Granta 3. En los márgenes, por Juan Jiménez García

Granta 3: Outsider (Galaxia Gutenberg) | por Juan Jiménez García

Granta 3: Outsider

Puede que el outsider siempre haya estado ahí, presente desde el principio de los tiempos, pero tal vez solo hayamos sabido encontrar su significado en estas últimas décadas. Solo en este momento seamos capaz de ponerle un nombre a aquellos a los que el tiempo, la historia o los demás hombres han dejado a un lado. O tal vez sea una decisión personal, si aún es tiempo de tener decisiones personales. El tercer número de Granta abunda en esta figura y lo hace desde una infinidad de aproximaciones diferentes, a fin de construir algo así como un espectro, una figura fantasmal de cuerpos intercambiables.

Está la literatura. Como esa mano capaz de alcanzar aquellos lugares a los que ya no se puede llegar. Anthony Doerr, escritor errante, escribe sobre una casa. Una vieja casa que construyeron dos viejos que a su vez fue el comienzo de un pueblo y lo que estaba fuera fue luego todo y la excepción lo que perdura. Tomoyoshi Hoshino escribe sobre Pink y su tía, una muchacha especial, en un relato de tiempos alterados, en unos días de calor intenso, insoportable. En  El amor por este mundo es el principio de todo pecado, Hanan al-Shaykh construye el retrato de una muchacha intensamente religiosa que mantiene una relación especial con su Dios, mientras la escritora estadounidense Cynthia Ozick se sirve del mito de la Sibila para trasladarlo al mundo hebreo. En Instantánea, de Paloma  Robles, una fotografía rota es el pasado desvanecido, reconstruido entre verdad y mentira, entre homosexualidad y heterosexualidad, en una China confundida.

Outsider era Reinaldo Arenas, que buscaba su lugar en el mundo tras abandonar Cuba y que nunca lo encontraría, porque lo había dejado atrás y solo quedaba creer en la soledad que Nueva York era capaz de proporcionarle. La literatura del desarraigo, titularon a la conversación, y esa es la palabra. Como tampoco estaba unido a ningún sitio Juan Carlos Onetti, ese personaje con el que no se podría casar ninguna princesa porque él no fue ni García Márquez ni Vargas Llosa y apuntaba con pistola desde el fondo de su cama. Una reivindicación del escritor a cargo de Rodrigo Fresán. Una reivindicación del fuera de la ley, de la ley del boom, de cualquier ley. Otra reivindicación: la de Oliver Sacks a través del recuerdo, desde la emotividad, de Alonso Cueto.

Pero los márgenes, el quedarse al otro lado de fronteras que solo en nuestra cabeza están marcadas, son algo más amplio. Atravesar Europa para escapar de Siria, ser el resto de algo, las sobras de la guerra, dejarse atrapar por las mafias. Sobre ello escribe Pilar Cebrián. Y Svetlana Aleksiévich lo hace sobre el camino inverso. El que llevó a tantos soviéticos a morir en Afganistán, a volver envueltos en un ataúd de zinc. Una historia terrorífica construida sobre los temores más primigenios o sobre el instinto que nos lleva a intentar sobrevivir. O vivir. Aunque esto en el algunos lugares sea mucho. Entre pasado y presente, en un diálogo de viejos muertos y nuevos vivos, en El Papa de América Latina Jon Lee Anderson une la teología de la liberación y sus caídos con los intentos del nuevo Papa por encontrar un lugar para la Iglesia en los nuevos aires del continente.

Habrá más figuras del outsider, más representaciones. Las imágenes y las palabras de Teresita Fernández, Roberto Piglia a través de septiembre y de Buenos Aires y de las conversaciones de amigos, y de algunas ideas sueltas, en propuesta de Pola Oloixarac. Los tres breves cuentos que propone Andrés Ibáñez. O la correspondencia entre Janet Malcolm y Marta Werner para la construcción de un collage. El collage como reinvención, como reescritura. También la invención de un diario, el de Tedi López Mills. Y todo hasta llegar a Javier Cercas y su El punto ciego, conferencia en busca de esos lugares en los que la narrativa se abandona al lector, en busca de su complicidad, para que se adentre en un vacio, en una falta, en esa pieza o piezas que debemos aportar nosotros. O no. Y así se cierra el número tres de Granta, construido desde los márgenes del tiempo y del espacio, atravesado por puntos de luz. Una búsqueda en los márgenes de los márgenes.

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Détour

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