Con fecha y hora, solo podía ser así como escribiera. Pasé unos días abducido, con dificultad para ver otras películas y con la sensación de que el cerebro, prendido por la emoción,  se me había vuelto tan líquido que las ideas y sensaciones se entrecruzaban de manera cambiante y caótica. Necesitaba escribir algo, lo necesitaba compulsivamente, pero sabía que en cada momento mis palabras sonarían diferentes, porque la película me había llegado por una vía tan íntima que mis propias vivencias, nimias y cotidianas, siempre iban a continuar modificándola. Era imposible escribir sobre esta película. Pero también era imposible no hacerlo. Así que llegué a una conclusión: Out 1 es una película de la que solo puedo escribir anteponiendo la fecha y la hora. Hace cinco semanas y doce horas que pude ver la película, después de años de anhelo, y solo puedo decir, aparte de que ha superado con creces el difícil muro de las expectativas desaforadas, que en cada uno de estos 35 días la película ha ido mutando, abriéndose, replegándose, revelando destellos en paredes que se veían mate y encontrando recovecos desde los que observar la vida en fascinado silencio. Las 13 horas de duración de la película no son nada comparadas con el tiempo que ella está pasando en mí.

La fascinación por Out 1 llegó desde el primer momento, cuando sus pequeños elementos, las pequeñas historias que iban asomando se moldeaban como el barro en el torno del alfarero, cogiendo forma lentamente pero girando a gran velocidad. E igual que nos quedamos fascinados ante esa vasija cuya figura cambia, se asoma y se esconde bajo el movimiento de los dedos del artesano, en Out 1 las imágenes, girando implacables al ritmo de la vida, modelan una obra cuya complejidad nunca es artificiosa, sino que se va alimentando de pequeños detalles, de combinaciones y permutaciones, de reflejos, misterios y dobles fondos.

Y pienso: una película improvisada, natural, llena de hilos narrativos dispersos, ¿puede ser al mismo tiempo perfectamente matemática, estructurada y conexa?

leer en détour

 

Número ocho
Bande à part

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




 “Yo también quise ser. Fue lo único que quise”
La Náusea, Jean-Paul Sartre

Recuerdo una vez, cuando tenía unos 16 años, haber escuchado en boca de mi profesor de filosofía aquella famosa frase del pensador José Ortega y Gasset, que decía algo así como “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Recuerdo haber levantado la vista de mi cuaderno, con la ceja más bien enarcada -en mí: sinónimo de curiosidad, novedad, pero también de titubeo, desconcierto-, esperando la explicación de aquella cita que, años más tarde, me llevaría por el camino del humanismo y el existencialismo.

leer en détour

 

Número ocho
Pa(i)sajes: La nada, el vacío, la muerte
Ilustraciones: Dirce Hernández

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




Les había hablado ya del animador estonio Pritt Pärn al final del segundo de mis artículos sobre Animación, Política y Propaganda. Allí, reseñaba muy brevemente dos cortos centrales en la obra de este autor, Eine Murul (Almuerzo en la hierba, 1987), crítica despiadada de un totalitarismo soviético en sus últimos estertores pero que aún se las arreglaba para ahogar la vida social de sus ciudadanos; y Hotel E (1992), ataque no menos vitriólico a una Comunidad Europea encerrada en un hedonismo esterilizante, que ocultaba su profunda xenofobia y discriminación. Ambos cortos son, asimismo, obras maestras de la historia de la animación, y bastan para colocar a su director en la categoría de autores esenciales de esa forma. Definición que dicha así no pasa de ser un cliché -lo es-, pero que en el mundo de la animación tiene un significado muy distinto que en el cine real y merece detenerse un instante en su análisis.

leer en détour

 

Número ocho
Nuestro tiempo
Ilustraciones: Francisca Pageo

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




Amy decidió huir y dejarlo todo perfectamente descuidado antes de su huida. Y tras ello tomó otro cuerpo -una estancia secreta sólo para ella- desde la que recobrar el impulso perdido.

