La tercera cara de la luna, de Ángel Luis Sucasas (Fábulas de Albión – Nevsky) | por Juan Francisco Gordo López

Ángel Luis Sucasas | La tercera cara de la luna

Cuando Félix J. Palma se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso relato. Las páginas con tinta emborronada estaban acorazadas por una carcasa en rústica que le impedía ponerse en pie. Del lomo encuadernado se extendían dos bracitos que sostenían un libro de cuentos fantásticos, abierto por cualquier página, que vomitaba, dentro de sus sábanas, historias fascinantes salidas de la dilatada imaginación de Ángel Luis Sucasas. Licántropos, dioses y seres pertenecientes a otros mundos se mezclaron en la realidad de quien, fascinado, escribió un prólogo al libro con las impresiones que aquella ficción había despertado en el otro lado de los sueños.

La tercera cara de la luna, ese libro de cuentos que convierte la ficción en una parte de la realidad de sus lectores, acaba de ser publicado por Nevsky Prospects en su colección que apuesta por la fantasía española, de tan extensa tradición pero que, como brillantemente admite el prologuista, no tiene el alcance mediático de las puntuales obras de éxito internacional. No obstante, Sucasas goza de una reputada trayectoria que se refleja en el compendio de relatos recogidos entre las páginas de su nueva criatura.

Más allá de que la obra sea un «carnaval de la imaginación», se presenta como una digna heredera de la tradición fantástica en castellano. Entre Laura Gallego García, Antonio Martín Morales y el propio Félix J. Palma, Ángel Luis Sucasas dibuja un mapa de los muchos campos de incursión de la literatura fantástica con la brevedad y potencia del cuento como arma de impacto narrativo.

La prosa del autor amalgama la realidad con la ficción, creando un impresionante ambiente en el que introducirse no como lector, sino como espectador. Qué fácil es verse atrapado por las líneas de acción de personajes a medio camino entre el héroe épico y el mercenario, entre cuentos que, por breves, hacen paladear unas historias muy gustosas pero que se deshacen con rapidez en la imaginación: la fugacidad hace que se añore la prolongación de los cuentos. No obstante, los cierres son lo que uno cabría esperar de sus historias para terminarlas con un buen sabor de boca.

En relación a lo que se puede encontrar en el compendio general del libro, hay historias que bien podrían leerse como reescrituras de una teogonía entre grecolatina, cristiana y nórdica. Cuentos en torno a un caldero de mate, cebado individualmente, que transportan a la mitología sudamericana y que se pueden disfrutar con otros campos narrativos como el cinematográfico, ya que recuerda sensiblemente a Eisenstein y su obra inacabada Que viva Méjico! Licantropía en la fantástica y creíble ubicación de las estepas rusas y un posible enlace con el incidente en el “Paso Dyatlov”, unificando, en todo caso, acontecimientos e historias propias de la cultura occidental, a veces con ciertos tintes orientalistas, con la más sencilla y desconocida realidad. Ficciones en torno a la representación de Tobias Stretch de la Tortura de Richard Einhorn, cargada de los símbolos y sensaciones de un vasto imaginario sensitivo.

Sucasas nos enseña en La tercera cara de la luna, esa parte de la literatura en la que la cucaracha en la que Gregor Samsa se vio convertido, después de un sueño intranquilo, puede ser algo más que una obra maestra de la literatura; una cotidianidad desapercibida; un impresionismo semiótico; toda una generación que asume la tradición, el recorrido y el futuro de un género que aún tiene mucho que decir.

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