Una trilogía palestina, de Gasán Kanafani (Hoja de lata). Traducción de María Rosa de Madariaga | por Óscar Brox

Gasán Kanafani | Una trilogía palestina

La vida breve de Gasán Kanafani no fue sencilla. Conoció la expulsión de su tierra a muy temprana edad, el éxodo y los campos de refugiados, la actividad política, la persecución y el asesinato, cuando apenas contaba con 36 años, a manos de los servicios secretos israelíes. En mitad de todo eso, Kanafani no dejó de cultivar la literatura como testimonio de su realidad, pasaporte cultural para proteger a unas voces que sucumbían, impotentes, ante el desastre. Una situación que, medio siglo después, continúa estancada y sin que, pese a algún movimiento significativo, se encuentre una solución que evite el derramamiento de sangre.

Una trilogía palestina contiene las tres novelas en el exilio de Kanafani; obras breves, casi relatos, escritas en mitad de la persecución, en plena huída, con el corazón encogido y las entrañas al aire. Obras en las que su autor reconstruye, en forma de secuencia, las diferentes etapas de la catástrofe: el éxodo, la concienciación y la decisión. Escritas a contrapelo, sin descanso, con esa intensidad que sacrifica la búsqueda de un estilo por la plasmación de la autenticidad. El libro se abre con Hombres en el sol (1963), el retrato de tres generaciones de palestinos condenados a una misma realidad: buscar una nueva vida más allá de la frontera, en una vecina Kuwait a la que tantos otros han emigrado forzosamente. Kanafani narra esa necesidad a través de imágenes de una belleza devastadora, como el corazón cansado de esa tierra que escucha Abu Quais, uno de sus personajes. En Hombres en el sol, como en el resto de novelas compiladas en el volumen, la presencia de este último atestigua, antes que un horizonte de posibilidades, la realidad abrasadora de la que sus protagonistas no pueden escapar; ese camino, al que todos quieren dirigirse en algún momento del relato, que no parece ir a ninguna parte. Un camino que los tres personajes, un anciano, un hombre joven y un niño, decidirán recorrer en la cisterna vacía de un camión de transportes. Escondidos por un pasador que les prometerá llevarlos hasta Kuwait.

El drama de esta primera novela de Kanafani conecta con la realidad del exilio y sus interminables caminatas a través del desierto; con la promesa de otra vida, a costa de sacrificar la propia. Una tensión que su autor construye, en muy pocas páginas, en la situación de esos personajes escondidos en una cisterna bajo el sol abrasador del camino. Una tensión que vivimos desde el punto de vista de Abuljaizarán, el pasador, mientras conduce lo más rápido posible de un control de carretera al siguiente para intentar que los tres hombres se mantengan el menor tiempo posible en la cisterna cerrada del camión. Tensión que desemboca en tragedia, cuando el conductor descubre los cadáveres de sus pasajeros, muertos al no haber resistido las altísimas temperaturas del desierto. Lamento que, por boca de Abuljaizarán, exterioriza Kanafani con un terrorífico ¿por qué? que repite una y otra vez para concluir la novela. Una pregunta que, más que interrogar a sus víctimas, exhorta a sus verdugos a responder por los motivos de ese éxodo forzoso a través del desierto.

Lo que os queda (1966), la segunda novela de la trilogía, es un relato todavía más breve que el anterior, de una intensidad abrumadora,  escrito para ser leído de un tirón, en el que Kanafani explora la incertidumbre tras el exilio; esa sensación de no saber qué hacer, cómo reaccionar, adónde dirigirse. Para ello, el autor olvida la narración clara que distinguía su anterior obra y convierte las vicisitudes de sus personajes en una enmarañada mezcla de monólogos que describen las amargas vidas de los hermanos Hamed y Mariam, y el marido violento de esta última. La colisión entre esas voces, que Kanafani superpone sin distinción alguna, provoca en primera instancia el desconcierto, la sensación de que no existe lugar al que agarrarse; únicamente, ese sol que, como es costumbre, extermina con su calor cualquier posible línea de fuga. La madre ausente, como la tierra perdida, es el vacío que ambos hermanos tratan de colmar, como a ese padre del que solo conocieron un brazo, ensangrentado, cuando devolvieron su cadáver a casa. Mientras Hamed elige abandonar el hogar, en busca de una respuesta, Mariam dialoga una y otra vez con la desgracia que le ha impuesto un esposo maltratador. De fondo flota el asesinato de Salem, un insurgente, y la sensación de que Hamed solo puede hallar su destino junto a unos fedayín que componen la resistencia. La promesa de devolver un futuro a toda una generación exiliada. Una tierra y un hogar, a orillas de ese mar cuya visión ha ocultado el desierto de piedra.

En Um Saad (1969), Kanafani retrata a la figura de la madre y, por así decirlo, se reserva la figura de ese narrador/interlocutor que abre la novela. No hay que olvidar que, más que metáforas o alegorías, se trata de testimonios que su autor recoge, que planta en la tierra seca de la memoria con la esperanza de que florezcan como un nuevo futuro. Um Saad, la protagonista, vive en un campamento de refugiados con esa mezcla de tesón y vulnerabilidad, con la vista puesta en el hijo ausente que se ha enrolado en los fedayín para combatir a Israel. Como en las dos novelas anteriores, Kanafani va al tuétano de la historia, construida con el polvo y la desesperación del desierto, para exteriorizar a través de la madre a una generación de personajes que no pueden decidir por sí mismos, sometidos siempre a un destino del que no saben cómo adueñarse. Sin embargo, a diferencia de las obras previas, hay en Um Saad un conato de optimismo, que Kanafani invoca en una de las anécdotas más bellas del libro: en esa raíz reseca que Um Saad ofrece a su interlocutor, y que posteriormente enseñará un primer brote verde tras las noticias que llegan fuera del campamento sobre las pequeñas victorias de los fedayín.

La trilogía literaria de Gasán Kanafani, rescatada por Hoja de lata tantos años después de su primera edición, muestra esos pequeños pedazos de la cultura palestina cuyo lamento ha sobrevivido al tiempo y a toda la sangre derramada. Libros intensos, bellos por lo irregulares que son, en los que su autor reclamaba atención sobre unas figuras cuyos huesos blanqueaban al sol, entre intentos infructuosos de encontrar un camino hacia nueva vida o un sendero de regreso a ese hogar que les fue arrebatado. Experiencia traumática del éxodo que, entre el lamento y la rebelión, Kanafani elevó a elegía literaria. En arte para sobrevivir al exilio forzoso.

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