Los alrededores de una ciudad que no existe, por Beatriz Miralles

Francisca Pageo | Fernando Pessoa

Francisca Pageo

Uno. Escribir para ausentarse.

Vicente Guedes. Bernardo Soares. Alberto Caeiro. Álvaro de Campos. Ricardo Reis. Fernando Pessoa crea una obra heteronímica, una especie de juego teatral hecho de las voces en las que se encarna en la escritura. Escribo que alguien escribe que, lejos de entender la escritura como dispositivo de integración del yo, el escritor portugués parece asimilarla como un ejercicio de producción de otredad. Pessoa anuda a la escritura su afán de borrarse. Escribe para ausentarse, muestra la desaparición del sujeto como un hecho intrínseco al acto de escribir.

Dos. Devenir-otro.

Para crear, me he destruido; me he exteriorizado tanto dentro de mí, que dentro de mí no existo sino exteriomente. Soy el escenario vacío por donde pasan varios actores representado varias piezas.

Tres. Un exilio de sí.

Como un exilio de sí, Pessoa entiende la escritura como vaciamiento, como estrategia de borramiento y disolución a través de la cual poner en cuestión el estatuto del yo. Alguien dice que en un poema dice: yo soy nada, soy los alrededores de una ciudad que no existe. Pessoa desaparece siendo otros, muestra los pliegues del sujeto, las líneas de sombra que se depositan bajo la superficie del yo.

Cuatro. Como una geometría del abismo.

Yo, realmente yo, soy el centro que no hay en todo esto sino como una geometría del abismo; soy la nada en torno a la cual gira este movimiento sólo por girar, sin que ese centro exista por otra razón que no sea la de que todo círculo lo tiene. Yo, verdaderamente yo, soy el pozo sin paredes, pero con la viscosidad de las paredes, el centro de todo con la nada en torno. (…) El abismo, en una primera lectura, suena como si fuera el final del camino. Pero cada vez estoy más convencido de que el abismo es el propio camino. Es decir, que no hay camino sin abismo.

Cinco. La escritura del desasosiego.

Hace unos meses Pre-Textos publicó una nueva edición del Libro del desasosiego preparada por Jerónimo Pizarro y traducida por Antonio Sáez Delgado. Reconozco que el Libro del desasosiego es una de esas obras que nunca abandona la mesita de noche, una de esas que parece que el destino nos tiene guardadas. Una obra maestra, un libro abierto y discontinuo, un absoluto work in progress que Pessoa dejó escrito como a la sombra de sí mismo, como para mostrar que a través de la escritura el sujeto se desgarra y multiplica hasta ser muchos. Distinto e idéntico, siempre el mismo y siempre diferente en cada una de sus ediciones, el Libro del desasosiego no es pero al mismo tiempo es dietario y ensayo, poesía y relato. Uno de esos libros que llegan y aparecen en el momento justo para convertirse en una parte de nosotros mismos.

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Détour

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