Siento que para describir Perdida (David Fincher, 2014) debo quebrar la película desde dentro, por su mitad… ¿no es esa la condición que desde hace tiempo David Fincher impone? La de romper su película para que se relance a sí misma en varios momentos, buscando nuevas líneas de fuga. A partir de ese recurso las historias del cineasta pueden ser vistas como una cadena que recorre, inflexiblemente, el cuerpo puesto en pantalla, hasta oxidarlo o magullarlo.

leer en détour

 

Número ocho
Nuestro tiempo
Ilustraciones: Francisca Pageo

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




Roland Barthes dijo alguna vez que no existe una doctrina para la lectura, que no es necesaria para el goce del texto, para ese placer que encuentra el lector insaciable. ¿A quién no le ha pasado volver a ciertos libros, una y otra vez, como a puertas que se abren para mostrar otros universos y donde siempre hay algo nuevo que encontrar? En mi caso, siempre que vuelvo a ese grandioso libro que es Mímesis de Erich Auerbach no puedo evitar representarme su imagen recortándose en la ventana de la Universidad de Marburgo donde enseñaba, observando desde esa altura el cambio de fisonomía que el nazismo le había impregnado a la ciudad. Lo imagino sintiendo lo mismo que cuando le informaron formalmente que ya no tendría más lugar en esa institución debido al decreto del 21 de diciembre de 1935, donde se determinaba el despido de «académicos, profesores, médicos, físicos, abogados y notarios judíos que todavía eran empleados públicos».

Varios colegas y amigos ya le habían advertido sobre el asunto. Incluso algunos, judíos igual que él, ya habían emigrado a diferentes puntos de Europa y de América.

leer en détour

 

Número ocho
Nuestro tiempo
Collages: Francisca Pageo

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




Daniele Cipri y Franco Maresco

“Las películas de Rossellini simplemente prueban que los italianos son actores natos, y que todo lo que necesitas en Italia para pasar por director es conseguir una cámara y poner algunas personas frente a ella” – Orson Welles [1]

Uno de los proyectos más ansiados por Roberto Rossellini fue Francisco, juglar de Dios (Francesco Giullare de Dio; Roberto Rossellini, 1950), una adaptación de los episodios sobre la congregación del santo que aparecen narrados en Florecillas de San Francisco y Vida de Fray Junípero y que co-escribió con Federico Fellini. La adaptación hace uso de auténticos monjes franciscanos, los mismos que habían participado con el director en Paisà (1946). Rosellini trataba de buscar la naturaleza de las enseñanzas franciscanas en el comportamiento candoroso de los monjes, donde chapotean en la lluvia, se alegran ante el sonido de las campanillas de las ovejas, juegan y ríen como niños. Esta naturalidad no fue bien recibida en el festival de Venecia de su año, con críticas a su “falta de realismo” aunque aquí se cumplieran preceptos del neorrealismo como la ausencia de decorados, la improvisación y, por supuesto, el uso de actores no profesionales. Era la extravagancia de aquellos intérpretes lo que más chocaba, donde la santidad era representada con regocijo y piruetas en lugar de con impavidez, lo que la crítica acabaría calificando de una actitud “poco digna” [2]. El director premió el inocente deseo de sus frailes con un espectáculo de fuegos artificiales y, a cambio, en honor al hijo que Rossellini acababa de tener con la actriz Ingrid Bergman, los extras del rodaje le regalaron un requesón.

leer en détour

 

Número ocho
Pa(i)sajes: La nada, el vacio, la muerte
Imágenes: Juan Jiménez García

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




Francisca Pageo | J. G. Ballard

Con ocasión de la muerte de J. G. Ballard en 2009 las alabanzas y tributos reconociendo, con razón, que se trataba de uno de los escritores más influyentes y clarividentes del siglo XX no se hicieron esperar.

La uniformidad en el respeto y deferencia mostrados por los innumerables artículos resulta todavía más sorprendente si tomamos en cuenta la naturaleza crítica y sin sentimentalismos de su prosa, que disecciona como un escalpelo el comportamiento obsesivo de una sociedad moderna en la que las reglas tecnoculturales apenas son cuestionadas.

Algunos de los obituarios resultan un tanto apresurados o incluso forzados. Entre los que destacaban  la influencia de Ballard en la música popular, la atención se centraba en la mera enumeración de grupos musicales que habían utilizado títulos de sus escritos para proyectos musicales (por ejemplo Empire of the Sun, de los Comsat Angels). Se obviaba cualquier explicación sobre por qué estos nombres habían sido escogidos por los artistas. Y por supuesto, apenas se hallaba mención a otros ámbitos musicales que habian conseguido trasladar su estética a lo sonoro.

