número dos | nuestro tiempo | imágenes: ferdinand jacquemort

Los materiales | Los Hijos

Cada nueva generación de cineastas aspira a construir una imagen de su tiempo en la que ver reflejados los rasgos y preocupaciones que mantienen en común, emancipándose del discurso y las normas heredadas de sus mayores. El colectivo cinematográfico Los Hijos (formado por Natalia Marín, Luis López Carrasco y Javier Fernández) se ha erigido, a través de algunos festivales y revistas especializadas, en una de las grandes esperanzas del presente y futuro del cine español, gracias a la combinación de curiosidad y descaro que expresan sus propuestas audiovisuales. Sin embargo, más allá de todo ese hype que se genera cada vez que encontramos una obra que escapa de la línea regular y de la homogeneidad acostumbrada, en Détour hemos querido acercarnos al trabajo de Los Hijos en busca de una línea posible para escribir sobre el cine joven (o cómo ve el cine la gente de nuestra generación), o para averiguar hasta qué punto el cine español ha dejado de cortocircuitarse y empieza a progresar adecuadamente. En definitiva, la clase de largo camino que nos hemos propuesto recorrer pacientemente, saltando de un género a otro, en busca de esa imagen, de esa generación, de esos cineastas que demuestren (y que demuestran) que no todo está perdido.

El pasado invierno tuvo lugar una conversación con Los Hijos en la que discutimos su obra, sus influencias, su opinión sobre la producción cinematográfica, la escritura, la no ficción o el estado de salud del cine. A continuación podéis leer su resultado.

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número dos | pa(i)sajes: el sueño de una forma | imágenes: cloe masotta

El cineasta ante el espejo

Tras superar un trasplante y un cáncer, el filósofo francés Jean-Luc Nancy dedicó parte de su obra a relatar un proceso atravesado por una obligatoria reelaboración de sí mismo: “¡Qué extraño yo! No es que me hayan abierto, hendido, para cambiarme el corazón. Es que esta hendidura no puede volver a cerrarse. Estoy abierto cerrado. Hay allí una abertura por la cual pasa un flujo incesante de ajenidad. De este modo yo mismo me convierto en mi intruso”. A través de esa brecha, cosida con ganchos de hilo de acero, se articulaba una exploración teórica del cuerpo, del yo o de la identidad, así como de sus abismos interiores y su obligación de reconocerse. Si hay un cineasta que, desde una perspectiva plástica, se haya acercado una y otra vez al cuerpo, ese es Stephen Dwoskin.

En El cineasta ante el espejo. Luces y sombras del cuerpo en The Sun and the Moon, de Stephen Dwoskin, Cloe Masotta indaga en la trayectoria artística de Dwoskin desmenuzando su exploración plástica de la figuración y desfiguración del cuerpo, su manera de imbricarse dentro del mismo relato (desde el archivo visual y los apuntes biográficos), su opción de retomarlo desde una fábula que tienda puentes con los cuentos clásicos y sus traslaciones cinematográficas (con Jean Cocteau a la cabeza) o desde el reflejo especular que obligue a preguntarnos cuál es el lugar del cuerpo. En definitiva, un intenso recorrido hacia el reconocimiento, desde la primera puesta en escena de un cuerpo fragmentado hasta su renacimiento a través del deseo, del reconocimiento que se cifra en la mirada del otro.

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número dos | pa(i)sajes: la comedia humana | imágenes: vanessa agudo, kansas sire

Why did I laugh tonight?

En una reciente entrevista, James L. Brooks explicaba que el contenido emocional de sus obras hay que buscarlo en una relación íntima entre la película y el espectador: hasta qué punto nos muestra la primera que no estamos solos, que se preocupa por las mismas cosas que nosotros. Y es que, a pesar de que hoy es el poshumor el que dirige con mano firme el timón de la comedia, en Détour queríamos echar un vistazo a la comedia humana y, en especial, a su manera de imbricar las implicaciones sociales con sus diversas estrategias para provocar la risa. Volver, indagar en las formas de la comedia, rastrear las imágenes que arrancan desde las silent movies es nuestra manera de reflejar una serie de valores, discursos y motivos que se repetirán, transformarán o perderán, pero que nos ayudan a revelar el valor de la risa y su conjugación con la sociedad: su forma de expresar que no estamos solos y que, como señalaba Brooks, se preocupan por las mismas cosas que nosotros.

