Kes, de Barry Hines (Impedimenta) Traducción de Diego Uribe-Holguín | por Dara Scully

Barry Hines | Kes

Un ave surca el horizonte. Sobrecogidos, asistimos a la belleza del vuelo. La quietud delimita el paisaje; alrededor, el viento calla, se detiene el insecto, un silencio poderoso nos envuelve. Solo queda espacio para el ave. Para el vuelo: un arco triunfal, limpio, sosegado. Un ser salvaje a nuestro alcance.

A Billy Casper le acecha la miseria. La miseria moral, el hambre, el sueño en una cama compartida. Le acecha el pozo: trabajar en la mina como su hermano Jud, pasar así los días, la vida entera, en una oscuridad perpetua. El suyo es el reflejo de otros tantos, los muchachos de los suburbios, del norte de Inglaterra: los niños sin futuro. ¿Qué será de Billy? Nos preguntamos al conocerlo. Cómo evitará embrutecerse en un ambiente donde el golpe está en la punta de los dedos. Cómo bordear la desesperanza, el tedio, la abulia de esa vida gris y polvorienta. No puede escapar, Billy. Igual que sus compañeros de clase, que aquellos que vinieron antes que él, tiene la vida trazada. No saldrás nunca de estas calles. No tendrás un padre, una cama, una caricia en la frente. Y Billy lo sabe, todo se lo señala, la injusticia del maestro, la botella vacía de leche, el hermano con su puño afilado. Todo se lo recuerda y sin embargo algo al fondo de los ojos, un brillo, un destello feroz, hermoso: las alas desplegadas el halcón.

Porque Billy vuela a través del ave. Kes, dice, y su corazón se ensancha, llena ese pecho pequeño de muchacho. Ahí está, la libertad de lo salvaje. El respeto en la mirada del pájaro. Permito que me acompañes, parece decirle el halcón, y Billy acepta honrado su regalo, le sigue en un silencio mudo. Porque no es una mascota o un juguete, algo frágil que abandonar cuando uno crece. También nosotros lo sabemos: Kes posee su libertad. Y es su libertad, su dignidad inquebrantable, aquello que Billy ama de ella.

‘Kes’ es una novela que todos tendríamos que leer siendo jóvenes. Es fácil ver a través de Billy Casper, ese muchacho pequeño, atolondrado, siempre al borde del abismo, a punto que quebrar sus alas. Es fácil, digo, sentirnos Billy Casper con catorce años. Esa lucha contra el mundo. Esa rabia que palpita ante la injusticia. La resignación ante una vida que no hemos elegido y que sin embargo nos devora, nos aniquila, golpea nuestro sueño cada noche. Aunque no tengamos su vida, lo comprendemos. Y por eso, como el maestro, temblamos al descubrir la gema que guarda Billy entre sus dedos. El pequeño tesoro que es Kes, la dignidad del animal que se sabe en las alturas, y ese hilo hermoso que tiende con el niño, pálido y sin embargo indestructible. Aunque al final llegue la destrucción y lo cercene. Aunque regrese el ruido, pues Billy lo ha aprendido con los ojos, con las manos, con el guante de cuero al que Kes regresa siembre. Billy aprende a través de las páginas, crece y, de alguna manera, su relación con el pájaro le salva, le evita la mediocridad, la miseria, ser el reflejo gris y miserable de su hermano.

Yo solo puedo decir: leed esta novela. Dejad que Billy Casper camine a vuestro lado. Que os enseñe, en un silencio necesario, el vuelo majestuoso de Kes. También vosotros quedareis sobrecogidos.

[…]

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