Don Hertzfeldt

Tras culminar su trilogía sobre la vida (y la muerte) con It’s such a beautiful day, su autor, Don Hertzfeldt, mantuvo una entrevista con la publicación digital The A.V. Club. Para quien esté familiarizado con la obra de Hertzfeldt, uno de esos prodigios de la animación que consigue intensificar todo el espectro de las sensaciones a partir de una premisa casi espartana, las siguientes declaraciones no pasarán desapercibidas. A propósito del porqué de su animación tan básica, Hertzfeldt señalaba que es “mi manera de dibujar. Creo que es lo más honesto. No estudié animación ni fui a CalArts, así como tampoco tomé demasiadas clases de dibujo al natural. En cambio, fui a una escuela de cine queriendo ser como Stanley Kubrick y rodar películas. De manera accidental caí en la animación y aquello fue tomando cuerpo poco a poco. Pero todos mis héroes son cineastas en imagen real. De hecho, aún me siento esa clase de cineasta, que piensa en imagen real, pero que resulta que dibuja”.

En La trilogía de la vida de Hertzfeldt: contemplando el abismo de nuestra mortalidad, David Flórez lleva a cabo un brillante recorrido por el estilo, los elementos y las constantes, temáticas y formales, de este atípico animador. La clase de cineasta que, parapetado tras su identidad creativa, ha sido capaz de formalizar una de las reflexiones más hermosas sobre el paso del tiempo y la cuestión de la mortalidad. Pero, también, una reflexión sobre el propio devenir de la animación en tiempos donde la estética digital ha colonizado la definición de sus obras. Pura melancolía de la resistencia para una carrera edificada sobre unos cortometrajes que, al final, son más grandes que la vida.

 

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Número cinco
Pa(i)sajes: Melancolía de la resistencia
Ilustraciones: Francisca Pageo




La memoria del muerto

Sitges, 2012. Hay que decir que esta conversación siempre será una conversación incompleta. De hecho, no puede ser otra cosa, simplemente porque es un breve fragmento de un diálogo que se prolongó durante varios días, reducidos a varias horas, ahora  a unos pocos minutos. Es más, simplemente es un fragmento de una conversación que se prolonga durante varios años y continuará quién sabe cuántos más, con nuestros meses de silencios y nuestras respuestas intempestivas. Es una conversación con alguien que presentaba su primera película en nuestro país (salvando aquella presentación barcelonesa privada, un asunto de unos pocos), luego un desconocido, después de todo (como si eso importara algo). Lo importante era hablar de cine desde la oportunidad que nos daba la amistad, el tiempo, el saber que podemos ir y volver, y seguir grabando, retomar temas tan viejos como nosotros o tan nuevos… Eso y la sinceridad. Conocer cómo se hace cine desde las dudas, temores y esperanzas personales.

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Número cuatro
Nuestro tiempo




D'Autor

Por tercer año consecutivo, Barcelona ha acogido una nueva edición de su Festival de Cinema D’Autor. Una edición, esta, que ha vuelto a convertirse en termómetro de aquellas tendencias, cineastas y estilos que durante el año han recorrido los diferentes festivales mientras alumbraban nuevos caminos para el audiovisual. Así, cineastas como Jazmín López y Matías Piñeiro, Xurxo Chirro y Jonás Trueba, JP Rodrigues, Joachim Lafosse, nuevos y viejos conocidos del cine, han presentado una serie de filmes en los que detectar desde la pasión juvenil por filmar hasta el lento asentamiento de un estilo y una identidad propia. Ejemplos, todos ellos, que han reforzado la presencia en el D’A de la cinematografía rumana, y del realizador Christian Mungiu, como homenajeada de la edición.

Como en sus anteriores ediciones, Vanessa Agudo se ha encargado de glosar los detalles de este último D’A, sus constantes, aciertos, líneas de fuga y caminos en falso, a través de una selección de películas que han nutrido la programación del Festival. Un repaso exhaustivo a lo que ha dado de sí el cine de autor cosecha 2012-13, entre la juventud, la actualidad, la mirada al pasado (con y sin ira) y las preguntas sobre un futuro, más que posible, cercano.

