más allá de las misivas y regalos que la autora les hace llegar. Pero, a pesar de las muchas promesas que Helene Hanff hace, lo cierto es que siempre ocurre algo que se interpone entre la autora y el viaje. La protagonista, ya derrotada ante la idea de que jamás irá a Londres, le pide a sus amigos, que sí consiguen cruzar el Atlántico, que depositen un beso en su nombre si se acercan a la librería. La historia de amor entre los dos amigos se hace irrompible con el tiempo a pesar de la distancia que les une. Pues, como dice la autora a lo largo de la correspondencia: ¿para qué voy a bajar hasta la calle 17 a comprar libros sucios y estropeados cuando puedo conseguirlos de ustedes limpios y hermosos sin tener que alejarme de mi máquina de escribir? Desde donde estoy ahora, Londres se encuentra muchísimo más cerca que la calle 17.

84, Charing Cross Road es una comedia, una historia de amor, una tragedia, un compendio de cartas ilusionantes y cargadas de dudas y miedo. Miedo a realizar un viaje, a decepcionarse, a no encontrar lo esperado, a perder lo querido. Este librito que Anagrama ha decidido reeditar por sus cincuenta años tiene el peso de la mayor parte de la literatura universal entre sus páginas. Un peso que esperemos no haga caer mi estantería, como no cayó la de Helene Hanff con cada libro que recibía de Marks & Co., desde Londres, con amor.

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