Europa, de David Llorente (Alrevés). | por Juan Jiménez García

David Llorente | Europa

Geografía de los títulos de David Llorente: Te quiero porque me das de comer (que sería Carabanchel), Madrid:Frontera, Europa. Quiero decir: como la geografía de los títulos de David Llorente, que no dejan de ser un solo sitio (Carabanchel, después de todo), sus novelas abrazan una variedad de géneros que no dejan de ser la intención de uno solo. Como distintas manchas de tinta caídas del tintero que acaban por encontrarse y formar otra cosa pero una sola cosa. La novela negra, la novela de psicópatas, la novela utópica, la distópica, la política, la ciencia ficción,… Acaban por encontrarse ya no solo porque están aquí, en su última obra, Europa, sino porque atraviesan las anteriores y acaban por venir a morir a este fin del mundo. A este fin del mundo desmesurado, enloquecido, en el que el futuro, penosamente construido, acaba por parecerse terriblemente al presente. Abolición del espacio, confusión de las formas, alteración de los tiempos. ¿Serán estos los signos de apocalipsis? Ese apocalipsis tantas veces prometido que o bien no acaba de llegar o llevamos siglos en él, sin saberlo. Últimas batallas de la humanidad.

Europa empieza como una novela negra. Es más, continua la que (en nuestro corazoncito) es la obra más representativa de David Llorente: Te quiero porque me das de comer. Una novela negra…  Tal vez. Empieza con una venganza. Un tipo que sale de la cárcel tras demasiado poco tiempo y tras haber matado a una mujer en un atropello, quizá de forma involuntaria. Nuestro protagonista no lo cree. Como tampoco cree en más justicia que la suya propia. Un grupo de música, una casa insonorizada, torturas, sexo, muerte, muerte, sexo, torturas, muerte, sexo,… Y el regreso. No diré de quién, por lo de las sorpresas. Y el encuentro. Del hijo pródigo. El ambiente se enrarece. Pasamos de asesinos a psicópatas, dentro de una lógica aplastante. Y sobre Madrid está lo de siempre: esa nube tóxica. El mundo se viene abajo por el propósito de un hombre. Y encontramos hasta la resurrección de los muertos (de nuevo, esas dudas apocalípticas). Ciborgs, robots. No sabemos en qué momento se nos fue todo de las manos hacia eso, el futuro. Un futuro que no alcanzamos sino que nos alcanza. Es más, nos pasa por encima.

De repente, estamos en 1984. Pero poco. Solo el propósito criminal de un hombre (iba a escribir sexual e igual hasta era más exacto). Vivimos tiempos apasionados, llenos de furor y de rabia. David Llorente sigue construyendo su comedia humana (no siempre humana). Los personajes se suceden con la misma necesidad y constancia con la que se destruyen o aniquilan. Para construir hay que destruirlo todo. Y entonces es cuando la novela, en la que parecen haber pasado mil años a una velocidad hipnótica, acaba por encontrarse con nuestro tiempo, poniendo en duda de dónde veníamos. Cuanto menos eso. Nos alcanza una realidad transpuesta. Me pregunto si se entenderá algo de lo que he escrito. Quién sabe. La intención era intentar ir al encuentro de Europa, pero es complicado sin desvelar más de lo estrictamente necesario. David Llorente sigue a la búsqueda de una forma (o a la destrucción de todas). Una forma desde los géneros. También de otra manera de contar esta triste realidad en la que nos encontramos, entre la brutalidad y la ironía. Hay algo que tal vez lo resuma todo: la confusión. O su extremo: el caos.

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