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Número cuatro
Nuestro tiempo
Ilustraciones: Vanessa Agudo




Los ilusos

Tras su paso por varios festivales y su exhibición híbrida entre Internet y las salas de proyección, Los ilusos se ha convertido en uno de esos filmes que conviene no dejar pasar. Una película sencilla, construida a partir de gestos íntimos, de momentos que cualquiera puede haber vivido en carne propia e imágenes que desprenden una ternura especial por el cine y sus historias, por la posibilidad de seguir contando historias. Mantuvimos una larga conversación con Jonás Trueba en la que hablamos sobre el proceso creativo que envolvió a su segundo largometraje, la reivindicación de esos pequeños destellos de vida cotidiana que forman su manera de entender el cine, la distribución o las impresiones del público. Una charla repleta de intuiciones, reflexiones y apasionamiento que a continuación os invitamos a leer.

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Número cuatro
Nuestro tiempo
Ilustraciones: Juan Jiménez García




{s8}

Continúan las proyecciones del programa que el {s8} está realizando a propósito de las obras de los cineastas Ben Rivers y Ben Russell. Si en la primera sesión, el tema central eran los mitos, las cosmogonías íntimas que trazaban ambos realizadores en su diálogo, esta segunda, titulada Cierren los ojos y vean, invita al espectador a un viaje por los misterios del paisaje interior del hombre. Como en el anterior artículo, Henrique Lage asistió a la sesión de este ejercicio cinematográfico y, fruto de ello, el siguiente artículo: Tabula rasa. O, lo que es lo mismo, un emocionante viaje a través de unas piezas dedicadas a recuperar las sensaciones que estos momentos interiores nos producen.

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Número cuatro
Nuestro tiempo: {s8} Mostra de Cinema Periférico en A Coruña




{s8}

Hoy ha empezado oficialmente la 4ª edición del {s8} Mostra de Cinema Periférico en A Coruña. Uno de sus platos fuertes lo compone el dúo formado por los cineastas Ben Rivers y Ben Russell, de quienes, con la intención de favorecer el diálogo y el cruce de influencias, se ha preparado un programa titulado Lo desconocido: cine, percepción y estados alterados. Henrique Lage asistió a la primera sesión, llamada Antes de que el mundo fuera palabra, que gira en torno a los mitos de creación. Fruto de esa visita, el artículo que ha escrito a propósito de Rivers y Russell: Cosmogonías íntimas.

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Número cuatro
Nuestro tiempo: {s8} Mostra de Cinema Periférico en A Coruña




La noche de cazador

Pocas veces la historia de las carreras cinematográficas breves ha dado un ejemplo tan notable como el del actor Charles Laughton, quien en complicidad con el guionista James Agee concibió una de esas películas que irrumpen en el cine y nunca lo abandonan: La noche del cazador. Construida alrededor de dos huérfanos de la América profunda que huyen del terror representado por una figura paterna postiza, la película de Laughton es tanto una reflexión sobre el mal como un cuento infantil actualizado al contexto de la América deprimida; una historia sobre el aprendizaje de la madurez en las peores condiciones y un reflejo de las penurias morales causadas por la privación económica, esa que tan dickensianamente supo plasmar la literatura inglesa. Pero, sobre todo, La noche del cazador es un estudio de la condición humana en todos sus detalles, esos que el predicador Powell dibuja en sus nudillos como el bien y el mal, un combate narrado bajo la aterrada mirada infantil de sus protagonistas.

En La noche de todas las pesadillas, Víctor de la Torre elabora un retrato de esa obra maestra y, al mismo tiempo, efímera que marcó la carrera como cineasta de Charles Laughton. Una película donde el relato sobre la infancia se mezcla con el folclore de cierta época estadounidense, donde la impronta seminal que convierte a la niñez en una etapa especialmente propicia para la plasmación de conceptos primordiales se entremezcla con un entorno tétrico, hostil, surgido de nuestra naturaleza más oscura.