El hecho de que el autor mismo hubiera confesado no tener gran conocimiento de música popular, ni siquiera fue aprovechado a la hora de componer estos editorariales y listados interminables como gran ironía ballardiana.

leer en détour

 

Número ocho
Bande à part
Collages: Francisca Pageo

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




Nicolas Winding Refn | The Neon Demon

Que un clásico de los estudios literarios como Recognitions (Terence Cave, 1988) siga sin traducir al español no debería sorprendernos. No deja de ser, en realidad, un minúsculo eslabón en la larga cadena de omisiones y escándalos que conforman la cultura española de hoy. Más importante aún, es un olvido que corresponde con la suerte sufrida por su objeto de estudio, las «escenas de reconocimiento», bautizadas por Aristóteles ya en su tiempo como «anagnórisis».

Si bien han gozado de cierta fama (consciente o no) entre los creadores, que han recurrido a ellas tanto en narrativa como en teatro y cine, las escenas de reconocimiento han sido casi siempre objeto de escarnio por parte de la crítica, que se debate entre reducirlas a mero apéndice de categorías mayores (la mímesis y la catarsis) o convertirlas en una herramienta para desprestigiar una obra y a su creador.

Pero, ¿qué son las escenas de reconocimiento? Según la versión popular, son aquellas escenas que implican el paso de la ignorancia al conocimiento (por ejemplo: se revela la identidad oculta de un personaje, se descubre una intriga hasta entonces invisible) ya sea gracias a un hallazgo o un suceso imprevisible (una carta, una perla, una cicatriz, un empujón) o a la recontextualización de un elemento irrelevante (un lapsus, una gota de sudor, una piscina…) y que aportan un significado que cambia radicalmente el curso de los acontecimientos.

Es posible que lo inesperado (o incluso lo insoportable) del descubrimiento de conexiones obviadas o no percibidas hasta entonces dé a la anagnórisis el aire de ser un recurso torpe y artificial para sortear las dificultades de la trama. Para algunos comentaristas, la escena de reconocimiento es un as que el creador se saca de la manga cuando quiere recuperar el control sobre su obra -el truco vistoso con el que disfrazas tu incapacidad.

leer en détour

 

Número ocho
Nuestro tiempo
Imágenes: Francisca Pageo

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




King Hu

En julio de 2016, Criterion ponía a la venta una edición Blu-ray remasterizada en 4K de A Touch of Zen (Xia nü. King Hu, 1971), una de las películas chinas de artes marciales más renombradas de la historia del cine. A Touch of Zen es el único filme de dicho género programado a concurso –y premiado– en la sección oficial del Festival de Cannes junto a The Assassin (Nie yin niang. Hou Hsiao-Hsien, 2015), y de su enorme influencia se han hecho eco títulos como La casa de las dagas voladoras(House of Flying Daggers/Shi mian mai fu. Zhang Yimou, 2004) y, como señala el autor del texto cuya traducción os brindamos, Tigre y dragón (Crouching Tiger, Hidden Dragon/Wo hu cang long. 2000). Y es que la edición de A Touch of Zen a cargo de Criterion incluía entre sus extras el siguiente ensayo sobre la película escrito por el crítico David Bordwell, quien no necesita presentación, y de cuyo interés por el cine popular asiático han dado cuenta numerosos artículos y el libro Planet Hong Kong: Popular Cinema and the Art of Entertainment (Harvard University Press, 2000). Disfrutadlo.

Diego Salgado

leer en détour

 

Número ocho
Nuestro tiempo
Imágenes: Diego Salgado, Francisca Pageo

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.




Robert Bresson

Veo a dos mujeres maduras dialogando en un colectivo. Una le cuenta a la otra que uno de sus hijos cambió de automotor y otro abrió un negocio. El tono de su voz habla de la gravedad que revisten esos asuntos para ella. R.B. jamás se detendría en ellos, prefiere filmar las marcas que dejan las miradas: «la fuerza eyaculatoria de los ojos», escribió.

* * *

Vueltas a ver en el mismo día lluvioso, con unas pocas horas de diferencia: Pickpocket, Robert Bresson y La baie de anges, Jacques Demy. Encuentro más de un punto de coincidencia entre ellas, sobre todo el de renunciar a explicar la conducta de sus personajes centrales -uno obsesionado por el robo y la otra por el juego- mediante la psicología. Ni el ratero anónimo ni Jackie tienen historia anterior que los justifique. Y ambos son traídos y llevados por el azar.

* * *

leer en détour

Número ocho
Bande à part
Imágenes: Francisca Pageo

[…]

Si no quieres perderte nada, puedes suscribirte a nuestra lista de correo. Es semanal y en ella recordaremos todo lo publicado durante los últimos días.