En Why did I laugh tonight? Vanessa Agudo y Kansas Sire proponen un ensayo en imágenes y citas para atravesar las diferentes edades y los múltiples estados de la comedia. Porque, como dicen en Los viajes de Sullivan, «La risa es poca cosa, pero es mejor que nada en este mundo de locos».

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número dos | bande à part | imágenes: francisca pageo

Visage

Nuestra relación con el cine está atravesada por una serie de preguntas sin responder o que, como mínimo, exigen una respuesta elaborada que ilumine claramente algunos aspectos que se mantienen en la oscuridad. Porque, ¿qué sentimos cuando accedemos a la sala?, ¿qué proceso de transferencia tiene lugar entre nosotros, y nuestro interior, y aquello que se proyecta sobre la pantalla?, ¿qué clase de evasión promulga la pantalla de cine?, ¿hasta qué punto conseguimos alcanzar un grado de abstracción, desnudando cualquier aspecto secundario, para penetrar en la experiencia de la película, de mirar y observar aquellas formas que habitan entre las imágenes y las palabras?

En Siótilis da una autoconferencia sobre el asunto de lo visible y lo invisible, Mauricio Álvarez describe esa experiencia íntima entre el cine y nosotros, entre el movimiento, la pausa, lo inaprensible y la evasión, haciendo de la sala un lugar donde perdernos como Robinsones en nuestros pensamientos. Quizá porque de esas experiencias casi intraducibles nace un concepto como la cinefilia, nace un camino que, a medida que avanzamos o retrocedemos, madura ante nuestros ojos. En definitiva, nace una manera de ver y decir, sí, pero también de qué ver y qué decir.

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número dos | pa(i)sajes: revolución de las imágenes | imágenes: vanessa agudo

Europa  toma las plazas

Frente a las rebeliones cívicas que jalonaron el pasado de nuestro país, así como de otros tantos países de Europa, las recientes manifestaciones han apostado por un modelo basado en la eficacia de las redes sociales y la inmediatez de archivos audiovisuales como Youtube para recuperar y reelaborar el espíritu de protesta de las ciudades dormidas. Las calles han materializado el diálogo y se han convertido en punto de encuentro para una comunidad de indignados cuyas reivindicaciones no podían tolerar los límites ni los contornos de Internet para encontrar su efectividad.

En Europa toma las plazas. De las revueltas de cine al 15-M, Faustino Sánchez traza un recorrido que comprende desde Mayo del ’68 y sus presagios en forma de cine, hasta las recientes acampadas que han tenido lugar en la mayoría de ciudades de España. Y mientras nos invita a acompañar ese recorrido preñado de imágenes, nos invita también a reflexionar sobre las causas de ese descontento social crónico y silencioso, sobre la capacidad oracular del cine como barómetro para medir las rebeliones latentes, o sobre la búsqueda de, entre tanto marasmo de videos y material gráfico, una imagen justa de la protesta. En definitiva, un recorrido por las calles que constituyen el punto de encuentro las emociones personales más íntimas y los anhelos y aspiraciones sociales que merecemos conseguir.

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número dos | las penúltimas cosas | imágenes: francisca pageo

Day is gone

En determinadas ocasiones, el cine se transforma en un punto de encuentro, en un lugar trufado de hallazgos, donde lo más insólito se despliega pacientemente ante nuestra mirada. Observar la vida, verla pasar, ser partícipes de ese paso son rasgos comunes de una estirpe de cineastas que lograron cuajar esa aspiración en una poética propia. Por encima de teorizaciones y discursos críticos, reivindicaron el noble arte de capturar el bruto de las emociones, del tiempo escurridizo, de la vida y nada más, que a cada momento pasa ante nuestros ojos sin que sepamos de qué manera prestarle atención.

En Day is Done, Mauricio Álvarez recuerda la honda impresión que le dejó una película de Thomas Imbach, cómo le invitó a volver otra vez sobre el camino de la poesía fílmica promulgado por Andrei Tarkovski, a recuperar el valor de todo aquello que conocemos, porque lo tenemos frente a nosotros, y la grandeza que atesora en su interior. En definitiva, cómo la película expresa la vida interior y la exterior, la vida que pasa, que queda atrapada en las pequeñas cosas, la vida.