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Número cuatro
Pa(i)sajes: Lo efímero
Ilustraciones: Francisca Pageo




Ruido de fondo

Siótilis se ha convertido en esa otra voz que recorre cada nuevo texto escrito por Mauricio Álvarez-Mesa, un personaje que desvela el torrente sensorial agazapado tras los márgenes culturales; la figura de un discurso que potencia, ante todo, una forma de mirar (de leer) de otra manera la realidad, como en las composiciones musicales de Messiaen o en las junglas filmadas por Apichatpong Weerasethakul. Cada texto es una invitación a (re)descubrir el encanto perdido, el sonido extraviado, de una belleza que nunca ha sido efímera ni pasajera, que ha quedado incrustada en la piel del cine, la música o la literatura. La piel (y el oído) del arte.

Con Siótilis y el ruido de fondo, Mauricio Álvarez-Mesa emprende un cuaderno de ruidos, imágenes, destellos y gestos que, poco a poco, irán desarrollándose en nuestras páginas; una primera parada en la que, ante el alcance devastador del ruido de fondo que obstruye las más hermosas manifestaciones, se alza una pequeña compilación de sonidos y registros que describen la historia de ese ruido, lo que fue y lo que queda, la intensidad de una cultura y sus numerosas manifestaciones artísticas.

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Número cuatro
Bande à part
Fotografías: Francisca Pageo, Juan Jiménez García




Conspiradores del placer

La imagen es conocida: dos bustos que podrían pertenecer a un cuadro del pintor Giuseppe Arcinboldo se encuentran en el mismo camino y, en pleno rapto de canibalismo, uno de ellos devora al otro. A través de los detalles, vemos cómo cada utensilio de prensa, ralladura o molde liquida los frutos y verduras que formaban parte del primer busto componiendo, tras el intercambio, uno nuevo. Es la primera escena de Dimensiones del diálogo, cortometraje de 1982 realizado por Jan Svankmajer. Fiel a su estilo, ambiciones y temática, este artista checo ha sabido pasar del corto al largometraje con total soltura, conservando en el salto su potencia estética y su lectura política, su carga surrealista y su mirada desacomplejada, su panoplia de recursos visuales -es, quizá, un animador en el sentido más versátil de la palabra- y su trato tan material con el cine. Un artista que ha elegido la animación y el cine para plasmar sus obsesiones sociales, políticas y sexuales, aplicando la praxis metodológica surrealista hasta sus últimas consecuencias.

En Jan Svankmajer: el último de los surrealistas, David Flórez elabora un exhaustivo recorrido por el corpus creativo del artista checo, en el que tanto sus interpretaciones ideológicas como sus logros estéticos alcanzados ocupan un lugar de peso. Un creador para el que el arte busca ir un paso más allá, huyendo de la comodidad y el conformismo, poniendo en tela de juicio nuestra fe y nuestras convicciones, dando forma a una contrarrevolución estética.

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Número cuatro
Pa(i)sajes: D’Est
Ilustraciones: Sandra Martínez




Melancolía

Últimos minutos del mundo, de un mundo, al borde de la destrucción total a manos de un planeta errante. Dos mujeres, hermanas, y el hijo de una de ellas se resguardan en una pequeña tienda de campaña-escudo construida con unas ramitas. Lars von Trier captura la expresión final de cada uno de los personajes, desde la agonía de la hermana mayor, sepultado en su creencia de que el apocalipsis podía pasar de largo, a la imperturbable serenidad del niño, confiado en la versión del mundo que le ha proporcionado algo en lo que creer frente al final de todo. Versiones, relatos del mundo, desde el que provee la ciencia al que mantiene la razón; relatos que Melancolía pone en cuestión, como vestigios de un presente en situación de derrumbe, donde cada uno de los elementos de nuestra realidad es sometido a una evaluación. Relatos que alumbran el devenir de la Razón, de la Cultura, de la condición humana ante el eclipse de sus ideas.

