Budapest. Guía para marcianos, de Antal Szerb (Libros de Trapisonda)  Traducción de Mária Sziji y José Miguel González Trevejo | por Juan Jiménez García

Antal Szerb | Budapest. Guía para marcianos

Antal Szerb nace con el siglo y muere con el fin de los tiempos, en 1945. Bautizado católico, su familia es judía. Húngaro, morirá en un campo de concentración, apaleado. Entre ese siglo que se abría a todos los desastres y ese desastre final, Szerb se convertirá en uno de los escritores más importantes de la literatura de su país, con libros como El viajero bajo el resplandor de la luna, tal vez su obra más conocida, al menos entre nosotros. Viajó, tuvo oportunidad de huir (no lo hizo) y, tal vez por todo esto, dejó un libro singular y maravilloso sobre su ciudad: Budapest. Guía para marcianos, editado ahora, en una dedición igualmente singular y maravillosa, por Libros de Trapisonda.

Poco sabía Szerb, cuando escribió esta guía para viajeros distantes, que esta sería el testamento de un mundo antiguo que se preparaba para desaparecer. Diez años después, entre alemanes y rusos, Budapest solo era un mapa de ruinas, atravesada por un Danubio sin puentes. Libro, pues, de nostalgias sin nostalgia, alegre sin melancolía. Un inventario de todo aquello que amaba el escritor, sin que se trate de una geografía personal. Es todo aquello que un marciano debe ver visto por los ojos de un amante singular. Entre la historia y el presente, sin pensar en ningún innecesario futuro. En su prólogo, Márton Soltész cita a Ferenc Takács, para el que la guía solo es una guía en su título, ya que no sirve ni para orientarse ni para perderse, ni  contiene nada tangible (esto tiene algo de profundamente conmovedor). Y tal vez sea así de algún modo. E incluso, sin el tal vez. Pero al final tenemos entre manos un retrato más preciso (he escrito precioso… sea) de la ciudad que cualquier estudio topográfico, porque traza una geografía que solo existe en el interior del escritor paseante y, por tanto, única, cierta.

¿En qué otra guía se hablará del erotismo de las calles que se abrazan? En qué otro lugar nos invitará a establecer una relación de amor con esos puentes eternos que se desvelarán efímeros o sus capítulos tendrán nombres como El Danubio, los poetas y la fugacidad. Los lugares tienen el valor no de su historia, sino de nuestra historia personal. El único trazado posible de calles, parques, castillos o jardines es el de los recuerdos. La única precisión deseable es aquella de la imprecisión de nuestra memoria. Los únicos memorialistas son los poetas. Cualquier visitante no dejará de ser un marciano y tan lejos está la ciudad de al lado como cualquier planeta. Ahora damos por descubiertas ciudades y países enteros en el tiempo de un viaje organizado, cuando toda nuestra vida no sirve ni para conocer mínimamente la ciudad en la que hemos crecido y vivido desde siempre. En una nota a pie de página, Szerb escribe que el tiempo de nuestras vidas no es nada comparado con la Eternidad. Añado: esa Eternidad de las ciudades. Por eso, la guía más completa de  Budapest solo puede ser esta guía que no es guía, sino pequeño libro de las maravillas. Y por eso las únicas imágenes posibles para ilustrarlo no son fotografías. Si en su día el libro contenía los dibujos de su amigo Sándor Kolozsváry, esta edición cuenta con las ilustraciones de Juanjo G. Oller (Milimbo), con un cierto regusto a aquel futurismo ruso. Todo para conformar una obra para creer en otros mundos, que estaban en este. Es más: en nosotros mismos.

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