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número dos | nuestro tiempo | imágenes: laura menéndez

Sotchi | Jean-Claude Taki

Entre el 6 y el 15 de mayo tuvo lugar la octava edición del Festival Internacional de Documentales Documenta Madrid. Como hemos hecho con otros festivales, en Détour realizamos una cobertura de una programación que, todo sea dicho, este año se presentó atractiva e hipervitaminada. Entre las retrospectivas, secciones paralelas y colaboraciones, Laura Menéndez eligió como punta de lanza del festival y película para entender la presente edición, Sotchi 225, del realizador francés Jean-Claude Taki, un filme rodado con la cámara de un móvil que rastrea las huellas de una desaparición en mitad de la Rusia contemporánea.

En Dormir en la cama de la imagen, la especulación casi detectivesca de lo que pudo suceder a sus protagonistas se da la mano con la pregunta por los límites de su veracidad; las huellas de la desaparición conducen al encuentro de una mujer, de una presencia a la que su director no puede dejar de filmar, como si realizase una fotografía mental, permitiéndole conservarla en su memoria para siempre. Y el tiempo queda suspendido por el amor, mientras retiene esas imágenes impermeables al cambio, y se resigna a que, tarde o temprano, también ese rostro anónimo será en algún momento objeto de una nueva búsqueda.

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número dos | las penúltimas cosas | imágenes: francisca pageo

Paprika | Satoshi Kon

Hasta hace unos pocos años, la obra literaria de Yasutaka Tsutsui sólo nos había llegado gracias al eco de sus varias adaptaciones en formato anime. Y, como todo descubrimiento tardío, la traducción castellana de algunas de sus novelas más destacadas ha confirmado lo que sus películas aseguraban: un inmenso caudal reflexivo a propósito de la sociedad contemporánea, sus vicios y virtudes, combinado con una afilada ironía en torno a esos vicios y esas virtudes. O cómo reelaborar y entremezclar lo mejor del psicoanálisis con un retrato a tumba abierta de nuestra reprimida existencia emocional.

En La máquina de los sueños, Óscar Brox reúne a las dos visiones de Paprika -la obra original de Tsutsui y su adaptación cinematográfica dirigida por Satoshi Kon- para elaborar una reflexión sobre nuestra manera de ser, de relacionarnos, de mirar hacia el pasado, entender el presente, dibujar nuestros conflictos morales y sociales, entendiendo todo ese camino de puntos como un trayecto hacia la imagen de nuestra identidad individual y colectiva.

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número dos | bande à part | imágenes: ferdinand jacquemort

O ritual dos sádicos | José Mojica Marins

Entre aquel lugar que queda entre la extravagancia y la genialidad, José Mojica Marins creó el cine de terror brasileño. Por supuesto, nadie se dio cuenta hasta pasados un montón de años, y los riesgos de estos personajes extremos suelen ser los mismos: morirse de hambre, de asco, perderse en las producciones más insospechadas. Mojica tuvo éxito. No ganó nada con ello, y se encontró con la censura. Y ahí se acabó la trayectoria vital de un tipo demasiado atrevido y no muy respetuoso con su tiempo. Su personaje emblemático, Zé do Caixão, antireligoso, obsesionado con perpetuarse a través de la sangre (no entendamos mal… quería tener un hijo), provocador y violento, siempre a la búsqueda de la mujer perfecta que le dé un sucesor, se convierte en un mito, una imagen, con sus uñas extremadamente largas y su vestimenta un poco fuera del siglo.