En La crisis de la experiencia y el final de los relatos en Melancolía: apuntes a la luz azul del fin del mundo, Núria Molines elabora un apasionante recorrido por estas dos visiones del mundo, ejemplificadas en las dos hermanas protagonistas, que colisionan con el astro destructor como observador indiferente. Dos visiones/versiones del mundo condenadas a desaparecer, como aquellos relatos que la Modernidad se encargó de enterrar al mostrar sus fallas internas. Unas heridas profundas que Lars von Trier alumbra con la potente luz de su melancolía. La melancolía de nuestro tiempo.

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Número cuatro
Bande à part
Ilustraciones: Núria Molines




LA QUE DORMÍA

I went to thank her,
But she slept

Emily Dickinson

No recuerdo qué es lo primero que se cerraba al conciliar el sueño, si los ojos o las manos; los puños conteniendo todas las oquedades entre el vacío y la manta. Tampoco recuerdo qué se abría primero, si la luz o la consciencia. Si las sombras y las locuras eran tan buscadas durante el día porque significaban una manera de prolongar para siempre la noche y el sueño. Un pedaleo frenético sobre las moquetas de los hoteles.

Como cuando todo niño pequeño sabe qué es lo mejor para él y aun así desea lo peor. Conoce el tacto del entarimado, del parquet, de la losa y el linóleo; suspira por los quejidos del suelo y sigue las siluetas de sus propios pies en el camino hacia el baño. Qué tren de horrores proyectado en un solo recorrido de ida y vuelta, qué diferencia con el mismo trayecto impregnado de migas de pan de molde durante las meriendas y de manchas azules que ensucian las esquinas de los estuches durante la hora de los deberes y las mañanas de sábado.

Horror e infancia

Ahora dormimos como adultos, familiarizados con una brecha que tiempo atrás poseía las intrigas de una rendija. Y no es tanto la vista —el sentido que anulan el cuarto a oscuras, el pasillo en penumbra, la sala del proyector— como el tacto, el dedo que hurga; y el olfato, una podredumbre futura; y el gusto, el metálico del pan industrial y de la tinta en cristal. Y el oído, que captura ululatos, nombres eslavos, maderas muertas, una serie de sinfonías en un idioma inventado.

No recuerdo qué es lo primero que perdía al asistir a una proyección de lo terrible y hasta entonces sólo intuido, si era la consciencia o la luz. Qué era lo que más rápido se relajaba, si los dedos apretados o los párpados poblados de pestañas secas. Todavía sigo buscándolo, intentando comprenderlo, porque en aquel tiempo lo encontré y lo entendí, y quise conservarlo para siempre.

Un horror, infinito, inspirándome en los breves días para las noches de tormenta.


Today is far from Childhood,
But up and down the hills
I held her hand the tighter,
Which shortened all the miles

Emily Dickinson

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Número cuatro
Pa(i)sajes: Bande à part
Ilustraciones: Juan Jiménez García




Nana

Hablar de cine pequeño no significa hablar de películas menores. En Nana, el primer largometraje de Valérie Massadian, cámara y corazón observan desde sus pequeñas dimensiones el mundo, la vida y la muerte que captura en su inocencia la niña protagonista. Una mirada, entre el realismo y el viejo cuento de hadas, que observa cómo desaparecen las tradiciones, cómo las minúsculas comunidades rurales se van disipando y cómo la crueldad natural -la vida, nada más- opera lentamente en cada una de las acciones que llevamos a cabo. Mantuvimos una larga conversación con Valérie Massadian en la que hablamos sobre el relieve de las tradiciones, la maternidad, la muerte o el trabajo. Un diálogo enriquecedor con una persona muy cercana y accesible. Unas reflexiones que a continuación os invitamos a leer.

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Número cuatro
Pa(i)sajes: Nuestro tiempo
Ilustraciones: Juan Jiménez García