Escatoestética | Vanessa Agudo

«Literatura (con diferencia su campo más fértil) al margen, la escatología como género visual único y definido es de difícil rastreo iconográfico más allá de las representaciones que las diferentes civilizaciones han realizado del sexo, de la glorificación de la guerra y de los sacrificios religiosos. Iconografías escatológicas que se movían entre la alfabetización, la propaganda, el miedo y el castigo. Frescos, muebles y cresterías, capiteles y portadas, gárgolas, algún altar, columnas y pilastras, ajuares y otras artes aplicadas. Burdeles, iglesias, palacios paganos, templos y hogares. La escatología nunca buscó el escándalo, si acaso lo hizo como elemento didáctico o disuasorio. Su representación o su prohibición era potestad de las hipocresías dominantes o de grietas populares como el carnaval. La escatología por extraño que parezca, siempre se prestó más a la iconodulia que a la iconoclasia.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la escatología fue perdiendo cualquier valor social o pedagógico para terminar en un lazareto íntimo y culpable. La sociedad, el poder y las religiones principales abjuraron de ella. Vigilaron las nuevas creaciones y si era menester siempre había un heredero de Daniele Volterra para adecentar las antiguas. Así hasta la firma de su acta de defunción fechado en 1961. Año en el que Piero Manzoni entrega al mundo sus noventa latas de Mierda de artista. 30 gramos de mierda por ítem a precio de oro. Literal.»

Roberto Amaba

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