Céleste Ugolin, de Georges Ribemont-Dessaignes (Hermida Editores)  Traducción de Manuel Arranz | por Francisca Pageo

Georges Ribemont-Dessaignes | Céleste Ugolin

Considerada la primera novela dadaísta, Céleste Ugolin trata la historia de un hombre que ya conoce lo que va buscando, pero que reniega de ello cuando lo consigue. Céleste Ugolin es una novela surrealista, una novela que va saltando de frase en frase, la mayoría de ellas sin ningún enlace ni vaso comunicante entre sí, pero que al final logramos hilvanar nosotros y en la que la propia trama, casi sin quererlo, es la que logra conectar unas con otras.

Estamos ante una novela llena de imágenes, hipnóticas y sugerentes, y una prosa de metáforas disociadas de sí mismas. El protagonista, Céleste Ugolin, quien se contempla en todos los espejos, no es un hombre cualquiera, y se terminará enamorando de una prostituta invidente, Violette, también llamada Nenoeil, quien le dará muchísimo asco; tanto es así que no sabemos muy bien cómo el protagonista hace todo lo que hace respecto a ella y lo que le atañe. Los personajes de esta novela son enigmáticos y valientes.

En este libro todo se trata de un asunto de palabras. Y también de imágenes. De lo que vemos y de lo que no podemos ver. Pareciera, incluso, que el personaje está todo el rato riéndose de sí mismo. Como si yaciera en él una conciencia de sí —una conciencia burda, no lo neguemos— que le lleva a hacer, decir y pensar todo lo que lleva a cabo. Aquí nos preguntamos, ¿qué es lo que nos lleva a la locura? «Ugolin escribía: ¿se puede fingir la locura? ¿Podemos hacerlo sin volvernos locos? No lo sé. He desembarcado en una deliciosa isla del océano, una isla de coral bañada por las olas azules, que apenas hacen ruido. O al menos el mar ha empezado a rodearme y el suelo en el que estoy se ha convertido en una isla.» Y pensamos en Céleste y decimos: ¿realmente la finge? Me gusta pensar que Georges Ribemont-Dessaignes utiliza a Céleste para hablar de todo aquello que le preocupa, pues lo que sucede en este libro es toda una crítica a lo establecido y lo no establecido, a lo que creemos y a lo que hacemos creer, a las propias vanguardias e, incluso, a sí mismo. También es un libro sobre el amor y la manera en la que nos lo tomamos.

Céleste Ugolin es una novela cruda y cruel y sentimos que toca muchos valores y nuestra moral. En resumidas cuentas, eso es lo que hace este libro. Un libro de lengua y mente afiladas en el que el autor conoce muy bien a su protagonista, pese a la locura y pese a todo. Desde mi punto de vista hay algo calculador aquí, como si la novela, a pesar de considerarse dadaísta y surrealista, nos hiciese creer que es una novela del inconsciente y de ese mundo extraño que no conocemos y que usamos como él quiere; pero no es así, para nada es así. Es una novela nacida de la lógica, nacida del paradigma de las palabras mismas. Y el autor lo sabía y aun así nosotros nos obcecamos en clasificar las cosas. Pero sí que es dadaísta su impresión a primera vista, lo que es todo una paradoja al darnos cuenta de cómo y cuánto de razonamiento posee.

Si leen esta novela entrarán en un universo paralelo, uno lleno de símbolos al azar que finalmente estarán ahí por algo. Les advierto que no entrarán en él como salieron, algo tocarán en ustedes que les hará echar chispas, o reírse, o tener asco. Y esa es una de las cosas más importantes que podemos decir de un libro.

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