La baba del caracol, de Chantal Maillard (Vaso roto) | por Francisca Pageo

La baba del caracol | Chantal Maillard

La ensayista y poeta Chantal Maillard publica, dentro de la colección Cardinales de la editorial Vaso Roto, La baba del caracol, una obra en la que esboza diversos temas en torno a la creación y el arte. Un libro sobre la creación, sí, enfocado sobre todo desde un punto de vista metafórico y poético, más que filosófico y teórico. En él, Maillard nos acerca el arte y la poesía como una metáfora y un incentivo para recordar qué somos, qué anhelamos y qué nos falta, en una explicación de lo que son el arte y la creación que se vuelve alegórica y simbólica en sí misma.

Para su autora, el significado primitivo de la palabra nos acerca al verdadero mundo de la creación, tanto desde el logos como desde lo inconsciente e intuitivo. Así, observamos cuán importante y necesario resulta volver a la etimología de las palabras. La poesía, del latín poiésis, cuyo significado es crear, toma aquí su razón más pura y esencial. Es por ello que Maillard hace uso de la simbología del caracol para describir cómo la creación va dejando su huella y se inspira en sí misma. El caracol es aquí el artista, el creador. Este libro, además, nos ayuda a comprender cómo la razón poética -de la que solía hablar la filósofa y poeta María Zambrano- hace uso de lo metafórico. Las diferencias y relaciones entre filosofía-poesía/razón-intuición son importantes no solo para entenderlas, sino también para el acto de crear. Su uso nos ayuda a hacer simbólico el mundo, aquello a lo que aún no hemos podido llegar y/o entender.

El inconsciente y la inspiración en la creación son aquí la respiración del artista. Maillard hace así hincapié en el uso de la evocación, pues para ella solo el hecho de evocar es ya, en sí mismo, poesía. Lo que el creador busca en su inconsciente, en forma de viaje interior, se ve reflejado a la vez en su desplazamiento, en el movimiento que proyecta en el exterior. “Leer un haiku es un ejercicio de despertar”, dice Maillard. Aquí se nos explica cuán importante es la mirada y la observación de las cosas tal como son. La creación nos acerca a lo verdadero, a lo imaginal, a lo que está ahí. Sin embargo, si no viajamos, si no contemplamos lo que se refleja tanto en el interior como el exterior, no podremos ver.

La autora nos pone como ejemplo a Henri Michaux y Taneda Santōka, ambos creadores, viajeros y caminantes. Ambos mostraron en su poesía un modo espectral, sencillo y complejo a la vez, de ver la realidad como es. Así, tanto el uso que tuvo Michaux de la mescalina como el de la observación pura que practicaba Santōka mostraban diferentes estados de lo que una persona puede observar. Para ellos bastaba con estar despierto y ver más allá. Por ello, Maillard nos habla de lo importante que son la calma, la quietud y la tranquilidad para poder ver con sosiego qué es lo que el creador pretende -ya sea consciente o inconscientemente- transmitir.

En La baba del caracol, Chantal Maillard nos explica cómo la obra de arte es la metáfora, y entender o comprender la metáfora es tomar conciencia. Si tomamos conciencia de lo que el artista expresa, tomaremos también conciencia de nuestro ser, de lo que aún no conocemos en nosotros o del mundo que nos rodea.


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