Juan Alcudia parte a su búsqueda para desentrañar un misterio: si es un loco o un payaso (en sus palabras), para acabar, a través de un texto fascinante, recorriendo su vida, obra y milagros (en forma de celuloide), y encontrando como tras todo ello, después de todo, estaba el hombre, un hombre maltratado a quien la historia tardó en darle su lugar, en busca de la inmortalidad de las imágenes…

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número dos | pa(i)sajes: las ciudades visibles | imágenes: vanessa agudo

El Sargazo | Ricardo Bofill

Cada vez que ciudades como París, Londres o Nueva York -o, mejor dicho, la imagen que el cine ha hecho de cada una de ellas- aparecen en la gran pantalla, nos preguntamos cuántas tentativas harán falta para agotar a la ciudad en imágenes, hasta que no quede ni un ápice de misterio, encanto o rincón por descubrir. Sin embargo, cuando trasvasamos ese sentimiento a las ciudades del cine español, no resulta tan sencillo establecer una tentativa de agotamiento ni, más allá de determinados símbolos y monumentos, una relación entre urbanismo y cine. En otras palabras, no acabamos de encontrar la tecla para reflejar, sin folclore, el interior y el tejido nervioso de nuestras ciudades.

En Desiertos urbanos: La ciudad en la Escuela de Barcelona, Lucía Miguel se adentra en esa problemática a través de la apuesta personal que los cineastas de la Escuela hicieron para retratar la ciudad de Barcelona. Siguiendo el ejemplo de la Nouvelle Vague, cuyo precepto era filmar aquello que se conoce y rodar en exteriores, los cineastas de la Escuela de Barcelona escogieron la ciudad condal como escenario de sus narraciones pero también como material de experimentación de nuevas ideas sobre el urbanismo, constituyendo así un mapa del estado de salud cultural, social y cinematográfico de la ciudad.

(Los screenshoots de esta entrada son a partir de imágenes de la web de Ricardo Bofill.)

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número dos | nuestro tiempo | imágenes: juan jiménez garcía

Word Trade Center | Oliver Stone

Resulta difícil abstraer lo político de cualquier manifestación personal y/o artística, pues de alguna manera forman parte de un tejido social y cultural cuyo eco expresan por otros medios. El cine americano ha vivido, desde el mainstream y su periferia, una serie de etapas en las que, contaminado o participado del sentimiento de cambio o parálisis, ha dado cuenta de las inquietudes sociopolíticos de sus diferentes gobiernos. En el primer número de Détour desmenuzamos los entresijos del efecto Obama, su vindicación cinematográfica y el balance, tanto artístico como moral, de resultados. En este segundo número, repasamos la torva andadura de la administración Bush y las producciones cinematográficas de esa etapa.

En Beavis and Butthead do Irak, Álvaro Bretal nos sumerge en un pormenorizado análisis de las películas más significativas, política y cinematográficamente, que han calado o se han asimilado al discurso de ese momento. Desde la ambigua radiografía del sujeto en relación a la intervención militar en Irak hasta la recomposición moral, social y humana que desencadena su regreso; desde la ausencia de voz que otorgan al enemigo hasta la manera de perfilar sus interacciones con ese otro, pueblo, voz y comunidad, al que nunca acaban de ubicar y definir, ni tan siquiera conocer y comprender. En suma, un repaso a las razones cinematográficas que hilan el discurso político, y viceversa, a través de las películas que aportaron tridimensionalidad a ese momento histórico.

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número dos | pa(i)sajes: las ciudades visibles | imágenes: vanessa agudo

Detroit

El cine, a través de sus creadores, ha ofrecido múltiples visiones de las ciudades. A cada versión, le hemos correspondido con un recuerdo personal. Y, de hecho, cada cierto tiempo, cuando hacemos memoria de una película determinada, somos conscientes de hasta qué punto hemos prolongado la ficción en la realidad, acomodando sus imágenes a nuestros más vívidos recuerdos. De ahí que, como imaginarios turistas, hayamos hecho de la ficción nuestra guía de viajes alrededor de mundos, espacios o ciudades que, si bien tal vez nunca conozcamos, sí forman parte de nuestro archivo sentimental.

En Detroit nos pertenece, Óscar Brox realiza un análisis de la entidad de esa ciudad imaginada, construida desde los estímulos, a la que seguimos la pista a través de diferentes ficciones, y de la cual tenemos una imagen mental perfectamente definida. Esa ciudad, que existe para cada uno de nosotros, en la que proyectamos anhelos y frustraciones, evaluamos el estado de salud de nuestras metas y de nuestra generación y nos preguntamos, una vez más, por la relación que se establece entre la ficción, sea del género que sea, y la realidad. Porque desde la ficción podemos construir mundos y, tal vez, plantar la semilla de un proyecto a desarrollar en la realidad.

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