Cuando el resto es silencio, por Beatriz Miralles

Francisca Pageo | Silencio

Francisca Pageo

Dijo adiós, me retiro de la literatura. Se acabó. Némesis será mi último libro. Supongo que entonces ninguno le creímos. Pero se acabó. Dijo adiós. Se retiró de la literatura. Aquel día de otoño en su apartamento contó a un periodista que no volvería a hacer lo mismo, que no volvería a escribir. A los setenta y nueve años de edad, Philip Roth quería saber si había perdido el tiempo escribiendo. Eso dijo. Esta tarde, mientras rastreo entrevistas en hemerotecas en la Red, leo que días antes, cuando le preguntaron sobre el consejo que daría a un joven escritor que empieza, respondió: “Para, dejar de escribir”. Eso dijo. Eso dijo que diría. Para. Deja de escribir. Eso mismo se dijo tiempo después a sí mismo. En cierta ocasión le preguntaron qué había aprendido tras décadas dedicado a la escritura: sin vacilar respondió entonces que aquello era que no volvería a hacer lo mismo, no volvería a escribir. Posiblemente sería cualquier cosa menos ser escritor.

Hace más de un año, Alice Munro también anunciaba que dejaba de escribir. Declaró, además, sentir un enorme alivio al tomar la decisión. No sé si es posible para un escritor dejar realmente de escribir, ni qué es para un escritor dejar realmente de escribir. Es posible que escriban apuntes, pequeñas notas, en un cuaderno que luego dejen olvidado en cualquier rincón de la casa o terminen tirando a la basura. ¿Es posible? Quién lo sabe. El abandono de la escritura no es nada nuevo en la literatura. Rimbaud es sin duda el caso más conocido, pero no el único. Uno de los más recientes, quizá, sea el caso del húngaro Imre Kertész, que en el año 2012 anunciaba que dejaba de escribir “al dar por zanjado el tema principal de su obra”. Mientras leo esto pienso en Salinger, David Foster Wallace, Juan Rulfo. Todos ellos podrían ser casos de estudio.

Por lo visto para Joseph Conrad escribir era una tortura. Stephen King dice que intentó jubilarse, pero no pudo. Macedonio Fernández consideraba que cada escritor tiene una cantidad limitada de libros dentro de sí mismo. En el año 2012, Philip Roth decidió dejar de escribir de una vez por todas. Hice lo mejor que pude con lo que tuve, dijo. En alguna parte he leído que aquel día pegó un post-it sobre su ordenador en el que antes había escrito “la lucha con la escritura ha terminado”. Dicen que desde entonces lo mira todas las mañanas con un gran alivio.

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Détour

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